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When you hold me, I’m dead - Privado -

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When you hold me, I’m dead - Privado -

Mensaje por R. Héddavē Crohënberg el Miér Mar 06, 2013 1:30 pm


When you hold me, I’m dead
Cabaña – Lunes Nublado - Tarde – Z.




Aún se podía notar levemente el rastro del moretón en su rostro. Habían pasado unos días y con algo de maquillaje y unas gafas de sol todo parecía pasar desapercibido para sus padres, para la comunidad en general. Incluso tuvo que huir de Nadja y de Bambi para que no se preocuparan y notaran debajo de tantas capas de maquillaje ese moretón que deformaba el bello rostro de Hédavē. Con un poco de compresas y carne fresca pudo bajar la hinchazón, algo de pomada del hospital también había ayudado y sus vagos conocimientos de maquillaje lograron que al menos, no se viese tan mal como estaba. La mañana siguiente de la discusión todo daba vueltas y a penas pudo lograr llegar al baño para botar hasta su propio apellido. La jaqueca no ayudaba en lo absoluto y se dio el lujo de faltar al trabajo pese a todos los reclamos de su madre y los insultos de su padre. Agradeció que ese fin de semana no viera ni un solo cabello rubio a parte del suyo. ¿Qué había hecho esa noche? ¿Provocarlo? ¿Fue acaso su culpa?. Lo fue. Si tan sólo se hubiera callado, si solamente lo hubiese ignorado como otras veces, si tan solo... si tan solo...

Era lunes y ya habían sido dos días desde su día libre. Inevitablemente tendría que ir a trabajar, pero en medio de su preparación para salir, ella tan sólo optó por guardar en su maleta un cambio de ropa cómoda y algunas frutas que había tomado de la cocina. Su uniforme blanco seguía intacto moldeando su cuerpo para cuando salió de casa y anunció vagamente que no llegaría a casa por trabajo. Parecía que desde la pelea con el primogénito de esa familia, menos querían saber de ella y era seguro que no se escandalizarían por una noche que no llegara a dormir; al contrario, sería como un respiro para la destruida familia. En su camino al hospital, Ruth decidió desviarse, como una caperuza curiosa y cautelosa. Caminó un largo tramo del bosque, casi a un kilómetro de la carretera, y se adentró más hasta que pudo divisar entre tanto matorral lo que había venido buscando. La cabaña. Sonrió, sintiendo un leve malestar en su rostro al hacerlo, pero lo ignoró, como todo lo demás. Casi nadie iba a ese lugar, o al menos, eso es lo que ella había creído incrédulamente. Sería el lugar perfecto para pasar un día lejos de todo, perdida en un cuento del cual ella solo era dueña, o al menos eso era lo que ella deseaba. Pero últimamente nada de sus deseos se cumplían.

Se instaló en los viejos muebles y entró a la habitación pequeña en que encontraba un pequeño catre con un colchón viejo que Héd cubrió con una manta robada de casa. Dejó su única muda de ropa y bajó con la bolsa hacia la pequeña cocineta que había allí. No podía pedir lujos en una cabaña de guardabosque, y menos si estaba abandonada. Pero para Héd, era una palacio. Sonrió cuando logró acomodar la fruta en un recipiente y lo puso en la mesilla. La cabaña olía a humedad pero no le importaba. La madera parecía no haberse podrido y no corría riesgo con caerse o astillarse. Se quitó las medias de trabajo y los zapatos aprovechando para desabotonar unos botones del uniforme y tirar el cinturón. Miró su entorno por un momento y dejó salir un grito extasiado. Tenía ese espacio solo para ella sola, nadie más. Sin previo aviso, su felicidad la desbordó moviendo su cuerpo al son de una música que tarareaban con voz angelical, parecía extasiada en su baile solitario, parecía que nada la perturbaba, parecía que todo iría genial porque solo eran ella y nadie más.

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R. Héddavē Crohënberg


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Re: When you hold me, I’m dead - Privado -

Mensaje por Z. Bertram Crohënberg el Miér Mar 06, 2013 3:46 pm


When you hold me, I'm dead
Cabaña – Lunes nublado – Héddavē




Lejos se había quedado el perdón que necesitaba para su consciencia el desdichado de Zack y aún más el remordimiento por sus actos. Como borrados, más bien transparentes. Ya nada importaba y todo se acumulaba una vez más en el olvido. Ella había desaparecido de sus pensamientos durante el anterior día, podría decirse que había pasado más tiempo en la iglesia entre rezos que en su propia casa. Por ello estaba agradecido. El lunes se había presentado tranquilo en el trabajo y en su mente, relajado, sin necesidad de hablar con nadie de nada. Sin soportar a sus padres, que era la más pesada de las cargas diarias. Misas y poco más era todo lo que había presentado en el inicio de la semana. Suspiró mientras sus pies lo llevaban en un rumbo no marcado a través del camino, un camino sin ostáculos que le permitía no estar demasiado pendiente de dónde ponía sus extremidades inferiores. Hacía frío, lo notaba en el baho que salía de su boca al respirar y en la blanquez exagerada de sus manos desnudas. Pateaba pequeñas piedras a su paso, jugando sin desearlo a enviarlas más lejos cada vez, cuando divisó esa pequeña cabaña abandonada.

Pocas veces había acudido a aquella desvencijada construcción en madera. Se veía húmeda y oscura, a parte de sucia. Su aspecto exeterior no invitaba demasiado a resguardarse en su interior y se preguntó, interiormente, si alguna vez alguien había habitado sus cuatro paredes. Si alguien había escrito una historia allí dentro, si realmente había algo más a parte de esa fachada de penumbra que era capaz de vislumbrar. Allí parado sopesaba la posibilidad de entrar por placer, por saciar esa curiosidad que alteraba su inconsciente, Sin embargo un individuo se dirigía ya hacia el lugar, un hombre de desaliñadas pintas. Tosía fuerte, dejando que aquel estruendo se hiciera dueño de todos los sentidos del rubio. Lo veía tambalearse, moverse de un lado a otro sin a penas sujetarse y a él acudieron los recuerdos ingratos de la última noche junto a su hermana. Sacudió la cabeza, olvidándose de entrar en el espantoso lugar junto a un borracho desgraciado. A punto de dar la vuelta, a punto de olvidarse de sus ideas para siempre, estuvo el diácono hasta que vio la cabellera rubia de Ruth moverse con gracia por la ventana de la cabaña. Entrecerró los ojos, fijándose más en ella y en cómo el borracho pasaa a su interior.—¿Qué coño...?.— y corrió, lo hizo como si la vida le fuera en ello.

No lo pensó ni si quiera un segundo, abrió la puerta de par en par de la casa y se adentró en ella.—¡Eh!, ni se te ocurra tocarla.— no podía estar más furioso con él e incluso con ella. El individo ajeno lo miró sin fijar sus ojos en Zack, lanzando una mirada de superioridad que no tenía. No hizo falta mucho de parte del rubio para sacar a patadas de allí a ese inmundo ser, que se arrastraba por el suelo mientras el hermano de Ruth le dedicaba golpes a su cuerpo.
Zack se sacudió la ropa antes de girarse a mirar a la chica.—¿Qué...?.— iba a ser borde, iba a serlo, pero miró hacia otra parte y resopló antes de hablar.—¿Qué haces aquí sola?.— y no la volvió a mirar. Había cuidado de ella por vez primera en muchísimo tiempo, o quizás por primera vez en toda su vida. Y esa preocupación... él no pensaba que se la mereciera.

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Re: When you hold me, I’m dead - Privado -

Mensaje por R. Héddavē Crohënberg el Miér Mar 06, 2013 9:15 pm


When you hold me, I’m dead
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Estaba demasiado absorta moviendo cada tramo de su cuerpo. Su cabello bailaba en unos bucles desordenados y el sudor recorría lentamente su rostro y partes ocultas de su cuerpo. Su voz hacía eco en la vieja cabaña por lo que no prestó atención al ruido de la entrada, hasta que la puerta se abrió. Ella se detuvo tambaleante con la mirada asustada. Se quedó estática mientras el olor que llevaba el viento le restregaba en la cara el hedor a alcohol. Héd miró al hombre y se horrorizó. Él caminaba a grandes pasos, la miraba de pies a cabeza y la vergüenza provocó que ella abrazara su pecho y quisiese envolverse debajo de una sábana. Conocía esa mirada lasciva que la desnudaba de la forma más cruel y denigrante. ¿Como no conocerla si su padre la tenía casi siempre?. Ella quiso gritar, ¿pero quién le oiría?. Tal vez si corría... ¿Pero cómo si sus piernas no le respondían?. El gigante caminó en su danza ebria casi a estar cerca de la rubia quien con esfuerzo fue retrocediendo lentamente, sin poder quitarle la mirada de encima.
- Por favor... - Gimoteó en voz baja, casi inaudible y enmudecida por el ruido de la puerta azotarse y al figura de un hombre autoritario y ruin. Su hermano. Ruth no sabía que ocurría, ella simplemente vio como el rubio se cargaba al tipo y lo echaba con furia lejos de la cabaña. Las gotas de lluvia empezaban a caer de a poco y el hombre adolorido siguió su rumbo lanzando maldiciones y cayendo en el fango. Con algo de suerte no recordaría nada a la mañana siguiente y ella estaría salvo, y su hermano también. Estaba segura que más rumores que lo involucraran harían de él un hombre más colérico y altanero de lo que era, y toda su furia se vertiría en ella. Héd jadeaba con dificultad producto del pánico tanto por ese hombre como por la presencia de su hermano. ¿Le golpearía? ¿Le gritaría?. Ruth no estaba preparada, involuntariamente llevó su mano a su rostro intentando inútilmente protegerlo. Lo siguiente que supo era que su rostro parecía descolocado por la sobriedad de Zack, la primera vez que habían hablado desde que había llegado había sido con él en ninguno de sus cinco sentidos, ahora estaba sobrio, y aún le daba más terror ya que ella no aguantaría más insultos de él estando cuerdo. Porque no tendría como justificarle.

- ¿Eso importa? - Musitó, desviando la mirada, él no se portó grosero y aún así ella tuvo la osadía de contestarle de esa manera - ... No soportaba estar en casa así que tenía planeado fugarme pero, falló mi plan - Dijo detenidamente para entonces caminar hacia la mesilla donde tenía la fruta. Sus manos temblaban y la presencia de Zack le helaba los huesos. El sonido de las gotas se hizo más fuerte llegando a hacer un coro cuando impactaban contra el zinc. Pareciera que seguiría lloviendo a cantaros. - ... Gracias por lo hace un momento... ¿Para qué has venido? ¿algún encuentro clandestino tal vez? - Se aventuró a decir con cierto humor agrio.

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Re: When you hold me, I’m dead - Privado -

Mensaje por Z. Bertram Crohënberg el Jue Mar 07, 2013 5:13 am


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Enarcó una ceja,. ¿Fugarse?, probablemente si ella lo hacía todos sus problemas se acabarían, aunque volviese a su persona la añoranza y las ganas de ver su cabellera rubia pasearse en silencio por la enorme casa de los Crohënberg. Elevó la cabeza ante las palabras cortantes de Dave, sin darle demasiada importancia a las mismas. Se sorprendió a sí mismo más tranquilo que nunca, respirando agitadamente por el ejercicio involutario realizado con el borracho. Rodó los ojos ante el agradecimiento de la rubia, no quería que se las diera, ni si quiera sabía la razón por la cual le había quitado el problema de encima. Hubiera sido muy fácil dar media vuelta sobre sus pasos y ahorrarse aquella situación. Pero allí estaba, observando a la mujer que quería. Su mirada se perdió irremediablemente entre las curvas de ella, en las suaves ondulaciones del oro que le caía sobre los hombros, en sus grandes ojos azules que transmtían la congoja que le provocaba su presencia allí e, incluso, en las facciones del rostro que había golpeado tiempo atrás. Sacudió la cabeza, dándose media vuelta sobre sus propios pies: quería salir de allí. Abrió los ojos al darse cuenta recientemente que estaba lloviendo a mares.

Un chasquido se escuchó en el lugar producto de su lengua, lamentó no poder irse.—Si no tienes cuidado papá no será el único del que debas sentir asco.— recordó aquel primer escándalo que tambaleó a su familia, ese que no le hizo apartarse de ella a pesar del mismo. Él sabía lo que había ocurrido realmente, pero jamás le desmitntió al mundo lo que sus padres predicaban para hacer de una montaña un pqueño grano de arena.—No... Sabes que no estaré aquí otra vez.— ella debía estar acostumbrada a no contar con su ayuda y, probablemente, la próxima vez no tendría tanta suerte de coincidir con la presencia de un tranquilo Zack. Ese mismo que había temido, absrudamente, por la integridad de su hermana minutos atrás cuando no le había importado sus manos quemadas ni su rostro amoratado. Tan hipócrita como sólo él podía ser.
Bertram apoyó el brazo sobre el marco de la puerta, que aún permanecía abierta, y dejó que su cabeza cayera sobre el mismo mientras observaba las gotas de lluvia al caer. Le daba la espalda a Ruth sin importarle demasiado lo que ella pudiera pensar.

Volveremos a casa cuando deje de llover.— porque se la llevaría de allí, no tenía pensado volver a dejarla sola allí. ¿Qué pasaría si alguien la veía o si volvía a pasar aquel individuo?. Él no estaría y ella se encontraría cara a cara con el peligro. Poco le importaba a Zack lo que tuviera que objetar su hermana con respecto a aquel tema. Volvió a suspirar apaciguando los deseos que nacían en su interior de querer ir a abrazarla, de querer tocarla... De hacerle saber que él seguía por encima. Tantas cosas reducidas, simplemente, a lo contradictorio de su mente y cuerpo.

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Re: When you hold me, I’m dead - Privado -

Mensaje por R. Héddavē Crohënberg el Jue Mar 07, 2013 7:31 am


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Parecía una mezcla extrañada el aroma a lluvia el aroma de su hermano. Enviciaba el ambiente haciendo que ella se sintiese un poco mareada, como embriagada entre tantos sentimientos mezclados. ¿No podía sólo irse?. Él a pesar de que estaba tan tranquilo y sereno, aún así le daba miedo a Ruth, si él intentase acercarse ella se encogería automáticamente en busca de protegerse, él le había infringido ese miedo, ese pavor a su persona. La caricia que antes esperaba con ansias ahora era tan temida como la de su padre. Ese al cual su hermano sacó a colación. R no dijo nada, solo hizo una mueca burlona en silencio, mordiéndose la lengua para no decir nada, tranquila, él estaba sereno, sobrio ¿para qué provocarlo?. Era como estar con una serpiente frente a frente, teniendo que estar estática y cauta porque el mas mínimo movimiento podía ser tu perdición.

- Claro, la próxima vez volveré a estar sola, entiendo. - Dijo sin darle mucha importancia, sin parecer muy afectada, aunque lo estaba. ¿Porqué le advertía eso? ¿Acaso no era él quien le hacía más daño que cualquier borracho?. ¿Acaso no era él quien siempre la lastimaba?. Giró la vista dispuesta a confrontarlo para cuando se encontró con su espalda, solitaria, encorvada, tal vez por el frío que ella comenzó a sentir después de que el calor de la adrenalina fue menguando. Su vaho le dvertía que debía ponerse algo menos "provocativo" y más caliente. Ruth lo miró por un rato intentando comprender sus palabras, horrorizada, escandalizada - No, Bertram, no voy a regresar... -Jadeó, pronunció el nombre que ella nunca decía, ese que era solo íntimo y que a veces salía a flote por la molestia de ella, y allí estaba, sus manos temblorosas y sus labios trémulos - Me quedaré aquí - Dijo bajando la mirada y girando sobre sus talones para entonces caminar hacia el unico cuarto de la cabaña y quitar la sábana del colchón llevándola en brazos hasta unos pasos de su hermano - Toma, no será bueno que enfermes - Musitó sin darse cuenta que su pequeño cuerpo también temblaba del frío.
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Re: When you hold me, I’m dead - Privado -

Mensaje por Z. Bertram Crohënberg el Jue Mar 07, 2013 8:45 am


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Sonrío sin darse la vuelta, de manera que no pudiera ver la diversión y maldad que había acumulado en ese simple gesto. Ruth no quería volver a casa y, en cierto modo, no la culpaba por ello. Quizás esa era la razón de peso por la cual el diácono le decía lo contrario, para ver el miedo que esas palabras provocaban en la chica. Deleitarse con la visión más horripilante de su hermana pronto se convertiría en su afición. Porque así, poco a poco, le habría saber cuando dolor guardaba.—Supongo que prefieres que mande a por ti a papá.— y sin decir nada más se encogió de espaldas, dando a entender de esa absurda manera que no le quedaría otra opción a seguir. Como se había prometido a sí mismo en hacía tan solo un par de minutos, se la llevaría consigo al lugar donde tuvieron lugar sus más intensas pesadillas. Allí donde alguna vez fueron felices, donde el tiempo parecía no pasar. Un año, eso es todo lo que había soportado el destino para no cruzar sus caminos después de que Ruth apareciera por la puerta de casa. Ese mismo destino que parecía jugar con ambos a su antojo, riéndose en sus rostros sin piedad... Como él lo hacía con la pobre Dave.

Al darse la vuelta y comprobar como ella le ofrecía aquella sábana, pudo notar el temblor de su pequeño cuerpo.—¿Ahora te preocupa el frío?.— no la había visto muy preocupada por el mismo instantes antes, ni si quiera parecía haberse percatado de la temperatura real que hacía. Avanzó lentamente sin apartar la mirada de la muchacha, escrutando cada palmo de su blanca piel como el más maravilloso de los espectáculos. Se paró a centímetros de ella, teniendo que inclinar hacia abajo la cabeza para poder verla con facilidad. Tomó la sábana entre sus manos y tras extirarla de un fuerte golpe, rodeó a su hermana con la misma.—No me interesa que enfermes.— y era cierto. Quería verla sufrir de su propia mano, aquella no hubiese sido la manera de hacerlo. Esa noche le daría eso que ella añoraba y él también para volver a quitárselo luego. No la haría sentir segura, pero sí mayormente confiada.
Zack levantó su mano izquierda y reccorrió con sus dedos el lado del rostro donde la había golpeado el viernes. Su boca estaba entreabierta y su vaho se fundía con el de su compañera en una funesta danza. Lo hizo sin pensar, sin tan si quiera imaginar cómo le haría sentir eso a la muchacha. Estaba seguro de que al menos la cogería por sorpresa: la abrazó. No fue ni brusco, ni tierno, estaba ausente en el gesto poprque a él mismo le dolía realizar tales suicidas acciones. Aspiró el aromo embriagador del cabello de la rubia contra su nariz y apretó los dientes, enfurecido, tapados por sus cerrados labios.—¿Tienes menos frío?.— cuánto de lo que sentía Zack era cierto, cuánto del sentimiento de odio hacía ella era verdadero... Ni él mismo lo sabía. Se escudaba en la venganza para realizar tal cosa, sabiendo que Ruth probablemente estaría muerta de miedo, sin embargo muy en el fondo y oculto bajo ese montón de escombros en lo que se había convertido, sólo deseaba volver a sentir su piel contra la de ella. Hacer la tregua impuesta por una noche y olvidarse del mundo, por muy imposible que eso resultara.

La mano aún vendada viajó alocadamente y sin rumbo por la espalda de la mujer, recordando como esas cosquillas solían gustarle en un pasado. Caricias que no hubiera pensado jamás que volvería a darle sobrio... Ahí comenzaba su juego.

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Re: When you hold me, I’m dead - Privado -

Mensaje por R. Héddavē Crohënberg el Jue Mar 07, 2013 10:17 am


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Se reprochó en su fuero interno la falta de inteligencia, su dosis de masoquismo, esa estúpida alma ilusa que con una buena acción ya estaba perdonando todo. Pero no olvidando. Desde la habitación había escuchado su amenaza oculta y ella solo optó por suspirar resignada, sabiendo que de Zack podía esperarse cualquier cosa que le hiciese daño y aún así, ella se preocupaba por él. Eran hermanos después de todo, compartían la misma sangre, el mismo padre, la misma madre, pese a que su progenitor estaba en duda, pero ¿como negar el parecido entre ambos? ¿Como negar los ojos de su padre puestos en la rubia?. Existían dos tipos de ciegos, los que no podían ver con los ojos y veían con la verdad, y los que tenían ojos y se hacían los ciegos por su propia conveniencia. Ruth, ¿Cuál eres tú?. En ese tiempo en que se ocultaban de todos y ambos vivían un mundo de fantasía prohibida, ella albergó la duda de su padre, albergó la esperanza de no ser hija de ese bastardo, quiso tapar sus ojos, sus oídos y su boca con la débil e intermitente luz de esperanza que le significaba no compartir todo un linaje. Así su pecado sería perdonado, sería aceptado en silencio y la carga sería menos pesada. Pobre ilusa. Un alma caída en pedazos que aún intenta mantenerse en una pieza. Y esa misma alma gritaba en desconcierto cuando su hermano la vio de frente, se acercó y la desnudó con la mirada. Su corazón latió con fuerza y poco a poco iba lentizando su respiración en un vago intento de callar su desbocado golpeteo. Podía absorber todo el aroma masculino de su hermano, ese mismo que tenía un suave matiz de aquella juventud olvidada. Él era un hombre, ya no era un muchacho torpe que la tomaba en brazos con algarabía y amor. Era un hombre destrozado que la miraba de una manera extraña, una manera que Ruth no podía describir.

- Yo no... - Quiso replicar pero cerró su boca de golpe y sus ojos siguieron el trayecto de su mano. Ella se quedó estática, intercalando su mirada entre su caricia y él. Héd no podía pensar con claridad, el frío de la mano de Z era confortable y casi podía dejarse llevar por las memorias que su piel despertaba en ella. Pero no. Ella tenía que mantenerse, que estar firme y mirarlo con desconfianza. ¿Pero cómo hacerlo?. En ese momento ella quería abrazarlo y llorar para pedirle perdón, un perdón que ella no debía humillarse a profesar. La mano de la rubia se alzó intentando posarse sobre la de Zack, pero no pudo, no porque él la hubiese apartado tantas veces, sino porque la agarró toda, la envolvió con su gigante cuerpo y su rostro se hundió en su pecho. Pánico. Ella no podía moverse ni un ápice. El pavor le inundó por completo y a su vez, la felicidad, la tristeza, la locura, todo en un solo ser. La voz de Z la escuchó pegada a su oído, tan profunda, tan arrastrada, salida de entre dientes, como si él hiciese un esfuerzo sobrehumano para no gruñir. Ruth tragó saliva e intentó apartarlo despacio, con poca fuerza. Pero él no cedía, ella lo hizo con más fuerza pero se detuvo a raya, estupefacta. - ¿Bertram? - Jadeó - No tengo frío... puedes... dejar de abrazarme... - Tartamudeó y nuevamente se calló cuando sintió la mano de él recorrer su espalda. Ella brincó y por un reflejo sus manos se aferraron a la espalda de él. Sus manos temblaban mientras agarraban la prenda de su hermano y las sensaciones que le causaba el recorrer de las manos de él sobre su espalda eran demasiado confusas - Suéltame Zack, ¿qué te está pasando? - Preguntó con la voz baja y temerosa y pese a que pedía que la soltase, ella se aferró más a la prenda.
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Re: When you hold me, I’m dead - Privado -

Mensaje por Z. Bertram Crohënberg el Jue Mar 07, 2013 12:48 pm


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La desconfianza de la pequeña de los Crohënberg podía casi tocarse, él la sentía como si fuera suya, como si cada palmo de ese confuso y reconfortante sentimiento se hiciera dueño del aire que respiraba. Ella quería que la soltara, que se alejara de su cuerpo tembloroso entre sus manos, pero Bertram no estaba dispuesto a parar una vez fijado el objetivo. Ese día sería suya una vez más, sólo una vez más. La lucha entre la necesidad imperiosa de sentirla y el deseo desenfrenado por dañarla luchaban cuerpo a cuerpo, ganando la batalla ninguno de los dos. Siendo ambos testigos de sus manos al recorrer la piel da la muchacha, sin pararse aunque se lo pidiera. La suya propia se le erizaba a su contacto, entre el frió de sus manos y la calidez que desprendía ella. Con la mano libre dejó de abrazarla, apartando con la misma la sábana que cubría puritanamente a Ruth.—No lo sé.— fue toda la contestación que tuvo la rubia tras un minuto de su pregunta. Su hermana no quería sucumbir de nuevo, lo sabía, lo sentía... Y era eso precisamente lo que le animaba más a seguir.

Se encontró a si mismo oliendo la piel de la muchacha, su rostro, parándose en cada una de sus finas facciones hasta llegar a sus labios, por los que pasó los dedos de la diestra mientras ambas narices se tocaban.—Dime si no recuerdas cómo se siente.— años atrás Zack había sido tierno con ella, suave y delicado. Todo lo que según su criterio se había merecido su pequeña hermana. Ahora volvía sobre sus pasos durante un instante, pero con intenciones finales muy diferentes a las que podría haber tenido en un pasado. Suspiró fuertemente, llevado por esos recuerdos que le quemaban el alma una vez más. Cada caricia que le daba dolía, cada instante mirando el brillo apagado de los ojos ajenos, cada instante a su lado. Bertram permaneció ahí, sin tocar los labios de ella con los suyos pero sintiéndose tan cercano que casi podría decir que los besaba. Necesitó un minuto, quizás dos, para decidirse a juntar los mismos.

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Re: When you hold me, I’m dead - Privado -

Mensaje por R. Héddavē Crohënberg el Jue Mar 07, 2013 1:14 pm


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Y todo cayó como la fina tela de la sábana. Ella se sentía a salvo mientras estuviese algo que separara ambos cuerpos, pero él lo había quitado, lo había tirado todo nuevamente, como aquel primer beso que se dieron y las primeras miradas más allá de simples hermanos. Así comenzó todo, y así terminó todo. Ella gimoteó ahogadamente cuando la voz de su hermano nuevamente la recorrió toda y el aliento de él acariciando su oreja casi la derrite por completo. El miedo que sentía era cada vez más palpable así como el calor que emanaba la lucha interna entre alejarlo y abrazarlo. Tal vez fuese la última vez que lo hiciese, porque en ese momento ese era el vestigio del hombre que ella una vez amó. Pero... ¿Y si él está jugando? ¿y si lo hace para nuevamente hacerle tocar el cielo solo para lastimarla de nuevo?. Ruth estaba en un debate interno entre la razón y el corazón. Y el segundo iba ganando, estúpidamente, sin pensar en las consecuencias. Aún así parecía no querer dar tregua, no aún. - Para... por favor... - Su voz temblorosa y ansiosa hacían de ella una presa fácil. Las caricias de su hermano eran cuanto menos, agradables. El contacto de su piel fría con la de ella, cálida, suave y provocativa parecían dar nacimiento a una corriente entre ambos cuerpos. Ruth cerró los ojos, intentando concentrarse, frunció levemente el ceño obligándose a ignorar las caricias de él pero... abrió los ojos para encontrarse con la cercanía homicida de su rostro, de sus labios. Lentamente su lengua humedeció sus labios, suave y voraz. - No sé de qué hablas... - Intentó darse por aludida, por tonta, intentando no ser obvia ¿pero como no serlo cuando sus ojos brillaban como llamaradas? ¿Como no serlo cuando ella solo deseaba besarlo con tanta intensidad que ardía? Sus ojos se iban llenando de lágrimas mientras lo miraba y sus alientos se mezclaban entre sí. Con cada palabra que ella profesaba parecía que tocaría los labios de su hermano, esos labios prohibidos que no habían dejado un solo rincón de ella sin besar. - Si es un juego, detente. - Suplicó con sus piernas temblorosas, amenazando con flaquear. Incluso el agarre de sus manos fue debilitándose. - No quiero recordarlo... - Dijo, poco convincente, casi suplicando lo contrario.
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Re: When you hold me, I’m dead - Privado -

Mensaje por Z. Bertram Crohënberg el Jue Mar 07, 2013 2:32 pm


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Y paró, lo hizo durante un instante antes de sonreir de manera encantadora. Intentaba darle la confianza que necesitaba la rubia para abrirse de nuevo a él, para ser la mujer que esperaba de ella en aquel entonces. La miró, clavando sus orbes celestes en los de ella igualmente azules, intensificando el contacto entre ambos pegando por completo el cuerpo de Ruth al suyo. Sus manos estaban posadas en su cintura y se mordía los labios dejando que viera el deseo que recorría su mente y corazón. Sus frentes pegadas terminaban por darle el toque de proximidad que buscaba,a aunque él quería algo más que eso. Un paso más hacia la locura que una vez los unió, hacia ese pecado que los condenaría al infierno una vez más de tantas. Zack estaba medio agachado para quedar a la altura de la rubia, en una postura que le permitía actuar cómodamente.—Dime que me vaya si no quieres que siga, suéltame si no quieres que te toque.— aunque lo hiciera,incluso si Ruth decidía llevar a cabo sus propias palabras, no tendría más escapatoria que la de acabar con su hermano allí mismo.

¿No lo echas de menos?.— paseó una mano por su muslo, levantándole la pierna y erroscándosela a él mismo en su cuerpo. No dejó de sujetarle la misma, dándole un agarre fuerte pero no doloroso. Con pasión, con todo lo que estaba empezando a sentir de nuevo. El corazón se le aceleraba con la cercanía de Dave, con cada palmo de su cuerpo que le tocaba. Apretó el brazo que aún sujetaba a Ruth por la cintura, intentando que aquel contacto fuera total y completo. Cerró los ojos, notándose en él el disfrute que le estaba provocando.—Yo sí, te echo de menos.— lanzó una especie de gruñido cariñoso mientras trataba de no perder por completo la compostura. Besos en la comisura de los labios, en su barbilla y en el lóbulo de su oreja fue todo lo que vino a continuación, alargando cada contacto, apurando cada segundo junto a ella. Y esa dulzura, tendría que apaciguarla más adelante cuando sus mentiras fueran descubiertas.

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Mensaje por R. Héddavē Crohënberg el Jue Mar 07, 2013 5:42 pm


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¡Díselo!. En coro, su mente gritaba en una desesperación interna. Ella tenía que decir que la soltara, que se fuese, aún si la lluvia acababa con él. Aún si ella se arrepintiese de ello. Lo soltaría, lo dejaría ir y todo terminaría, sin segundas oportunidades, sin más remordimientos que el haber comenzando todo ese circo aberrático. Un corte limpio para su relación. Simples hermanos, solo eso quedaría. Ni el hombre, ni la mujer. Pero él no le dejaría, él la estaba consumiendo, la confundía y le iba soltando en lo hondo del pecado, de ese del que ella había escapado durante tantos años y que había dado fruto, un fruto que nadie sabía.

- Aún si lo hago no me dejarás... - Susurró, no muy segura. - Eso quiero pensar... -Jadeó desviando su mirada a un lado cuando su pierna fue obligada a enroscarse y entonces ella se sujetó con fuerza al cuerpo de su hermano, pegando cada parte de su ser al de Z. Ella era diminuta comparada con el rubio, pero aún así, encajaban tan bien, como si fuesen diseñados el uno para el otro. Una caricia, luego otra, la falda se le había subido más de la cuenta y su piel estaba a merced de la mano de él. El corazón no paraba de acelerarse, de golpetear contra su caja torácica amenazando con salirsele del pecho sin más. Héd no podía responder, las mentiras no servirían de nada, ella también le echaba de menos y escucharle decir aquello derramó todo el deseo y la añoranza que había guardado durante esos seis años de abstinencia, de rehabilitación ante la obsesión adicta que tenía hacia su hermano y que había creído superar. Los labios de Z sabían exactamente donde comenzar, donde terminar y cada tramo de ella se erizó por completo. Héddavē deslizó sus manos hasta su nuca y se aferró a esta mientras sus dedos ascendían hasta su melena trigal, enredándose en cada hebra que estuviese a su alcance. Ella hizo un intento por mirarlo, por hacer que la mire, verse reflejada en sus orbes había sido su deleite durante su adolescencia y aún seguía siendo su perdición. - Hey... - Susurró, sonriendo, suave, con ternura, una ternura tímida y dudosa que le hizo temblar los labios, Héd mordió su labio inferior y sus manos acariciaron la piel de su nuca plenamente. No sabía qué decir, qué hacer, simplemente deseaba alejarlo y a su vez, tenerlo, ¿Pecaría nuevamente? ¿Valía la pena hacerlo?. Lo miró, como si fuese la primera vez, su diestra soltó su agarre y viajó dudosa hasta el rostro de Bertram y sus yemas hicieron contacto concienzudo por primera vez con la piel de ese hombre. Como si sus dedos pudiesen grabar en su mente cada rasgo de él, los movió recorriendo su rostro, con asombro, con detenimiento y con embelesamiento, con ese sentimiento desnudo que no debía mostrar, porque sería su fin si él lo descubría, él la tendría comiendo de su mano. - Has cambiado tanto... - Musitó bajando por su nariz y terminar en sus labios, esos labios que los recorrió con lentitud y delicadeza. Héd frunció el ceño y bajó la mirada, y por último, abandonó lentamente el contacto de sus dedos - Déjame. - Suplicó.


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Mensaje por Z. Bertram Crohënberg el Vie Mar 08, 2013 3:56 am


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Clavándose como estacas estaba la sensación olvidada que ella le proporcionaba. Al fin lo tocaba, poco a poco derrumbaba la fuerte coraza que impedía a Zack llevar a cabo su propósito sin más. Se dejó llevar por aquellos finos dedos recorriendo su nunca, por el aliento caliente de Héd chocando contra sus propios labios. Con la alegría que pensó no volver a sentir, comprobó la tímida sonrisa en sus rosados labios. Ya se había olvidado de cómo lo hacía, de cuántas veces había buscado la misma en el pequeño rostro de su hermana. Como un regalo, uno que volvió a traer imágenes de una mejor vida junto a ella.—Preciosa...— comentó en un simple murmullo, un pensamiento en voz alta que jamás debería de haber pronunciado pues, queriendo romper el muro que la separaba de él, estaba echando abajo el suyo propio. Castigarla a ella se volvía un castigo para él mismo, que no buscaba más que el efecto placebo que pudiera provocarle su especial estrategia.

Dio un pequeño sobresalto cuando Ruth recorrió su rostro, ya sin estar acostumbrado a esos detalles tan habituales antaño. No podía dejar de mirarla, esperando que su hermana le diera lo que venía buscando. Sin embargo vio como daba un paso hacia atras, recordando cuánto había cambiado el individuo que tenía delante. Pasó de ser un crio con ansias de vivir a un hombre seguidor fiel de las enseñanzas de su padre. Malvado, rastrero incluso. Él lo sabía, no necesitaba que se lo recordaran. Resopló ante la súplica de su hermana, su paciencia llegaba a su fin y se rompía en mil pedazos. Zack omitió la torpe petición, dejó que se la llevara el viento y el frió. La levantó haciendo que la pierna que le quedaba en el suelo también rodeara su cintura.—Todo el mundo cambia.— confesó entre dientes, siendo entonces algo más brusco de lo que había sido en todo el tiempo aquel.
Tiempo después se encontró en la cama sobre ella, dejando que fluyera el deseo que sentía hacia ella. Deteniéndose en su largo cuello y acariciando su dorada melena, aún sin atreverse a besar los labios de la muchacha. Ese gesto significaría mucho más para él que cualquier acción previa.

Allí estaba Zack, con el cuerpo de su hermana de nuevo a merced de sus manos, de su boca, de todo su ser. Empezando a fundir en una sola, ambas piezas de aquel puzzle inconcluso. Sin embargo no tenía pensado ir deprisa, pues el dolor aumentaba a cada paso que se atrevía a dar.

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Mensaje por R. Héddavē Crohënberg el Vie Mar 08, 2013 8:18 am


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Se hubiese mordido la lengua. Hubiese dejado de hablar, embelesada, había estado en su nube rosa por tanto tiempo que olvidó controlar sus palabras. Ella deseaba que la dejara, que la soltara , pero a la vez, pecaba de mentirosa, de hipócrita, porque quería que la tuviera secuestrada, que la devorara y no dejara nada de ella para nadie, solo ella y él contra el mundo. Un deseo egoísta ya que sabía que no era posible, que solo traería más desgracias, más desdichas. Héd se sorprendió cuando todo su cuerpo había dejado de tocar el suelo y ahora se aferraba completo al tronco de Zachary, dependiente de él, completamente juntos. La falda no daba para más y se sentía avergonzada y desprotegida, inclusive el rubor que casi nunca asomaba por sus mejillas, hizo acto de presencia. Como desesperado, como un adicto corriendo hacia la mata de marihuana, dio unas zancadas con el peso pluma de Ruth y la tumbó en el desgastado colchón del catre, el rostro de Ruth parecía sorprendido, confundido. Por un momento no había tomado en cuenta las acciones de su hermano, no hasta que él se ubicó encima y ella gimoteó cuando sus labios recorrieron el largo de su cuello y sus dedos se enredaban en su cabellera. Era el momento en que ella debía empujarlo y salir corriendo. Tenía la oportunidad de cortar todo lazo y huir con todas sus fuerzas. Sus manos se elevaron, en un intento dubitativo, pero al contrario de lo que su mente había planeado, ella deslizó sus dedos por la espalda de él. Sus uñas trazaron lentamente un camino hasta sus hombros y entonces enroscó sus brazos alrededor del cuello de él y su rostro buscó tiernamente el de Zack, suplicando por su atención. - Has cambiado tanto... pero aún recuerdas las más pequeñas cosas... - Dijo, sonriendo, dulcemente, casi como el esbozo de una adolescente enamorada. Ruth, Ruth, había dejado caer toda barrera, había quitado todo arnés que la sujetara y la previera de una dolorosa caída, una que seguro sería su perdición. Su nariz jugó con la de él y sus ojos se ahogaban en el mar congelado de su mirada azul. - Bésame y no podré irme. - Susurró.


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Mensaje por Z. Bertram Crohënberg el Vie Mar 08, 2013 11:58 am


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Se le cortó completamente la respiración al tenerla enfrente de aquella manera. Un beso, era tan simple como unir sus labios en una correografiada danza. Esas que helaban la respiración, que hacía que afloraran sensaciones palpables. Y era tan difícil complacer los deseos de Ruth... Si le daba ese beso, sería completamente suyo. Disfrutó con el roce de su perfecta nariz contra la suya, humedeciéndose los labios y mordiéndolos en un sencillo gesto de nerviosismo. Las tornas habían cambiado y era Zack el que temblaba vacilante. Los ojos se le humedecieron a punto de estallar y volvió ese nudo en el estómago que tantas veces los visitaba cuando admiraba su belleza.
Con una lentitud pasmosa, el rubio comenzó a recorrer la distancia que separaba la boca de Ruth de la propia. Respiraba de manera entrecortada y una de sus manos se aferraban con fuerza al antiguo colchón que tenían debajo. Se paró cuando su labio inferior ya rozaba el de ella y desvió la mirada. Mostraba debilidad y lo sabía, dejaba que ella viera que tenerla entre sus brazos le hacía flaquear en fuerzas. Debía concentrarse, debía hacerle ver que estaba decidido aunque fuera un poco tarde para ella. Tras cerrar los ojos tomó la suficiente fuerza para darle un beso, un beso tímido, lento y cálido.

Su mano presionó con mayor fuerza el colchón entre sus dedos, hasta un punto que pensó que podía incluso romper los muelles del mismo. Dolía, dolía más que cualquier cosa que pudieran hacerle en el mundo. Bertram se centró en la suavidad que despedían los labios de su hermana, en su ardiente aliento y en las caricias que le daba con la mano que ya había soltado el colchón. Recorrer su cuerpo el fin, pues sólo conseguía que ese eterno beso no terminara. Que el baile entre una lengua y otra prosiguiera su camino mientras ambos pecaban en la más absoluta clandestinidad. Sabía que aquello cambiaría las cosas para Ruth, que quizás le daría la esperanza necesaria que él pudiera destruir y por eso aguantaba.
Zack separó lentamente su rostro del de ella, observándola durante un instaánte, bañándose en el brillo de los ojos que pensaba destruir. Y luego, luego volvió a besarla sin darle tiempo a decir nada. Se regodeó con pasión en los mismos, pues hacía demasiado tiempo que no disfrutaba de ellos. Decidido, sabiendo que Héd era toda suya, metió una mano recorriendo su estómago y acabando arriba por debajo de la blusa vagamente abotonada.

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Mensaje por R. Héddavē Crohënberg el Vie Mar 08, 2013 1:31 pm


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Se lo había advertido, lo había hecho, y ella estaba justificarse, intentaba parecer inocente para no cargar consigo la culpa de haberlo inducido, pese a que él había sido quien le había tomado en peso. Mala mujer. Ahora entendía porqué. Pero no le importó. Su respiración se lentizó y sus ojos se concentraron en la cercanía de sus labios, en el roce de los mismos y pronto, en la sensación de ambos tocarse. Era como el premio de un adicto, como el alcohol mojando la lengua de un alcohólico en rehabilitación, botando todos los esfuerzos por una sola probada. Dulce, embriagador, adictivo, como la heroína, como el deseo más oscuro de un feligrés, los labios de Ruth suavemente se fruncieron para tocar más los de su hermano y sentir el desquebrajo y masculinidad de estos. Sus ojos se cerraron en un viaje psicodélico y su ceño se frunció cuando quiso probarlos, degustarlos porque no le bastaba solo el contacto de la ternura, del miedo, de la inseguridad, quería sentirse flotando en el mar de su ser para así ahogarse en él por completo. Y su lengua se aventuró cediendo a la de él. Suave, cálida en una danza de amantes que no pueden hablar, que no pueden susurrar, que solo pueden conversar entre tantas caricias. Ruth no podía pensar en nada más que en aquel tiempo, en el ayer y el ahora, qué diferente y a la vez, tan nostálgico que le helaba los huesos sólo para arder en la plenitud de su cercanía. Podría llorar, podría gemir, podría gritar, Héd podía morir si es necesario porque él le asustaba y la llenaba de una manera sobrenatural. Y entonces el bastardo quiere privarla de sus besos, dejando a la rubia besando en el aire, con la mirada de él danzante en ella. Ruth jadeaba, respiraba con dificultad y humedecía sus labios inconscientemente, sus orbes lo observaban con la misma incertidumbre y suplica que él, sus labios intentaban decir algo pero fueron callados con pasión y desenfreno, a lo que ella respondió agarrando con fuerza el cabello de Zack mientras su mano libre acariciaba su cuello y sus hombros, bajaba por su espalda y aruñaba en un intento de quitarle la cazadora, de quitarle la camisa, de arrancarle la piel y fundirse en su ser.
- Zack... - Gimoteo en un suspiro ahogado entre cada beso, entre cada baile de sus lenguas, su mano recorriendo su piel desnuda le hizo estremecer y arquear su espalda en especial cuando sintió una proximidad peligros, ella bajó la mano rápidamente para posarla encima de la de él y detuvo los besos mirándolo, asustada, no sabía que decirle, ¿que se detuviera? ¿que la dejase?. No, simplemente quería que le quitase ese miedo, ese pavor, la inseguridad que la cegaba y le hacia sollozar.


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Mensaje por Z. Bertram Crohënberg el Vie Mar 08, 2013 3:31 pm


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La tenía, había conseguido despertar lo que antes le provocaba. Ponía en cada caricia el alma, entregándole sin quererlo en ellas un pedacito de su amargado y retorcido corazón. El contacto con su piel le quemaba, haciendo que ardiera por dentro como un salvaje sin sentido. Con ansiedad por volver a verla, por volver a comprenderla como antes. La perfección de ella lo envolvía, embriagando con su suave tela todos los sentidos del muchacho. Se sentía fundido en Ruth, sin querer apartarse de ella ni un segundo. Fue ahí donde recordó por qué la amaba tanto como lo hacía. Martilleaba su cuerpo con su electricidad, haciendo que le temblara hasta el último centímetro de su, entonces, ardiente piel. Moviéndose por instinto, conociendo hasta el último rincón de la rubia. En un rápido gesto hizo caso a lo que las manos ajenas le indicaban, quitándose la chaqueta que tanto empezaba a molestar sin apartarse de esos labios que lo llamaban con intensidad. Se perdia entre los páramos dorados de la mujer, su mujer, dejando que el paraíso que representaba lo inundara con cada gesto, cada beso, cada caricia sincera y profunda.

Con precisión pasmosa temrinó de quitarle los botones a la camisa de ella, separando ambas partes y dejando su torso al descubierto. La blanca piel de la mujer se presentó apetecible, una superficie hecha para ser adorada y cuidada. Volvió a entretenerse en la suavidad de su piel: hombros, cuello, rostro... estómago. Betram se encontró la imagen de una larga cicatriz en el mismo que lo cruzaba como una fatal herida de guerra. Sus manos pararon, su cuerpo quedó estupefacto. Con la camisa a medio quitar, dejando su hombro al descubierto, Zack recorrió con los dedos y un gesto de extrañeza esa llamativa línea.—¿Qué...?.— ¿cómo se había hecho tremenda herida?. La zorra de su madre jamás había mencionado nada, por lo que lanzó una maldición entre dientes. Esperando la respuesta comprobó como el corazón parecía quere salirse de su pecho y como la otra mano jugueteaba sin querer, ansiosa, con el borde de la falda. Desviándose del foco de atención que suponía la cicatriz, Zack posó la mirada en las piernas desnudas de la chica, colocando una de sus rodillas entre las mismas, separándolas, dándole el toque atrevido que en aquellos momentos gritaba que necesitaba.

Lo volvía loco, lo hacía sentirse bien después de los años. Su mente vagaba entre los páramos rotos de sus recuerdos, abriéndose paso para recordar por la visión completa de su piel desnuda; esa pasión desenfrenada siempre existente entre ambos, la que hacía que siempre se buscaran, que cada poco sucumbieran en los brazos del otro. Tanto amor, tanto deseo guardadado en una jaula para grillos, había hecho que Zack ansiara más de lo necesario unir ambos cuerpos en uno solo. El chico lanzó un extraño gemido provocado por el ansia, la pasión y un suspiro lleno de nostalgia.

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Mensaje por R. Héddavē Crohënberg el Vie Mar 08, 2013 8:44 pm


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¿Cuántas veces ella se dejaría mancillar? ¿Cuantas veces ella se dejaría lanzar al pecado?. Era innumerable, impredecible, ni siquiera ella sabía cuánto más podía aguantar sin sentirlo dentro de ella, sin sentir que era una con él. Su piel le recordaba todo lo vivido de antaño, como si nunca se hubiesen dejado de tocar, de saborear uno al otro. Ruth se ruborizó cuando se vio expuesta ante él y todo ese suave rosa por un momento, desapareció ante la mirada de Zack. La cicatriz. Ruth había olvidado ese imperceptible detalle en la parte alta de su vientre, pese a que estaba perfectamente delineada, aún así era visible cuando estabas tan íntimo a alguien. El corazón se disparó en pánico y por un momento ella intentó huir de él... ¿Qué le diría?... Él jamás debería saberlo... nunca. Él parecía estupefacto, confundido. Ignorante. Ella había maquinado una respuesta, pero no hubo necesidad, no cuando su faena parecía centrarse en sentirla completa. Y ella lo aceptaba, con desesperación. Con maestría terminó por ayudarle a quitarse la camisa dejando su torso desnudo, por completo, cada tramo de perfecto cuerpo, ese que tanto había deseado y extrañado. Pero era diferente, como todo él... en su hombro podía ver el nacimiento de cicatrices... y ya podía imaginarse lo que habría en su espalda. El rostro de Ruth se contrajo mientras mordía su labio inferior y separaba obedientemente sus piernas. Los ojos de su hombre ardían y ella se sentía más que bien, se sentía amada, deseada, una ilusión que terminaría por destrozarla.

Ruth no pudo esperar, necesitaba sus labios y arremetió contra estos con cierta timidez y pasión mezcladas, sus brazos no tardaron en rodear nuevamente sus hombros y sus manos se aventuraron a acariciar cada camino que las cicatrices surcaban en su espalda. Y ella emitió un suave gruñido de impotencia, lo atrajo más hacia ella provocando que la rodilla de él rozase parte de su feminidad y sus labios se separaron de la boca del rubio para posarse en el muño de su hombro, beso suave, lentamente, lamió en un suave acto de calidez. Esas cicatrices eran muy parecidas a la de ella, solo que su madre se había encargado de tratarlas para que no se vieran mas que pequeñas cicatrices imperceptibles que no se notarían a simple vista. Pero a Zack nadie lo trato, porque era hombre, uno que debía obedecer a la bestia de un padre devoto. Héd lo abrazó con fuerza y hundió su rostro en el cuello del rubio, lo besó lentamente, con ternura y dolor. - Olvida todo... por favor... olvidemosno de todo... de todos... - Susurró como una plegaria.

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Mensaje por Z. Bertram Crohënberg el Sáb Mar 09, 2013 5:08 am


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¿Olvidarlo todo?. ¿Cómo hacerlo cuando Zack se encogía con el roce a las cicatrices propias?, ¿cómo si su recuerdo le quemaba la piel?. Sus labios se abrieron para contestarle, pero su súplica derritieron las palabras en un suave suspiro de astío. No podía, no debía... Aunque la extrema cercanía lo incendiara, aunque el cosquilleo que le provocaban sus besos fuera su perdición. ¿Quién era el juez y quién el verdugo?. Había perdido cualquier noción de sensatez y se había dejado llevar por sus propios sentidos. Las manos en su pelo se enredaban en las infinitas ondas aúreas, volviendo a recorrer el pasaje trigal de sus facciones. Con el ansia rota, Bertram mordió el labio inferior de su hermana mientras terminaba de quitarle cualquier vestigio de ropa que pudiera quedarle. La veía débil, diminuta ante su presencia infame. Bertram no se merecía el regalo de recorrer su cuerpo desnudo, oliendo cada palmo de éste para grabarlo en su memoria, lo único que debía tener era el infinito odio de la mujer.

Ya no se notaba el frío y a pesar de estar nublado, podía entenderse que la noche había caído sobre Harlem. Mas nada de aquello tenía importancia, Zack miraba el tiempo pasar como si de algo insignificante se tratase. Como si no existiera más que ella y él, como si todo careciera de importancia excepto el darse el uno al otro. Parecía tener mil manos que no se paraban, buscando oirla jadear su nombre con su dulce y atercipelada voz. Sus besos recorrieron de nuevo su cuello, descendiendo por las montañas de su pecho y terminando en la única cicatriz clara que Ruth poseía. Las demás se alojaban camufladas en su preciosa espalda.
Buscó desesperadamente la pequeña mano de la rubia, entrelazando los dedos de la propia con los de ella, aferrándose al único instante feliz en seis años. Su respiración agitada chocaba contra el oído de la muchacha y casi podía asegurar que sentía el latir del corazón de Ruth. Los imaginaba formando la perfecta sintonía en sus oídos, una melodía rítmica añorada. Deteniendo esos pensamientos hizo que la mano libre viajara al foco de placer de la joven.

Incluso él jadeaba, porque el mar que separaba sus existencias se había convertido en una simple caricia. Había soñado tantas veces repetir esos momentos que a penas podía creerse estar allí, pensando despertar en cualquier momento entre el dolor de un amor venenoso como aquel.—No te marches.— susurró sin querer, cerrando los ojos y concentrándose en no abrirlos por si ella no era más que el espejismo de su podrida mente. Así, el placer fluía como lo hacía el miedo de Bertram por perderla.

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Mensaje por R. Héddavē Crohënberg el Sáb Mar 09, 2013 6:18 am


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Una súplica en medio de un austero campo inerte. Una plegaria nunca escuchada que se elevaba, y el viento se la llevaba quien sabe donde. Pese al tiempo que había tomado, por fin había llegado, lo que ella tanto anhelaba. La vergüenza habría quedado en segundo plano, incluso la misma prudencia y el pudor de mujer había quedado descubierto sin protestar, pese al intento vago de cubrir su desnudez con timidez, una timidez que se disipaba con la mirada de Zachary. Su espalda se arqueo hacia arriba cuando sus besos descendieron poco a poco recorriendo su pecho, el cuerpo de Ruth solo podía ser sensible con él, sensible al punto de poder llegar al clímax solo con sus caricias, con sus palabras susurras en su oído. Pero tenía que al menos poner un poco de auto control, tenía que disfrutarlo lento, como un manjar, como un sueño fantasioso que no quisiese que terminara. Jadeaba con delicadeza sublime haciendo que sus pechos bamboleasen lentamente en cada respiración, logrando entre cortarse cuando se detenía en la marca de guerra, en la marca que le recordaba la realidad y que atraía el pavor de la verdad.

- No, no me iré... - Y cedió a una promesa que la encadenó, que le puso las cadenas al rededor del cuello, de los tobillos, de las manos, la elevaba en una cruz de la cual no podría bajar. ¿Qué había pasado con su determinación? ¿Con su férrea decisión de irse, escapar?. Se había esfumado. La única oportunidad de soltarse la había dejado ir con esa promesa silenciosa que no podría romper, no dos veces, no cuando la primera no tuvo elección... la segunda, ella podía elegir, e inconscientemente, su corazón había mandado todo por la borda. Pobre, se arrepentiría definitivamente de eso. - Tampoco me dejes sola... - Una lágrimas entre un gemido de placer cuando sintió sus dedos en la calidez de su interior, ese movimiento profesional que provocó un estremecimiento en cada tramo de su ser. Su mano apretó con fuerza la de Zack y su mano libre clavó sus uñas en su carne, sin intención de lastimarle. Mordió su labio inferior, temblorosa, sintiendo como el placer se extendía por ella como una marejada imposible de retener. Las uñas de Ruth fueron rasgando la espalda de Zack y descendieron hasta su cuello, su rostro, su pecho... acarició su abdomen y prosiguió hasta el borde de su pantalón y con cierta torpeza se deshizo de la hebilla del cinturón y del único botón. Buscó la mirada de su hermano encontrándose con una imagen que le hizo sonreír. - Mírame... - Susurró, sonriendo agitada con una caricia suave en su mejilla.

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Re: When you hold me, I’m dead - Privado -

Mensaje por Z. Bertram Crohënberg el Sáb Mar 09, 2013 9:46 am


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Tampoco me dejes sola. Zack se repitó mentalmente la pequeña pero gran súplica de su hermana. Sola como la primera vez, sola como siempre lo había estado por su parte. Ignorada, en segundo plano, el mismo que había tomado protagonismo en su vida para destruirla. Le hizo sufrir. El diácono veía más allá y no respondió. Él no podía prometer que no volvería hacerlo, simple y llanamente porque ese era su plan. El clandestino encuentro sería el inicio de sus pesadillas más oscuras, del intenso dolor de sufrir en su carne todo lo que él reflejaba en el alma.
Al aire lanzó un lascivo gemido de dolor y placer por sus uñas al clavarse en su espalda, por las delicadas manos de la mujer deslizarse sin freno por su torso desnudo, por aquel botón desabrochado de su pantalón... Se quedó en la misma condición que su acompañante: completamente desnudo.
Buscó desesperadamente las piernas de la mujer, recorriendo en una suave línea una de ellas con la lengua, con los labios e inclusive con los dientes.

Ante sus palabras Zack clavó su ferviente mirada en la de ella, una chica diferente a la vista días atrás. La rubia desprendía una sencilla capa de felicidad que se palpaba, que podía olerse. En él no había tal felicidad, sólo satisfacción por lo que estaba ocurriendo y la fatiga al recordar por qué lo hacía. Sin embargo todas sus caricias, todos los besos regalados, eran completamente de verdad. Le sonrió también, atrapando la mano que acariciaba su rostro con la suya. Treinta segundos en los cuales simplemente se dedicó a intercambiar su mirada con la ajena, ocultando la oscuridad de la misma en suaves caricias a su cuello. Rompió la intimidad que se creó agarrándole de la otra mano, entrelazando entonces ambas en las suyas y levantándolas hasta arriba. A medida que unía sus labios en un nuevo baile de lenguas y ahogaba el placer en los mismos, comenzaba a hacerla suya con la suavidad debida. Suya de nuevo, de nadie más.

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Re: When you hold me, I’m dead - Privado -

Mensaje por R. Héddavē Crohënberg el Sáb Mar 09, 2013 11:43 am


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Poco a poco. Lentamente. Suave, delicado. Ella tocaba el cielo en el mismo infierno. ¿Cuánta blasfemia más se atrevería a profesar esa mujer?. Como si todas sus dudas fuesen disipadas por los besos de él, como si en cada jadeo que él daba ella afirmara su enfermiza obsesión que había suprimido durante años. Llévame lejos, llévame a un lugar secreto. Miró la desnudez de su hermano y su aliento escapó de su cuerpo, el rubor inundaba sus mejillas y los espasmos de su cuerpo no podían ser más obvios. Cada tramo de la alemana no podía ser mas obvio. Le quería, le amaba, mas que antes, mas que ahora, era tan peligroso, tan hermoso, tan pecaminoso. Las lágrimas rodaban por sus mejillas mientras ella intentaba zafarse del agarre, no le gustaba la impotencia de no tocarlo, pero las sensaciones parecían intensificarse, en especia cuando sintió su masculinidad acariciar la zona más íntima de Ruth. Ella gimoteó intentando contener su voz, demasiado lasciva, demasiado sincera. Poco a poco fue entrando hasta sentirlo completamente dentro de su pequeño y delicado cuerpo, como las piezas de un puzzle encajando completamente, como la primera vez, como la segunda, como todas las veces que él le había hecho suya en su habitación. No había diferencia, solo la intensidad del sentimiento salvaje. De entre los dientes escapó un gruñido suave y sus manos se cerraron en un puño mientras el cuerpo de Ruth se movía suavemente y sus piernas se abrían cual flor en primavera. Delicada, hermosa.

¿Qué haría si todo terminaba siendo un sueño? ¿Qué haría si nada de eso fuese real?. Perdería la cordura, porque prefería huir de la verdad de su abandono. Los hilos estaban conectado a los dedos de Zack, ella haría lo que él le pidiese, o al menos, eso es lo que ella creía fervientemente. Todo su ser se compenetraba con cada envestida de él, con cada sensación del roce de sus cuerpos, de sus besos, de su lengua recorriéndole. Devorando sin dejar nada de ella para el mundo. Ella también lo deseaba y por ello mordía sus labios cuando podía, mordía su cuello, lo lamía, saboreaba cada tramo de su hermano con posesión. - Hazme tuya una y otra vez... - Musitó, entre dientes, entre los movimientos de su cuerpo debajo del suyo.

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R. Héddavē Crohënberg


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Re: When you hold me, I’m dead - Privado -

Mensaje por Z. Bertram Crohënberg el Sáb Mar 09, 2013 12:48 pm


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Que Dios cerrara los ojos. El demonio de la tentación había hecho de ellos seres insaciables, bestias a los ojos de la fé, de los de otros y de los suyos propios. Cayendo en la adrenalina infernal del deseo mutuo, satisfaciendo tanta tensión en brazos ajenos. No debería pertenecerle, no debería pecar de nuevo con la que el Creador había sentenciado como su hermana y sin embargo ahí estaba, salpicado en el placer que ella le daba, llenando su existencia con la suya, saciando el deseo infinito de tenerla una vez más de tantas. Anegando su corazón con las lágrimas que no supo soltar, con aquello que seguía oprimiendo su estómago hasta casi hacerle vomitar. Fuertemente apretaba las manos de la mujer a la que amaba mientras ambos cuerpos se anexionaban el uno al otro entre embestidas cargadas de emoción y lujuria. Si no lo tocaba, si impedía que su armadura se desgastara con el roce de ellas, nada sería de verdad. Ni los sentimientos que afloraban al mirarla, ni el placer fortuito de una noche entre las sábanas, ni el despertar del durmiente amor que le tenía. Hasta que pudo comprender que era tarde, cuando quiso darse cuenta el dolor había tomado el papel de visionario frente a la alegría de verla allí junto a él.
Zack se acoplaba a la perfección en las caderas expuestas de la muchacha, que se rendían ante la exaltación de unos movimientos acompasados. Casi ensallados.

Rompió las cadenas que había supuesto con su agarre para poder tirar suavemente del cabello de la rubia hacia atrás. Sin fuerza, dejando que ella siguiera el movimiento que le indicaba. Su cuello de cisne al descubierto tentaron al hermano de Satanás como la miel al oso, haciendo que unos besos apasionados se depositaran en el mismo de manera acelerada. Y así pegó su torso completamente al de ella, indicándole con la mano libre que volviera a enrroscar las piernas en su cadera. Fue su velocidad la que aumentó, provocando que la cama se moviera y tuviera que agarrarse al cabezal de la misma. El ruido de los viejos muelles y del mueble al golpear contra la pared inundaban el ambiente, así como los jadeos de un Bertram entregado. Sentía la fuerza electrizante en su cuerpo, que le provocaba un temblor placentero irrepetible en otras ocasiones, y la calidez de la intimidad de Ruth que sólo conseguía que el propio aumentase. Su rerpiración acelerada acompañaba al ritmo de su pulso mientras su cuerpo sudoroso se deslizaba sobre el de la muchaha. Ella quería ser suya una vez, y otra, y otra más... Fue entonces cuando el sucio de Bertram comprendió que lo sería siempre, aunque implicara entregarse a la bastarda en cuerpo y alma. La vería deleitarse entre los enfermizos y adictivos páramos que él representaba, porque no era más que un reflejo de lo que sentía al tenrla como lo estaba haciendo.—Héd...— susurró él esta entre jadeos nerviosos, como si quiesiera decirle algo que nunca terminó de decir. Había sido la primera vez desde su llegada, que había pronunciado su nombre de una manera que le gustara. En la boca siempre encontraba ese "Ruth" que tan poco le gustaba escuchar.—Te quiero.— y era cierto, por mucho que se arrepintiera luego de haberle dicho esas dos palabras. Palabras que no echaban por tierra todo lo que tenía pensado para ella.

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Re: When you hold me, I’m dead - Privado -

Mensaje por R. Héddavē Crohënberg el Sáb Mar 09, 2013 2:10 pm


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La lluvia hacia su orquesta contra el zinc en un suave cántico nocturno. Parecía que no daría tregua hasta el siguiente y ninguno de los dos tampoco estaba dispuesto a separarse. Como un adicto, nada era suficiente, su sed se incrementaba, como si no estuviera conforme con semejante unión. Ella quería grabar su nombre en su cuerpo, quería una muestra de que él solo podía ser suyo. Monopolizadora, posesiva. Ese ángel que se derretía en brazos del demonio no podía detenerse. Las sensaciones iban y venían como las olas del mar, bravas, sin piedad, arrasaban con toda duda, toda incertidumbre y la envolvían en las profundidades del deseo y el placer. El sudor y la calidez derrocaban la crueldad del invierno y en un colchón que a penas cabían dos personas ellos se hacían uno. Las manos de Ruth llegaron a ser liberadas y no tardaron en aferrarse a los hombros de Z, enterrando sus uñas en su piel, deseando que sus marcas perdurasen más que las cicatrices del maltrato. Su espalda se arqueaba como una gimnasta hacia atrás mientras sus caderas seguían el vals del bombeo que ejercía su hermano. Una y otra vez, la embestía con tanta pasión que sentía como se iba quebrando poco a poco. Y le gustaba, le gustaba porque quería hacerse pedazos en sus brazos. Vil, masoquista, sus lágrimas de felicidad en medio del dolor placentero era como una adicción dulce. Un veneno que sabía a miel. Enredó sus piernas alrededor del rubio y gimoteo más por la intensidad con la que ahora lo sentía, ta profundo, tan delicioso, todo su ser lo aceptaba y ahora parecía no dejarlo ir ni aunque el infierno se abriese.

Sólo una palabra bastó para que todo su cuerpo se contrajera y todo su interior lo apretase con desesperación. Esas palabras que parecían olvidadas, susurradas entre jadeos calientes y extasiados. El corazón de Ruth galopaba como caballo de carrera y sus lágrimas salieron en la incredulidad del primer orgasmo que sólo el provocaba. - Bertram... - Gimoteó sonriendo con ternura y éxtasis hasta que en una maniobra pudo quedar encima suyo, con su pequeño cuerpo pegado a él y sus manos puestas en su pecho. Su larga cabellera alborotada y salvaje caía como una cortina espesa de oro, cubriendo los pechos de Ruth y acariciando el torso de su amado. Sonreía entre el deleite de verlo de esa manera, sumiso, pleno, bajo su cuerpo. Sus manos trazaron sus músculos y con su dedo índice fue subiendo por su cuello mientras mordía sus labios de forma coqueta y casi infantil. - Me haces tan feliz... - Dijo ilusionada, como si no hubiese riesgo de una caída que terminaría matándola. Ilusa. Sus caderas se movieron encima de él y como si no hubiese sentido esa oleada volvió a sumergirse en el maná de su hombría. Deseando recibir cada parte y cada gota de él. - Te quiero tanto... - Dijo acercando sus labios a los de él, sonriendo sobre ellos a medida que su lengua se iba introduciendo invitando a su hermano a seguirla, a tomarla de la cintura, a sentirla hasta el fondo de toda perdición hermosa.

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Re: When you hold me, I’m dead - Privado -

Mensaje por Z. Bertram Crohënberg el Dom Mar 10, 2013 11:13 am


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Una madición callada fue lanzada, cargada de ira y sufrimiento. La idea martilleaba su mente, provocándole un dolor físico que no se iría hasta que no la viera. Latente, feroz, simplemente insoportable. ¿Cómo soportar la idea de ser querido?. Afrontar la verdad no entraba dentro del día a día, ser amado entre tanta degracia mucho menos. Observó el dulce balanceo fugaz de las hebras doradas de Ruth, se concentró momentáneamente en aquel cosquilleo que le provocaba en el abdomen como si fuera un sueño, un espejismo en medio del desierto. Las mános impacientes de la mujer, el beso prohibido depositado entre sonrisas en sus labios y el sentir furtivo de su acelerado corazón, hicieron que sus manos viajaran con torpeza hacia las caderas perfectas de ella. Curvas delineadas por Dios, donde los hombres derrapaban y el universo terminaba. Ruth era el paraíso hecho carne, el regocijo que Zack necesitaba.

Danzó junto a ella, dejando que marcara el ritmo de la acción; bailando lento, sintiendo cada palmo de su hermana como un manjar infinito. Clavaba por instinto animal los dedos en la carne impía, marcándola entonces como suya. Así la sentía, así debía sentirla. Unos pensamientos de posesión que lo llevaron a marcarle el ritmo, a llevarla más rápido, más placentero. Deleitaba su vista con el movimiento desenfrenado de sus pechos, que lo tentaban como a Adán y a Eva a tomar del fruto. Zack lanzó una mirada al cielo junto a un gruñido de placer profundo, sonriendo con maldad. Como si Dios pudiera ser aún más molestado. Desafiante se presentó ante su presencia con los movimientos sensuales de la unión del alma. Zack se levantó quedando sentado, agarrando a su hermana por la espalda mientras se entretenía en besar cada palmo de sus pechos.—No pares.— le comentó en tono de súplica. Su rostro quedaba tapado por los mechones del cabello propio, que se pagaban a su piel por culpa del agua desprendida, sin embargo parecían no molestarle en absluto.
La miró mientras hundiéndose en el universo infinito de su mirada, observando las facciones de placer que Ruth presentaba. Tan perfecta... Como una mismísima obra de arte. Rápido era el veneno que ella le inyectaba, tanto que a penas podía darse cuenta de cuánto daño le hacía eso. Su tóxica existencia amenazaba la de Zack con cada caricia y gesto de amor que se daban. Aumentando insanamente esa obsesión oxidada por los años, degradando en una adicción demoniáca y pecaminosa.

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Re: When you hold me, I’m dead - Privado -

Mensaje por R. Héddavē Crohënberg el Dom Mar 10, 2013 3:53 pm


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El sudor era el amante de Ruth, la única mano ajena que le acariciaba, que recorría su cuello, sus pechos, terminaba en su pelvis y descendía más allá. La humedad era palpable, más que el frío, más que cualquier estimulo externo que no sea el calor que ambos cuerpos emanaban. Como un desastre natural, como una plaga que se extendía arrasando sin piedad, así era el mar de emociones, así era todo el deseo que se derramaba en su ser como lava caliente, moldeándola cual arcilla, cual masa comestible. Los años parecían nunca haber pasado, las palabras parecían nunca haber destruido algo de ella, tal vez porque en ese momento ella podía perdonar todo, todo porque él la estaba haciendo suya y él estaba siendo marcado como su hombre. La blasfemia de dientes para dentro se expresaba como un gruñido, con simple carraspeo de su garganta por tantos gemidos que se acompasaban con las cabalgadas lentas, rápidas, irregulares en su magnificencia. Su cuerpo ya no era suyo, su alma ya no le pertenecía y su inocencia nuevamente era tomada por el mismo hombre ruin y voraz que una vez la dejó deshojada, como una pequeña y frágil flor marchita. - Ahh... no lo haré... - Gimoteó con dificultad agarrándose de su cuello como una enredadera firme y audaz. El bamboleo de sus pechos era suprimido por su boca, por esa que lamía y besaba cada tramo de sus montañas nevadas decoradas con esos botones rosados que ser erguían imponentes para él. La mente rebosante de él no podía advertirse, prevenirse de lo que se venía ¿Y como hacerlo? Aun si lo hacía, ella haría caso omiso porque con impaciencia hundía la cabeza de su hermano contra sus pechos, insistiendo en la intensidad de sus besos mientras ella seguía la faena de la danza de ambas intimidades encajando perfectamente, creados el uno para el otro.

¿Había sido una jugarreta que fueran hermanos? ¿Acaso fue una broma de muy mal gusto?. Destrozando cada paradigma, cada barrera ella se entregaba, con cuerpo, alma y corazón. Sus dedos se hundía entre la melena salvaje de su hermano y el aroma de su cuerpo era tan embriagante y tan afrodisíaco que le hacía sollozar por el miedo de que tanto placer terminase matándola.

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