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God will have to listen -Privado-

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God will have to listen -Privado-

Mensaje por Z. Bertram Crohënberg el Mar Mar 05, 2013 12:50 pm


God will have to listen
Iglesia - Sábado noche - Meredith



«Ven a la iglesia, te necesito.»


Fue todo cuanto lo que le dijo a Meredith por teléfono. Él ya estaba allí, pues por alguna razón necesitaba que Él lo escuchara. Que tuviera presente su rabia infinita, su dolor latente en el pecho. No rezaba, ni si quiera se arrodillaba como le habían enseñado para hablar con Dios, sólo maldecía una y mil veces su estampa. Le echaba la culpa al mismo de abandonarlo, de llevarlo por senderos oscuros y nada claros. Por hacer que sus decisiones fueran las equivocadas. No había hecho nada bien, se decía, nada que mereciera la pena recordar en su nombre. Un mal cristiano, un mal hijo, un mal hermano... Todo hubiera sido sencillo si hubiese sido fuerte, si su razocionio fuese más fuerte que sus sentimientos. Esos que lo llevaban una y otra vez al desastre de su existencia.
Nadie había en aquel lugar a parte de él y el Creador, nadie que pudiese atormentar la soledad que degustaba. Una soledad hiriente, tan dura como sus mismísimas facciones. No lloraba, no hacía absolutamente nada a parte de gritar y esperar con impaciencia que la castaña traspasara la puerta.

Su desesperación podía olerse y sentirse en el ambiente, la tensión en sus músculos casi cortarse con tijeras. No estaba bien, para nada. Sólo quería contar con alguien que pudiera mirarlo al hablar, que contestara cuando llegaran las preguntas, que no juzgara sus acciones y lo condenara al fuego eterno por las mismas. Una amiga, una compañía humana. El lugar a penas estaba deblmente iluminado por la luz lunar que entraba por las cristaleras. Lúgubre, poco acogedora, así se visualizaba la casa del Señor cuando caía la noche. Sus pasos resonaban fuertes sobre las paredes de la, quizás, centenaria construcción. Pasos que martilleaban su mente y lo ponían aún más impaciente. Decidió sentarse en uno de aquellos bancos de madera barnizada que se disponían en línea recta a través de la iglesia. Bancos que, por las mañanas, solían estar llenos de fieles con ansias de ser perdonados.
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Re: God will have to listen -Privado-

Mensaje por Invitado el Mar Mar 05, 2013 2:52 pm


GOD WILL HAVE TO LISTEN
Iglesia · Sábado noche · Zack



Meredith permaneció de pie, con el auricular del teléfono pegado a la oreja un tiempo después de que la línea se hubiese cortado, dejándola con mal sabor de boca. Ven a la Iglesia, le había dicho el rubio. La necesitaba o al menos eso había dicho. Con la respiración contenida y con los ojos cerrados, buscando en el teléfono el aroma de la loción para después del afeitado de aquel hombre que, un par de horas antes, se había marchado al contestar una llamada. La castaña creyó que todo aquello era un error. Una llamada corta. Ven a la Iglesia, se había recordado a sí misma en silencio aún estando sola, colgando el auricular después de un rato. Salir de casa para cruzar las puertas de la casa del señor. Uno de los muchos sitios donde Meredith se había vuelto una persona non-grata; allí no era bien recibida, y era algo que se había visto obligada a aprender en los últimos meses. Sus padres, la gente. Las miradas y los cuchicheos de todo el mundo la habían hecho sentir incómoda, fuera de lugar. Hacía ya varios meses que los Domingos por la mañana no madrugaba y se arreglaba para acompañar a sus padres a misa, sino que permanecía en la cama, enredada entre las sábanas y en pijama.

Con la bufanda de lana bien anudada alrededor del cuello y el pelo suelto, la melena castaña de Meredith no tardó en salir de aquellas cuatro paredes donde vivía. Con el llavero con las llaves de su casa enredado entre los dedos de su mano derecha, los pies de la criticada profesora recorrieron un camino que se sabía de memoria, parándose frente a unas puertas que, quizás, no estaba preparada para cruzar. Meredith respiró hondo, tragando saliva antes de volver a ponerse en movimiento, dejando que sus pies la llevaran hasta el interior de la iglesia. En la oscuridad, Edith se santiguó antes de recorrer los bancos en busca de la figura masculina que la había citado. ― ¿Zack? ― Su voz sonaba débil allí dentro. ― No te ofendas, pero la próxima vez prefiero quedar en mi casa. ― Murmuró a las velas, al olor a barniz de los bancos, al del incienso. Con las manos frías, Meredith se desabotonó el abrigo a medida que avanzaba hasta el banco que él había ocupado, sentándose justamente a su lado y clavando sus ojos en él y no en el altísimo.Hace menos frío.Y me siento mejor que aquí, añadió para sí.
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Última edición por Meredith A. Frei el Miér Mar 06, 2013 8:54 am, editado 1 vez
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Re: God will have to listen -Privado-

Mensaje por Z. Bertram Crohënberg el Miér Mar 06, 2013 1:58 am


God will have to listen
Iglesia - Sábado noche - Meredith



Escuchó abrirse la puerta y la voz de la mujer que había adoptado el papel de oyente en su vida. Hasta que ella no lo mencionó, no reparó en el frío que hacia en la apagada iglesia, lo sintió en cada uno de los centímetros de su piel como si avanzara poco a poco. Giró la cabeza dejando de mirar al cielo, dejando de predicar esas feas palaras que lo condenaban. Con su presencia ya sentía algo más aliviado.—Él tenía que escucharme.—fue toda la excusa que le puso a la muchacha para que se encontrar en el lugar. Una excusa verdadera después de tantas mentiras. Suspiró agotado, uniendo su vendanda mano con la otra y apoyando ambos codos en a rodilla. Así, inclinado, se rendía a sus pensamientos una vez más.—Le he pegado.— pensaba en aquella bofetada, en aquel empujón y en el rostro herido de su hermana por sus palabras. Se atrevió a mirar a Meredith con el rostro encogido por todo lo que le provocaba la situación.

Chasqueó la lengua, comprendiendo a tiempo que era sólo era un monstruo más. El reflejo de ese progenitor que tanto odiaba. Su espíritu de lucha se había marchado con su hermana hacía seis años y lo que antaño fue se perdía entre sus necias palabras. La noche anterior había pasado su límite, pues jamás le había puesto una mano encima a Ruth que no fuera para acariciarla o ayudarla.—¿Qué me ha pasado?.— se puso recto, adoptando una postura diferente y agarrando el asiento del banco con tanta fuerza, que el mismo pareció crujir en el silencio sepulcral. No se entendía y por primera vez pretendía intentarlo. Era eso lo que hacía Meredith, eso era lo que provocaba la mujer en la que se había convertido aquella dulce niña de mejillas sonrosadas. Lo hacía más humano, más cercano a los demás. O al menos más cercano a su especial manera.
Se quedó callado sin mentar una palabra más, sólo necesitaba que ella lo mirara y estuviera ahí.
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Re: God will have to listen -Privado-

Mensaje por Invitado el Miér Mar 06, 2013 3:17 pm


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Iglesia · Sábado noche · Zack



Con las manos escondidas y a salvo del frío dentro de los bolsillos de su abrigo. Aún no siendo aquel su lugar, la sensación de incomodidad que la había invadido aquella última mañana que cruzó las puertas de madera de la Iglesia, no la perseguía a esas horas; no la perseguía cuando la luna brillaba en lo alto de noche. Aquello la relajaba. Entrar cuando los bancos no estaban llenos de gente, cuando los ojos de los más creyentes de Harlem no querían hacerla pagar de algún modo con sus miradas llenas de reproche. Meredith suspiró algo más tranquila, soltando toda la tensión que la había hecho contener su respiración, siguiendo con los ojos la línea oscura de la mandíbula del rubio sentado a su lado. Él tenía que escucharle. Él. El todopoderoso. Ese ente omnipresente en el que todos allí creían. Ese que, desde el cielo, decía guiarlos. Ese al que rezaban y en el que muchos buscaban respuesta a todas sus preguntas. Y, aunque por un momento la castaña estuvo tentada de buscarlo al otro lado del altar, no lo hizo. Él no iba a escucharla, y ella tenía otra cosa que hacer, que escucharlo a él.

Pero aquello no lo vio venir. Con el ceño ligeramente fruncido después de atrapar la bomba activada entre las manos, Meredith guardó silencio, dándole a él una tregua, un respiro mientras ella buscaba la forma de apagarla. No necesitaba preguntarle a quién le había levantado la mano, pues el rostro de aquella muchacha de ojos claros y cabellera larga no tardó en materializarse dentro de su cabeza. A Ruth, le apuntó su subconsciente, confirmando lo que ella ya sabía. ― ¿Qué fue lo que pasó? ― Preguntó para poder buscar respuestas que darle. ¿Qué le había pasado? Meredith se encogió ligeramente de hombros, dejando caer el llavero dentro de uno de los bolsillos de su abrigo para enterrar los dedos en la cabellera rubia de Zack. ― ¿Discutieron? ― Y aunque aquello no iba mucho con ella, la castaña hubiese preferido estar más pendiente a los cuchicheos que infectaban el pueblo. Quizás así tuviese tiempo para preparar respuestas para preguntas como aquella. ¿Qué te pasó? No lo sé.
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Mensaje por Z. Bertram Crohënberg el Jue Mar 07, 2013 4:23 am


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Con una sonrisa amarga respondió a la pregunta de Meredith. Discutir se quedaba corto para lo que él y su hermana habían hecho la noche anterior. Lastimarse el uno al otro entre horribles palabras tampoco definía exactamente los acontecimientos. Suspiró encogiéndose vagamente de hombros, se había quedado sin palabras.—Podría decirse así.— porque entre ambos creaban una batalla campal en la que nadie, absolutamente nadie, podría salir victorioso y sin graves heridas. Se quedó callado durante unos instantes, sintiendo las suaves caricias de su amiga en la cabellera.—Me saca de quicio todo ésto.— muchas veces había deseado Zack salir de aquel pueblo dejado de la mano de Dios y vivir su vida, sin embargo nunca había tenido el valor suficiente como para llevar a cabo esos pensamientos de libertad.—Ayer todo se fue de las manos, yo no estaba... no estaba en mi mejor momento y ella tuvo que estar ahí.— había llegado ebrio a casa, con una cogorza que sólo Dios sabe lo mal que le sentó esa noche señalada.

Le echaba la culpa a Ruth sin comprender, realmente, que él también había tenido grado de la misma. Escurrir el bulto para sentirse mejor falsamente era todo lo que buscaba.—Me alteré, lo hice porque no me podía creer lo que estaba escuchando.— Zack estaba más tranquilo, había dejado de agarrar el banco como si quisiera "matarlo" para pasarlo a la pierna de la castaña, donde movía el dedo índice describiendo círculos aleatorios por la misma. Incluso su voz había alcanzo el grado normal de las personas.—Tengo una familia de locos.— negó con la cabeza, volviendo a agachar la misma en señal de sumisión. Una sumisión que nunca enseñaba a nadie más que a la mujer que allí lo acompañaba.
Pensó en su padre, en lo alterado que se había puesto al enterarse irremediablemente de los mismos acontecimientos que le contaba a la muchacha. Se lo había dicho por fastidiar a Ruth, por simplemente empezar con la promesa que le había hecho de que pagaría por toda la desgracia que le había ocasionado. A sabiendas que nada de lo que hiciera taparía ese enorme agujero que tenía en el pecho.
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Re: God will have to listen -Privado-

Mensaje por Invitado el Vie Mar 08, 2013 10:16 am


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Aunque ella no había estado allí, casi podía imaginarse la escena. Gritos, reproches y alguna bofetada que, al parecer, él le había propinado a ella. Por suerte no había tenido que presenciar nada. Por suerte no había tenido que escucharles desde el tabique de la habitación contigua. ― Necesitas un respiro. ― Un respiro que aquel lugar no pensaba cederle ni regalarle, uno que él tendría que buscar fuera. Uno que tendría que buscar por su cuenta, pues no, ni siquiera los ruegos silenciosos en aquel lugar sagrado, le servirían. Ni siquiera alejándose un par de calles de aquella casa donde convivía con su hermana Ruth. Alejarse del epicentro de todos los desastres y ponerse a salvo. Esconderse debajo de la mesa para que el techo no se le cayera encima. ― Necesitas salir de aquí, Zack. ― Musitó, tragándose la parte de la frase donde Meredith le rogaría que la llevara con él, que la sacara de aquel pueblo aunque luego la dejase tirada.

Alejarse de esa familia de locos a la que él hacía mención aunque aquello supusiera para Meredith tener que perder de vista los ojos azules y la cabellera rubia del muchacho de Crohënberg. Alejarse de esa familia de locos y de todas esas que cosas que al rubio le alteraban hasta tal punto de haber hecho lo que hizo; alejarse de todo eso que no estaba preparado para escuchar y de todo eso que no quería escuchar. ― Me encantaría poder ayudarte. ― Susurró, siguiendo el recorrido de sus dedos, encogiéndose de hombros. ― No tengas en cuenta que, al parecer, no soy buena compañía, y aunque seguramente no es la mejor de las opciones, siempre te puedes venir a mi casa. ― Al menos hasta que las aguas que amenazaban con ahogarlo, se calmaran y no hubiese peligro de inundación. O nos podemos ir.
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Re: God will have to listen -Privado-

Mensaje por Z. Bertram Crohënberg el Vie Mar 08, 2013 11:21 am


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En silencio sopesó las posibilidades reales que tenía de hacer lo que Meredith le propusó. En un principio la idea le había parecido absurda, incluso frunció el ceño a la castaña en señal de lo mismo. Segundos después todas esas creencias se fueron a pique y empezó a pensar que no era tan mala idea. Bertram no había vivido jamás a la sombra de otro sitio que no fuera su casa, con sus padres. No se había permitido volar hacia otros lados porque, con anterioridad, creía que sería una locura. Sólo se había permitido soñar que rompía las cuerdas que lo ataban a los tobillos de sus progenitores, que alguna vez sería libre para hacer y pensar lo que quisiera. Pero el tiempo había conseguido borrar todo rastro de añoranza en su vida. Suspiró mientras las ideas comenzaban a atormentar su mente como nunca, como si mudarse a otro sitio de aquel pueblo solucionara todos sus problemas.—No me preocupa lo que diga la gente.— crear escándalos, al parecer, era cosa que le venía de familia. Uno más no sería ningún problema.

Giró la cabeza, de nuevo, para poder encontrarse con los ojos de la castaña fijos en él. Carraspeó la garganta, como si las palabras se atragantaran y no quisieran salir.—Nunca me había planteado esa posibilidad...— Zack desvió sus pensamientos hacia su padre. ¿Qué pensaría el hombre que poseía cada palmo de su vida entre sus manos?, ¿qué sería capaz de hacer con tal de conseguir que su hijo se quedara aferrado a su actual vida?. Los golpes en la espalda, las marcas de ese cambio radical del rubio, acudieron como una enorme ola hasta él. Con sólo ese pensamiento un escalofrío recorrió su cuerpo. Zack no entendía que ya no era aquel niño que lloraba por las esquinas, ni ese adolescente dependiente de sus padres. Era un hombre y lo era con todas esas consecuencias. Podía permitirse pensar solo y hacer lo que le pidiera su propia existencia.—¿Qué pensarán tus padres?.— esa era la pequeña tregua que se daba a sí mismo. ¿Qué pasaría si al final se decidía a escapar e irse bajo el resguardo de Meredith?. Para ella tampoco serían fáciles las cosas.
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Re: God will have to listen -Privado-

Mensaje por Invitado el Vie Mar 08, 2013 4:16 pm


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Las habladurías. El famoso qué dirán. Algo que allí, entre aquellas casas con jardines bien cuidados, lo significaba absolutamente todo para muchos, pero que tan solo a unos pocos no conseguía quitarle el sueño al caer la noche con su gran manto estrellado. No levantar polvo, no hacerse oír, no hablar por encima de nadie, no destacar por encima de ningún vecino. Ser, sin más, uno más del rebaño. Todos de blanco y ninguno de negro. Ir a misa con toda la familia cada Domingo sin falta, vestir de forma adecuada y, sobre todo, no meterse en la cama de nadie que quedaría mal visto. Algo que ninguno de los dos había sabido hacer. Meredith hizo el esfuerzo de sonreír en la oscuridad, atrapando la mano del rubio para apretarla con suavidad. ― Te vendrá bien despejarte un poco. ― Alejarse de su entorno, de su casa, de su techo y dejar que todo empezara a amueblarse dentro de su cabeza. Que se respirara tranquilidad para que todo volviera a su sitio y la calma volviese a entrar por la puerta de los Crohënberg. ― Aunque te advierto que la cocina no es que sea precisamente lo mío, así que ahí saldrás perdiendo. ― Quiso bromear con él.

¿Qué era lo peor que podría pasarles si, realmente, él llegaba a plantearse aquella posibilidad? ¿Qué era lo peor que podría sucederles? ¿Que siguieran hablando? ¿Que tuvieran algo nuevo de lo que hablar y despotricar hasta que el sueño los venciera al final del día? Meredith volvió a encoger ligeramente los hombros, contestándose a sí misma y a él también. ― Mis padres y yo no nos hablamos. ― ¿Qué pensarían sus padres? La castaña suspiró en cuanto se hubo respondido a sí misma en silencio. Aunque pusieran el grito en el cielo, la relación entre ellos no iba a cambiar. Ni siquiera podría ir a peor. No volverían a dirigirle la palabra para recordarle el daño que la castaña, supuestamente, les había causado. ― Así que si te decides, no te preocupes por lo que puedan llegar a pensar.Ya piensan lo peor de mí, añadió en silencio.
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Re: God will have to listen -Privado-

Mensaje por Z. Bertram Crohënberg el Sáb Mar 09, 2013 5:48 am


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Pensar en la posibilidad que le brindaba la castaña hacia que todo su mundo se tambalease en un segundo. Sin quitarle la razón, debía pensar por primera vez qué era lo mejor para él. Olvidarse de los demás y dejarse llevar por ella, por la vida que siempre le había faltado. Sin embargo, cuando se ilusionaba, retrocedía en pasos recordando que ya una vez hizo algo parecido y que las cicatrices en su espalda no eran más que el aviso de que no se volviera a repetir. ¿Merecía la pena desafiar a Dios una vez más? y, lo más importante, ¿estaría dispuesto a abandonar de nuevo a su hermana?. La última pregunta acarreaba consigo respuestas inconclusas llevadas al malestar que Ruth sentiría. Cuando reviviera cómo Zack se quedaba mirando mientras sus padres hacían con ella cuanto quisieran. Tentador.
Lanzó una risa ante la broma de Meredith, que se anunciaba como una horrible cocinera.—Ya somos dos.— atrapó una mano de Meredith entre la suya, dando un leve apretón a la misma para luego volver a soltarla. Zack no tenía experiencia con nada de lo que a la casa se refería: limpiar, hacer de comer, planchar... Trabajo de mujeres, solía decir su padre, el mismo que generalmente veía cómo su mujer fregaba el suelo sentado desde el sofá.

Meredith tenía una tormentosa relación con sus padres por los acontecimientos de su vida, por esos rumores y habladurías que recorrían el pueblo de punta a cabo, él ni si quiera se había acordado de esos problemas. De manera egoísta solía centrar el universo en su persona, como si girara alrededor de él.—De acuerdo.— asintió de manera enérgica. La muchacha no era tan fuerte como parecía, se pasaba la vida encerrada en su casa huyendo de los demás y de su propia responsabilidad. Algo que a Bertram le sonaba muy familiar.—Me lo voy a pensar seriamente.— tenía ciertas cosas que amueblar en su cabeza antes de decidirse o no a dar ese gran paso para él.—Te llamaré.— y lo haría con cualquier respuesta... Y si no tenía ninguna también lo haría.—Gracias...— pocas veces había tenido que dar las gracias en toda su vida. Esa fuera quizás una de las más importantes hasta el momento y, también, una de las pocas en la que no le había costado decirlo.

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