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When you hold me, I’m dead - Privado -

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Re: When you hold me, I’m dead - Privado -

Mensaje por Z. Bertram Crohënberg el Lun Mar 11, 2013 4:44 am


When you hold me, I'm dead
Cabaña – Lunes nublado – Héddavē



El amor ardiente empezaba a escocer como una herida abierta, perforando cada espacio de su ser en una prolongada agonía. Ya no era él, eran ambos. Mucho tiempo le había llevado comprobar a Zack que vivía por ella, por la pequeña luz marchita que aún veía cuando se miraba al espejo. La sorprendía reflejada en su iris, en sus gestos y en cada parpadeo. En su ausencia infernal tuvo tiempo de sentirse vacío e incompleto, como si siempre hubiesen sido un solo ser, un único elemento desgastado por la distancia. Por doquier había sufrido el sentirla sin estar presente, el tener impregnado en la memoria su aroma. La había llevado dentro, colgada en su corazón y en su andar. Idealizándola para chocarse contra el alto muro cuando dio media vuelta para no volver... Esa fue la horrible decepción de Bertram, decepción tapada por esos momentos en los que pudo sentirse íntegro. Volvió a él como los bumerán a su dueño y ahora, como si el tiempo no hubiera pasado, eran de nuevo esos niños que lo daban todo por el otro.

Zack pensaba que podía morir allí, entre los brazos de quien tanto daño y amor había proporcionado a su vida, en los desbocados balanceos de sus caderas, enredado en los montículos que coronaban su torso; se veía dando de nuevo de qué hablar. Las manos aceleradas buscaban acariciar de nuevo cada fino trazo de su espalda, su cuello y su guedeja. Era fácil complacer los deseos que lanzaba al aire con sus movimientos y perderse en la sensualidad desprendida por cada uno de sus poros. No podía pensar con la claridad que se había prometido, ni si quiera pretenderlo. Ardería facilmente en las profundidades del Averno sin salvador, sin alguien que tomara su mano para sacarlo de la oscuridad. Condenado a vagar infinitamente entre los desolados páramos de Satán, entre los pecados cometidos y el daño infligido. Olvidando para siempre la añoranza de ser aquel que era. Pero si ella se iba, si volvía a perderla, su mundo se derrumbaría convirtiéndose en polvo.

El rubio sintió ese primer escalofrío cuando la mujer encajó cuales piezas de puzzle ambas intimidades, ese que le hizo lanzarse a su boca y ahogar un profundo gemido en los labios ajenos. Con la fuerza algo descontrolada, presionó el cuerpo de Ruth contra el suyo, haciendo que ambos torsos quedaran unidos. Volvió a tomar las riendas de la situación tras un tiempo que no había calculado y la posicionó bajo él. Zack sentía como el mundo se le venía encima y como, sin poder controlarse, las acometidas eran más rápidas y fuertes. Se dejaba llevar por esa ola de sensación que se adueñaba de su cuerpo desde la punta de los pies hasta el último pelo de su cabeza. Su mano apoyada en el colchón se sujetaba al mismo con la misma intensidad con la que le gustaría agarrarla a ella, hundiéndolo de manera exagerada en dicha parte. Deseaba ir más allá, más al fondo, sin poder conseguir todo lo que se preoponía: poder sentirla verdaderamente entera. Porque su momento, ese alto climax, estaba por fin llegando.

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Re: When you hold me, I’m dead - Privado -

Mensaje por R. Héddavē Crohënberg el Lun Mar 11, 2013 1:35 pm


When you hold me, I’m dead
Cabaña – Lunes Nublado - Tarde – Z.




Todo el dolor que había sentido parecía lejano, parecía como si todo cicatrizase lenta y hermosamente. Así de simple era Ruth. Ella podía olvidar todo con tal de estar en sus brazos, protegida, amada, añorada. ¿Cómo era posible que ambos fueran producto de los mismos padres?. Era posible, y tal vez por eso es que eran el uno para el otro, tal vez por eso su obsesión era incurable, porque la sangre llamaba, llamaba al pecado y al deseo egoísta de un idilio marchito consumado. Toda ella era trazada, marcada, ningún hombre podría tenerla como su hermano, ella había sido mujer de él, desde siempre, ni siquiera dentro de los seis años ella probó otro deleite que no fuese la piel y caricias del rubio. Así de pura, la muchacha embarrada de oscuridad y pecado. Los rezos quedaban en silencio mientras que inocentemente suplicaba por una piedad en medio de gemidos lascivos y lágrimas producidas por el más puro placer. Sus labios dolían de tanto beso y sus pezones parecían enrojecerse suavemente por toda la atención proporcionada. Héd no se detenía a pensar en las consecuencias, en el producto de sus crímenes, en ese momento ella solo quería concentrarse en él. En cada tramo de su ser, esa línea que la yugular marcaba en su cuello... su clavícula, sus pectorales, su abdomen, los vellos que asomaban en su abdomen bajo... cada parte de él ella se lo grababa en la retina para jamás olvidar eso, jamás borrarlo de su mente. ¿Acaso él no sentía lo mismo?.

Las caderas de Ruth no daban tregua y su danza e incluso contraatacaron cuando con fiereza fue detenida hacia lo más profundo de la unión. Completamente un solo ser. El delicado y frágil cuerpo de la rubia tembló sobre él e incluso siguió retorciéndose cuando Zack la tumbó y tomó autoridad sobre ella. Y le gustaba, le fascinaba, la enamoraba verlo desde abajo, mirar como los mechones de su cabello caían de forma sensual en su rostro, como su mandíbula se apretaba con fuerza, pero sobretodo, como la miraba, como la desnudaba imposiblemente con sus ojos, esos hermosos orbes que la enloquecían y le ahogaban en un frenesí desenfrenado. Más, más, ella pedía más, más de lo que él le estaba dando en esos momentos. Quería sentirse llena de él, que ni un solo rincón de su pequeño ser olvidase a su hermano. Los labios de Hédd se abrieron intentando tomar bocanadas de aire pero solo conseguía dejar salir gemidos cantarinos y provocativos, como si su cuerpo y sus meneos no fuesen suficientes para hacerle sentir en el climax. Ella elevó su torso para agarrarse del cuello de Bertram y mordió el lóbulo de su oreja suavemente, jadeando y entre susurros - Lléname de ti, Bertram... - Suplicó sintiendo los espamos que recorrían todo su interior.

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Re: When you hold me, I’m dead - Privado -

Mensaje por Z. Bertram Crohënberg el Mar Mar 12, 2013 1:07 pm


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Cabaña – Lunes nublado – Héddavē



Su cantarina voz inundaba cada rincón de la oscura estancia con su particular armonia. Casi sin querer los de Zack se acompasaron a los de la mujer que amaba, porque con cada vavivén aumentaban los espasmos de su cuerpo ya descontrolado. Notaba el cansancio en sus extremidades, en cada una de ellas, y sin embargo no estaba dispuesto a parar. Verla disfrutar con lo que él le daba le excitaba más. Darlo todo, no dejarse ganar por sus músculos algo entumecidos... Un escalofrío recorrió su espina dorsal ante las palabras de la muchacha, incluso cerró los ojos durante un instante para aclarar su mente. Ruth se encontraba colgada en su cuello, con lo que él la sujetaba con fuerza por la espalda -con una mano únicamente- dejando nuevas marcas en su piel de porcelana. Ese abrazo lascivo los unía completamente, revolviendo dentro de su cuerpo esa dependencia que ya solía sentir con anterioridad y haciendo que incrementara, si era posible, la velocidad de cada una de sus embestidas. Se tomaba la libertad de gruñir contra el oído de ella, gruñir con la pasión desenfrenada que le azotaba.

Pornto esa fuerte oleada de placer rellenó cada espacio de su mente y cuerpo, envolviéndolo todo como una ola arrolladora. Sus ojos se cerraron con intensidad, notando esa pequeña gota de sudor resbalándole por la frente de manera precipitada. Lanzó un fuerte gemido continuo al aire, porque aquel orgasmo fue tan intenso como prolongado. La inundó complaciendo sus deseos, dejando que todo su ser formara parte de Dave. Durante un instante no hizo ningún tipo de movimiento, pues se dedicó a tomar el aire que le faltaba. Se quedó abrazado a ella en la incómoda posición, asimilando poco a poco lo que acababa de pasar. Su cuerpo sudoroso pedía espacio, uno que no tenía con Ruth pegada a él. Despacio soltó a la chica y se separó de ella completamente, inclinándose hacia un lado de la cama para alcanzar la sábana que con anterioridad había dejado caer en el suelo con sus propias manos. Se tumbó de lado junto a ella, aún con la celerada pulsación, cubiertos por la fina tela. No decía nada, ni si quiera se atrevía a hacerlo, lo único que podía hacer era mirarla con sus magníficos ojos expresivos.
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Re: When you hold me, I’m dead - Privado -

Mensaje por R. Héddavē Crohënberg el Mar Mar 12, 2013 7:47 pm


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Arrancale la piel, destrózala. Él podía hacer lo que quisiera en esa frágil persona que se derretía bajo su cuerpo. Que gimoteaba y jadeaba en un coro angelical y provocativo. La perdición de cualquier hombre. Los bucles le caían por detrás en una maraña desordenada, dejando de cubrir sus pechos que ahora encontraban regocijo en el contacto del torso de su hombre. El más mínimo roce solo conseguía que ella se hiciese débil ante la oleada que se le venía, fría y a la vez ardiente. Héddavē no podía pensar con claridad, ni siquiera estando cuerda. Parecía hundida en un estado etílico, embriagada por él. Incrustó con fuerza sus uñas en la piel de Zack a medida que sentía como su interior ya no resistiría, ni él tampoco, era un preludio a lo inevitable, a lo añorado, como si todo estuviese fríamente calculado por sus cuerpos. Como una coreografía previamente elaborada y de la cual ellos no eran consciente. Tan natural, tan moral y a la vez ruin. La rubia solo podía desear una cosa en su vida. Él. Nada más en esos momentos valía tanto como para que la mente de la rubia se concentrase en recordar. Su cuello se estilizó cuando ella hizo para atrás su cabeza al tiempo en que el gruñido de su hermano parecía desgarrarle la piel y entonces, entonces esa oleada la recorrió en un compás armónico. Un pitido calló todo el lugar y solo podía envolverse en el manto del placer, de la calidez y de la llenura que la embargaban y le arrebataban cada parte de ella. Como si en esa corrida ella hubiese perdido sus huesos, su raciocinio, todo.

Parecía flotar y deslizarse en el éxtasis de una inhalada. Sonreí, sonreía mientras respiraba, con fuerza, con profundidad. Todo su ser parecía gelatina, un flan sin fuerzas que solo podía sonreír y respirar mientras la felicidad se destilaba por cada poro. Los ojos de Ruth no pararon de mirarlo, de escrutar cada mueca, cada movimiento de su cuerpo. Incluso ella protestó cuando la soltó, hizo una mueca asustada pero luego lo aceptó, como una niña intentando portarse madura, intentando no ser caprichosa pero que aún así, lo era. Se sentía desnuda sin el gigante cuerpo de su hermano protegiendole, se sentía inválida, inmune. Su corazón no paraba de latirle con fuerza y el rubor asomaba cuando sus ojos se encontraban ocasionando que ella bajase la mirada avergonzada. Agradeció silenciosamente la sábana sin poder mirarlo. Intentaba controlarse, controlar la risa que no se despegaba de su angelical rostro, intentar que su corazón parase de latirle a lo loco. Si conseguirlo. Valientemente optó por girarse hacia él, apoyando su cabeza en su brazo extendido, mirándolo detenidamente, en silencio. Una sonrisa más amplia apareció en un esbozo sutil y sus labios fueron mordidos delicadamente en un intento de no ser tan obvia en su felicidad, en su fantasía. - Hey... - Susurró, vagamente, en un tono dulce, vago, muy casual y sin un significado especifico, alzando los ojos y estrellando su mirada contra el mar de su hermano.

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Re: When you hold me, I’m dead - Privado -

Mensaje por Z. Bertram Crohënberg el Miér Mar 13, 2013 2:26 pm


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Volvía a sentir esa cercanía dañina contra él, siendo masoquistamente perfecto por no poder parar de observarla. Ruth lo miraba con sus iluminados ojos cristalinos, un infinito sumidero de sus sentimientos, unos chivatos de aquello que Zack no quería conocer. Así se sentía débil y con el corazón encogido, como si su consciencia gritara entre los vestigios de su retorcido parecer. Como un imbécil enamorado, el rubio le lanzó una tierna sonrisa a la muchacha mientras rozaba delicadamente su mejilla con el dedo índice.—Hey...— repitió temeroso y tímido, de una manera que no acostumbraba a ser. Suspiró pensativo mirando hacia el futuro cercano. ¿Cómo sería capaz de destruir esa magnífica luz azul que salía de sus ojos?, ¿cómo hacer que se marchitase la felicidad propia?. Zack se maldijo una y mil veces más, dejando claro que jamás debía de haberse vuelto a acostar con su hermana.—Yo...— sacudió la cabeza y cerró los ojos, tomando el suficiente valor como para hacer lo que a continuación venía.

Se incorporó quedando entado, pasando con desesperación la palma de su mano por el pelo. Su cabeza gacha y espalda algo encorbada denotaba el cansancio personal que sentía.—¿Qué crees que va a pasar ahora?.— necesitaba conocer la repsuesta a esa pregunta, simple y llanamente para poner los puntos sobre las íes. Zack ni si quiera se había permitido disfrutar de minutos en silencio con ella, tumbados y demostrándose el uno al otro lo mucho que ansiaban la compañía del otro. Fue al grano, poniendo el dedo en la llaga como si no tuviera otra cosa mejor que hacer. Dejó caer sobre sus piernas los brazos, sin ganas de manetenerlos arriba. Su cabeza se giró levemente hacia un lado, pudiendo mirar de reojo a su hermana entre los finos mechones de su pelo que le caían sobre el rostro. No podía mirarla directamente, no debía o perdería de nuevo la cordura y la noción de sus acciones.
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Re: When you hold me, I’m dead - Privado -

Mensaje por R. Héddavē Crohënberg el Miér Mar 13, 2013 3:21 pm


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Las nubes eran rosas y el sol morado. Para Ruth todo parecía descabello y fantasioso, como salido de un cuento, como si estuviese flotando en la burbuja de sueños felices del cual nunca despertaría. En un estado comatoso, descuidado e indemne. Los ojos le brillaban como estrellas inmortales y la sonrisa parecía no quitarsele por nada del mundo. Sus labios se fruncieron en un puchero casi infantil y tierno al sentir el dedo de su hermano deslizándose por su piel. Lanzó un beso silencioso y encubierto por el mohín delicado que profesaba. Rió por lo bajo mordiendo su labio inferior, intentando contener esa felicidad desbordante, radiante como el mismo sol incandescente. Como un Ícaro ella no se daba cuenta de que ella no era el sol, ella era el tonto humano consumido por el calor que pronto terminaría en cenizas. El frío no parecía tocarlos, al menos no a la rubia, su cuerpo pese a estar débil y sin fuerzas aún podía deslizarse hasta estar más cerca de Zack, pero ese calor emanado fue tan efímero como su felicidad, ya que pronto un temor la invadió como un temblor horroroso y sus ojos tenían miedo de despegarse de la figura de su hermano, el cual pronto terminó por elevarse en un semblante acongojado. El corazón se le encogió y ella solo pudo esbozar una sonrisa, una temerosa, una agarrada a una felicidad que se derrumbaba por la estupida realidad.

- ¿Qué va ha pasar? - Preguntó, con la garganta seca y la mente confundida, echa un caos. Intentó pasar su mano por la coronilla de su cabeza pero se detuvo en el nudo que se había echo por tanto trajín, así que optó por desenredarlo mientras hacía lo mismo mentalmente. No tenía la respuesta, ella había estado tan sumida que no pensó en las consecuencias, nuevamente, no lo había pensando. Ella sintió su desnudez como un pecado y disimuladamente se tapó lo que pudo con la sábana. Y entonces lo miró. Parecía arrepentido, parecía cansado, momentos antes él le había mirado tan amoroso, y ahora él se encontraba allí, decaído, preocupado. Distante. Los ojos se le llenaban de lágrimas y el miedo parecía consumirla en desesperación. Mordió su labio y cerró los ojos en silencio intentando no jadear, no gimotear, no llorar. No dejar su alma en pedazos. Tragó saliva tomándose unos minutos para luego aspirar y acercarse lentamente hacia él. - No tengo la respuesta a eso, Bertram - Su voz, suave y algo quebradiza fue susurrada en su oído mientras ella lo abrazaba por la espalda y besaba delicadamente su mejilla, por debajo de su oreja. Las manos de ella acariciaron en círculos su pecho y terminó por apretar con fuerza los puños. La espalda de su hermano estaba fría; ella lo sabía desde que su torso desnudo estaba pegada a este; como si en ese momento todo el calor se hubiese ido y el frío invernal hubiese tomado protagonismo.

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Re: When you hold me, I’m dead - Privado -

Mensaje por Z. Bertram Crohënberg el Jue Mar 14, 2013 1:51 pm


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De repente todo se tornó oscuro, como un agujero sin fondo que tocar. La luz entraba y no salía, sin dejar reflejar ni un sólo ápice de lo que Zack desearía hacer realmente. Ante su aproximación cerró fuertemente los ojos, notando esa calidez desprendida por Ruth, una calidez por la que lo habría dado todo en cualquier instante de su vida. La lluvia comenzaba a calar en todo su ser, tensando sus facciones y volviendo a su natural forma de ser. Sin embargo aquel suave beso nubló cualquier macabro pensamiento para con la chica, que parecía estar tan asustada de él como al principio. Lentamente colocó sus manos sobre las de ella, cerradas en un fuerte puño sobre su torso desnudo. Las apretó suavemente entre los gritos agudos de no deber hacerlo, esa voz que le indicaba que debía irse y desaparecer.—Nada, no pasará nada.— sonrió con amargura sin ser visto, sabiendo que esos serían los instantes más cercanos a Ruth que volvería a tener en mucho tiempo.—Olvídalo.— negó con la cabeza, por una noche, por una triste noche, nada tendría importancia.

Zack se giró hacia ella vagamente, pasando un brazo por encima de los hombres de la rubia y echando el peso de su cuerpo hacia atras hasta quedar completamente tumbado.—Seremos tú y yo, nadie más.— todo cambiaría cuando el astro rey asomara con esplendor entre las nubes que lloraban aquella noche, cuando tuviera que volver a sus rezos y plegarias a un Dios al que le había perdido el respeto, cuando, como siempre, su padre se convirtiera en el guía al que deber seguir. El techo húmedo por la lluvia acompañaba la mirada ausente del diácono, como si ésta estuviera concentrada en evadir el odio y la ira tan tremendamente impregnada en su corazón.
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Re: When you hold me, I’m dead - Privado -

Mensaje por R. Héddavē Crohënberg el Vie Mar 15, 2013 8:24 am


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Olvidar lo pasado era como negar la existencia de algo. Para Ruth, perder cuenta de todo era fácil, fácil porque su mente abordaba completamente otra cosa, pero ese caso era diferente, ella podía palpar la duda en cada palabra, en cada segundo que su mano se mantenía encerrada en la gran diestra de Zack. La rubia perdió el aliento, consciente de que para su hermano debía ser duro todo eso. Y entonces ella nuevamente sintió el peso de la culpa, como la primera vez que ambos consumaron su relación. ¿No había sido ella quien le había dado el primer beso?. Sí, pero él fue quien la tumbó y la hizo suya. Pero Ruth fue el detonante. Como ahora, tan indefensa, tan puritana y amorosa que parecía imposible que esa mujer fuese una exiliada más, una pecadora más. Los ojos se le llenaban de lágrimas pero simplemente no podía darse el lujo de mostrarse débil, arrepentida. Sonrió con cierta melancolía y arrimó su cabeza en el hombro de Bertram mientras se dejaba calentar por el contacto de sus cuerpos y cedió lentamente junto a él a acostarse nuevamente. Ella se apoderó del brazo de él y pegó su cuerpo completamente al suyo mientras lo abrazaba y sus dedos jugaban en el pecho de su hombre haciendo círculos pequeños. - De acuerdo. Nadie más. - Susurró antes de que una imagen cruzase por su mente, esa olvidada que marcaba su cuerpo en una cicatriz de guerra perdida. ¿Debería decirle? ¿Debería callarse? ¿Cómo reaccionaría?. No lo sabía, Ruth comenzó a sentir el escalofrío del pavor, de la incertidumbre y su corazón nuevamente galopó en un intento de huir de su pecho. Lentamente alzó la mirada hacia él y contempló sus facciones nuevamente mientras su mano ascendía y acariciaba sus labios y se escurrían por sus comisuras hasta acariciar su melena de oro, como la de ella. - Sabes que te quiero tanto... - Susurró, imaginando los ojos del pequeño que le fue arrebatado. Y sus lágrimas se escurrieron por sus ojos. - Tanto que duele... - Su voz se quebró y ocultó su rostro en su pecho intentando buscar refugio en la telaraña de su hermano.

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Re: When you hold me, I’m dead - Privado -

Mensaje por Z. Bertram Crohënberg el Sáb Mar 16, 2013 3:15 am


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Las piernas comenzaron a temblarle de nuevo en una brutal danza. La quería cerca y lejos a la vez. Su raciocinio le pedía que se alejara, que no volviera sobre sus pasos y dejara que el tiempo borrara las huellas del amor. Pero, si no lo había conseguido en cinco años, ¿cómo pretender hacerlo en toda una vida?. Una vida sin ella, sin su olor, sin sus brillantes ojos sobre los suyos, simplemente el vago recuerdo de lo que una vez pudo sentir como suyo. No era lo que le decía a voces el corazón, que pretendía mantenerla para siempre a su lado aunque eso supusiera que le arrancara la piel a tiras. Lo dejaba indefenso, sin armas que poder utilizar. Se sentía inutil e incapaz de hacer nada, todo giraba entorno a ella. Era su eje, su hemisferio. No podía evitar ese contacto feroz de su piel contra la de los cabellos de oro, caricias soltadas sin ningún fin más que el de regocijarse en la misma. Bajó la mirada hasta a ella en esas sus palabras para poder mirar sus llorosos ojos. Amenazaban con soltarlo todo. Se inclinó suavemente hacia abajo, depositando un dulce beso en la frente de su hermana.—Te entiendo.— pareció un susurro agónico atrapado entre el dolor y la alegría.

Zack comprendió que no se iría hasta por la mañana, cuando ella durmiera plácidamente en sus manos. Volvería a dejarla sola, a darle a enteder que tantas palabras y acciones se quedarían en nada entre sus planes. Estaba dispuesto a seguir, aunque en aquellos instantes deseara que nada infectase con su presencia tan anhelados momentos. Suspiró con tristeza impregnada en llanto, carraspeando para que el nudo de su garganta lo dejara respirar con normalidad. Se asfixiaba en sus propios pensamientos y en los de ella, que parecía otra con su renovada presencia. Bertram enredó una mano en su melena mientras jugaba con sus finas hebras entres los dedos.—Vamos a dormir.— un hilo de voz a penas perceptible, necesitó carraspear una vez más para hacerse oir entre el ruído del agua al caer en el tejado.—Mañana será otro día.— muy diferente al que habían tenido aquella noche. Todo cambiaría para peor pues Bertram sabía que estaba abandonado poco a poco cualquier posibilidad de volver a estar así con ella. Lo dejaría todo, absolutamente todo, por esa cabezonería que rozaba lo absurdo.
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Mensaje por R. Héddavē Crohënberg el Lun Mar 18, 2013 11:42 am


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Una frase sutil, un suspiro pecador, ella podía decirlo todo y callarse el mundo. Si desease sacar toda esa carga simplemente debía abrir los labios y confesar, hacerlo como en sus noches de silencio, en la intimidad de su habitación. Tan simple, tan tortuoso. Las lágrimas se reunían en una marcha de protesta por dejarse caer, raudas, asesinas, tan saladas que podrían llegar a transformarse en amargo. El confort en los brazos de su hermano, era efímero, ella lo sabía, pero era tan cobarde que intentaba negarlo, intentaba hacerse a una idea idílica de un amor fortuito que podía llegar a nivel de un cuento. Ilusa. Mordió sus labios y se tragó la incertidumbre y la reveladora verdad, esa verdad que ella se reprochaba y que vomitaba cada vez que los ojos de su madre se posaban sobre ella. Muchas veces ella deseo drenar toda su sangre hasta que la última gota de sus progenitores se perdiese junto a ella. El llanto, la angustia, todo se mezclaba en medio de una felicidad ilusoria propia de Oz. - Vale. - Respondió en un suspiro que terminó en una suave sonrisa obediente y sumisa, ciertamente real. Su corazón calmó cada bombeo ruidoso y se dejó caer en los brazos de la tranquilidad que le propiciaba el rubio. En vez de una nana las caricias eran como el arrullo que tanto necesitaba, como la calma que tanto anhelaba.

Poco a poco iba cayendo en un mar que le ahogaba en la oscuridad de su sueño, la bravura de las olas la incitaban a lo más hondo y ella caía como una piedra anclada, sin poder luchar para salir a flote, solo fundiéndose como un resto mar de la inmensidad de su mente, de su conciencia. La tristeza le embargaba y el llanto de un bebé era la orquesta de tortura de esa mujer de vestido blanco desgarrado y manchado de sangre. La cicatriz que le surcaba el vientre parecía quemar todo y más doloroso era el llanto que retumbaba dentro de ella, que clamaba una vida lejos de su madre. Una pesadilla que la consumía seguido por un ruido de la realidad que detonaba su despertar.

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Re: When you hold me, I’m dead - Privado -

Mensaje por Z. Bertram Crohënberg el Lun Mar 18, 2013 3:21 pm


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El sueño le pesaba en los párpados, que comenzó a cerrar poco a poco mientras se dejaba llevar por el sentimiento de placidez que presentaba el momento. Con Ruth entre sus manos toda la vida cambiaba de color, incluso parecía tener alguna especie de sentido. Comprendía que aún había cosas por las que vivir, por las que luchar y sentirse vivo. Y como un imbécil que nada sabe abandonaría la serenidad que le proporcionaba con su calidez. Los ojos se le cerraron tras la que pareció una lucha interminable por no hacerlo, dejando que los sueños conquistaran sus pensamientos con imposibles situaciones. Esa noche no hubo pesadillas que atormentaran su existencia, ni malos recuerdos que volvieran para azotar cada parte de su cuerpo. No hubo nada, simplemente el sentimiento de estar bien, de sentirse querido.

Cuando despertó la lluvia había cesado y comenzaba a amanecer. Zack no solía dormir demasiado por su exigencia de horarios y casi estaba acostumbrado a despertarse a la misma hora. El frío hizo que la piel se le erizara, poniéndo cada uno de sus vellos de punta. Se restrgó los ojos, terminando de aclarar su vista. Junto a él aún descansaba la figura inmóvil y plácida de su hermana, una figura que observó durante unos interminables instantes mientras terminaba de decidirse por levantarse de aquella cama y comenzar a vestirse. En el exterior podían dejarse oir los pájaros al cantar, que solían alegrar cualquier mañana por extraña que resultase. Al terminar de abotonarse la camisa tuvo que darse media vuelta para coger la chaqueta tirada en el suelo junto a la ropa de trabajo de Dave y, sin querer, tiró una lámpara medio rota al suelo. El estruendoso sonido le hizo cerrar los ojos y mascullar entre dientes una de sus famosas maldiciones. Lanzó una mirada directa a su hermana, que comenzaba a despertarse.—Buenos días... Tengo que trabajar.— ni si quiera se disculpó, simplemente se excusó ante lo que la muchacha estaba viendo: se largaba de nuevo. Carraspeó cogiendo la chaqueta y terminando de ponérsela.—No tardes en volver a casa.— se puso los zapatos de manera acelerada y a lo bruto. Ya estaba deseando salir de allí.
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Re: When you hold me, I’m dead - Privado -

Mensaje por R. Héddavē Crohënberg el Lun Mar 18, 2013 3:32 pm


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Nunca amó tanto despertarse como en ese momento. En su mente turbulenta, llena de pesadillas y malos tragos, ella esperaba que sus ojos se abrieran para salir del tormento que su conciencia sometía en ella, quería abrirlos y ver la hermosa realidad de su querido Zack durmiente, a su lado. Besarlo, acariciarlo, sonreír tontamente y volver a conciliar el sueño, esta vez con imagenes hermosas de un futuro que nunca llegaría. Pero se equivocó. Los deseos nunca se cumplen, no para la angelical rubia. Poco a poco el retumbo en su mente le hizo abrir los ojos, haciendo vibrar a sus pestañas largas y perfectamente rizadas. La maraña le provocó un escozor que alejó con unos movimientos de su nariz y la vista se iba regulando al tenue resplandor que se colaba por la ventana. Bostezó con moderación antes de incorporar su cuerpo para observar de donde provenía el ruido.
- ¿ Buenos... días? - Masculló con su garganta ronca mientras su conciencia iba recuperando lucidez. Su mirada se enfocó en el otro lado de su cama, en ese vacío que comenzaba a disparar angustia en su pecho. Sus ojos se abrieron de pronto y la somnolencia quedó en segundo plano. Tardó un poco en procesar las palabras del rubio, en concretar las acciones de él y unir todas las piezas del puzzle. Su mirada se posó en su desnudez cubierta por la sábana y sus labios intentaron pronunciar algo, pero la sorpresa estaba bullendo en cierta histeria y pánico. - Pe-pero... - Tartamudeó justo cuando su hermano empezaba su marcha. Los ojos de Ruth se abrieron y como si le hubiesen jalado ella se puso de pie dando ciertos trompicones con la cola de la sábana en la que estaba embutida. Su delicada mano libre lo agarró con una fuerza exagerada y temblorosa. - ¿Pasa algo? - Preguntó, con un hilo de voz y la maraña cubriendo su rostro. La frialdad de su hermano era palpable, la distancia parecía un abismo en el cual Ruth iba cayendo lentamente. Respuestas, solo respuestas era lo que deseaba.

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Re: When you hold me, I’m dead - Privado -

Mensaje por Z. Bertram Crohënberg el Miér Mar 20, 2013 2:20 pm


When you hold me, I'm dead
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La pregunta era tan ambigua como sus propios sentimientos. Bertram lo quería todo y no quería nada al mismo tiempo, la necesitaba y la repudiaba en un mismo tiempo. Parecía querer desaparecer, desvanecerse para que nada pudiera atormentarlo o dañarlo. Sus pasos ya se dirigían a la puerta cuando esa voz temblorosa derrumbó la frialdad con la que la había tratado nada más abrir los ojos, sin embargo no podía permitirse volver a flaquerar. No cuando tenía tan claro lo que debía hacer.—No pasa nada.— ni si quiera se dio la vuelta para encarar su azul mirada, sabía que se ahogaría en la profundidad de los mismos. Caería a ese agujero sin fin que siempre evitaba y, finalmente, sucumbiría a los deseos ajenos una vez más. Zack estaba aprendiendo a pensar por sí mismo, a hacer lo que quería... Había elegido el peor momento y la más horrible de las situaciones para hacerlo.—Simplemente tengo que trabajar, Ruth.— ahí estaba otra vez su muestra de desprecio, como si ya hubiera olvidado cualquier caricia dada y recibida, como si no sintiera escocer su piel tras el roce de sus cuerpos; como si no anhelara volver a arder entre sus brazos.

Vístete o cogerás frío. Hazme caso y vete a casa.— la amenaza oculta en sus palabras estaba clara: si no lo obedecía tomaría cartas en el asunto. Atras quedó aquella dichosa lámpara que lo había delatado, ni si quiera se había parado a recogerla. Casi pareció que cesó su respiración a la vez que se paralizaba, no podía dar un paso más. La lejanía provocada por su trato le haría tanto daño como la propia cercanía. Cerró las manos en dos fuertes puños, dejando que los nudillos se le pusieran blancos por la fuerza ejercida. Finalmente, tras casi tambalearse por el terror que le ocasionaba el tener que irse de allí, dio un paso seguido de otro para salir por la puerta de la cabaña.
Volvía a hacer frío, lo notaba en el cristal empañado de la única ventana del lugar y en las antigüas vigas de madera de lo confeccionaban. Madera que crujía po la misma sensación y por el pasar fatal de los años.
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Re: When you hold me, I’m dead - Privado -

Mensaje por R. Héddavē Crohënberg el Miér Mar 20, 2013 7:24 pm


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Un amargo dolor. Una penuria que no cesaba ni porque su mente se reprochaba. La conciencia le daba gritos, le insultaba, le incitaba a que obedeciera y olvidase todo. Pero Ruth no lo entendía. Los ojos se le llenaron de lágrimas pero ella apretó su mandíbula y su corazón para que ninguna cayera, absolutamente. Su garganta dolía y parecía como si le estuviesen ahorcando hasta quitarle la respiración. Una de la que se vio privada por unos momentos ya que se había olvidado de respirar. Las fuerzas se le iban quien sabe donde y pronto la desesperación comenzaba a tomar mando de ella. La locura, la indignación. El dolor insoportable que le manchaba el alma y el corazón.

- Porqué... !¿Porqué me haces esto, Zack?! - Alzó la voz, quebrada, encolerizada, histérica. Su agarre fue forzado a ceder y las fuerzas no regresaban ni siquiera cuando ella estaba dispuesta a escupir el infierno con el veneno más mortal. Su mano libre se pasó por su melena y la empuñó casi con el afán de tirar de él, pero se contuvo se contuvo en un grito ahogado lleno de impotencia, lleno de una ira y decepción. Morir había sido una opción tentadora, pero si moría, más dolería no verlo... no sentirlo... pero ¿qué diferencia había?. Él le había dejado claro, él había jugado con ella, le había echo tocar el cielo y le había arrojado como una burda mujer de calle, la tomó como suya para desecharla como una vil posesión. ¿Qué hay de los besos? ¿Qué hay de las caricias? ¿Sus palabras?. Nada, nada era verdadero, todo era falso. Su mundo se vio derrumbado de una manera catastrófica y sus rodillas parecían ceder con el peso de la gravedad.

Un último esfuerzo, solo uno y todo acabaría, todo ese ardor de su pecho cedería como un vómito asesino. Eso era todo. Sus piernas dieron unas zancadas hasta la puerta y ella vio la espalda de su hermano, lo odio. Ella no podía odiarlo, porque lo amaba más de lo que podía amarse a sí misma, con tal intensidad al borde de la obsesión enfermiza. Sálvenme. Suplicó, y entonces su voz se ahogó con el odio más masticable. - ¡Lárgate! ¡lo único que pido es que nuestro hijo jamás se parezca a ti, ¡jamás!! ¿Me oyes? ¡¡ Mi hijo... Dios... que no se parezca a una escoria mal nacida como tú!! - Gritó, su garganta de desgarró y ella gritó al tiempo que cerró con brusquedad la puerta de la cabaña y sus piernas terminaron por ceder y su espalda se apoyó en la madera para dejarse caer entre gimoteos y un llanto que podía matarla.

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Re: When you hold me, I’m dead - Privado -

Mensaje por Z. Bertram Crohënberg el Jue Mar 28, 2013 2:53 am


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El sonido de las últimas palabras y el golpe propinado por la puerta taladró su mente y alma hasta provocarle una taquicardia. El viento frío mecía su rubia melena mientras el dolor de su corazón se acrecentaba, y no era sólo dolor físico. Se llevó una mano al pecho, notando como se le cortaba la respiración y tenía dificultades para realizar la misma acción. Nuestro hijo, mi hijo..., había dicho Ruth mientras escupía el más intenso de los odios hacia su hermano, mientras éste ignoraba cada una de las crueles sensaciones que le provocaba a la muchacha y su corazón se aceleraba. Con la ansiedad pegada al cuerpo, Bertram no podía creerse la sinceridad en la boca ajena ni lo que ellos conllevaba. Con dificultad y agarrándose la ropa del pecho con fuerza, avanzó hacia la puerta de la cabaña y la abrió para encontrarse a Ruth tirada en el suelo. Dejó caer el cuerpo al suelo, posándose de rodillas frente a ella y tratando de respirar con la dificultad añadida.—¿Qué... has dicho?.— dejó caer de manera entrecortada, esta vez mirándola directamente a los ojos.—!¿Que qué coño has dicho?!.— a penas esperó unos segundos entre una pregunta y otra, siguiendo con esa sensación de ansiedad que le provocaba, aún más, dificultades respiratorias.

Las mueca de dolor se asomó en su rostro, pintando el ambiente con la tensión y el mismo dolor. Nada se compraba a lo que sentía, a aquello que le quebraba los latidos con cada aliento... Una de sus manos dio un golpe al suelo, apremiando a la rubia, casi amenazándola con violencia a que hablara. Sin embargo Zack no estaba para nada más que no fuera soportar la dura verdad que empezaba a comprender. Nada tenía sentido para él, no podía asumir la realidad. Más bien no quería hacerlo. Buscó consuelo por vez primera en Dios, que volvió a darle la espalda entre sus inservibles oraciones de diácono. El señor es mi pastor, nada me falta. Se repitió en su mente, olvidándose que mucho tiempo atrás habia renunciado a Él entre pecados y maldiciones infernales. Trazó su mente la cicatriz que adornaba su vientre con fina intensidad, recordatorio de un sufrir pasado que aún prevalecía en la memoria. Todo empezaba a encajar como un puzzle que sólo le ocasionaba más punzadas en el torso y acelerados pasos de un corazón desbocado que no buscaba más que la relajación momentánea. Y acudió sin previo aviso una pequeña figura de melena rubia y sin rostro, atormentando la necesidad de conocer que sentía y esa mueca de incomodidad y presión que se dejaba asomar en sus facciones.
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Re: When you hold me, I’m dead - Privado -

Mensaje por R. Héddavē Crohënberg el Jue Mar 28, 2013 7:22 am


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Tan lejos. Como si la distancia fuese un abismo interminable, como si aunque estuvieran a pocos metros, el aire que respiraban fuese tan diferente. Incluso el mundo en que ambos vivían difería tanto en la realidad a la que ambos se sometían. ¿Y entonces?. Entonces ellos colapsaban y sus mundos se unían en un caótico universo del cual anhelaban escapar. Del cual Ruth quería escapar. Estaba cansada. Su corazón no tenía arreglo, era una muñeca rota, una simple mujer desolada que no era nada, no era ni siquiera el vestigio de la fuerte y vivaracha Ruth que resurgió de las cenizas del abandono. No era nada. Absolutamente. Sus lágrimas habían secado todo de ella y le habían dejado marchita, indefensa, con un cuerpo que a penas se limitaba a realizar las funciones básicas. Sus ojos enrojecidos al igual que su nariz y la mirada aquamarina completamente desecha en dolor y pobreza. Ni siquiera se tomó la molestia de arreglar la sábana que la cubría y a penas podía arreglárselas para respirar con normalidad. Su corazón no se inmutó cuando la puerta se abrió de forma violenta y entonces la fría y desesperada; casi enloquecida; figura de su hermano se vio frente a ella, nuevamente.

A penas sus pestañas parpadeaban ante las amenazas de su hermano, ante sus gritos, ante él. Nada, su corazón latía, o al menos, eso explicaba el porque ella seguía viva. Su rostro dolía cuando intentaba contraerse en una mueca compungida. Como si la bofetada de ese día volviese fresca a ella. La garganta le pesaba y tuvo que tragar saliva antes de mostrar un signo de que aun seguía en la realidad. Su mano arregló su sábana y con dificultad se puso de pie apoyándose en la cabaña. Miró por un momento la melena rubia de su hermano y caminó arrastrando lentamente la cola de la sábana mientras sus piernas tambaleaban en cada zancada - Deberías saberlo... - Dijo con pesar y cierta indiferencia que no podía ocultar a su corazón desgarrado. - Nuestro hijo... - Una vaga sonrisa apareció invisible para su fraterno. Ella no podía pensar en qué decirle, en qué describirle ya que no sabría como seria ahora, después de todo ¿Cómo explicarle que su propia madre se lo quito? ¿Como decirle que ella no pudo protegerlo? El pánico le atacó de golpe y sus piernas flaquearon haciendo caer de golpe, llegando a ignorar el dolor de sus rodillas. - Ni siquiera tienes derecho a pensar en él como tuyo... ¡No tienes el maldito derecho de exigirme nada! - Chillo y tomó una bocanada de aire. Porque ella tampoco tenia ese derecho. - No lo tienes... - Apretó sus labios y se ahogó en su propio veneno.

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Re: When you hold me, I’m dead - Privado -

Mensaje por Z. Bertram Crohënberg el Jue Mar 28, 2013 11:16 am


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La oía lejos, como si su voz sólo fuera el eco de la verdadera. A penas pudo asimilarlas por completo. Bertram no estaba. Abandonó toda vida consciente para concentrarse en las maderas del suelo, en las finas líneas que las adronaban y en el movimiento casi satánico de la sábana de Ruth al deslizarse. Con ella se escapaban sus sonrisas, su felicidad y su mismísima vida. Ya nada parecía tener sentido, cualquier instante de equilibrio se había perdido entre el pensamiento borroso de su paternidad. ¿Qué podía hacer si no caer hasta el infinito Averno y dejar que las llamas lo consumiesen?. Sentía el dolor marchito de la ausencia, de una extraña nostalgia mezclada con el olor de la suave mañana. La mano del pecho pronto sintió la rigidez de la madera contra sus dedos, pues el suelo parecía el lugar mása apeteible y cercano a su fin en aquellos momentos. Si le dolía el corazón ya no lo sentía, si alguna vez amó lejos había quedado. Él contra el mundo, era ese polvo de la estantería que se acumulaba de manera continua. Se levantó con dificultad, teniendo que hacer un sobreesfuerzo para que no le flaquearan las piernas.—No lo tengo.— susurró entre dientes, aún sin ser, sin estar presente.

En su mirada perdida se vislumbraba la confusión y el engaño de los años. Dándose cuenta que todo en su vida había sido completamente mentira. Caminó como un perro detrás de su dueño creyendo sus palabras, ocultando el rostro tras la pierna del mismo mientras éste tiraba de la correa y lo moldeaba a su antojo. Viviendo por otros, siendo ese títere esstúpido de débiles cuerdas que lo sostenían, esas que se enrrollaban alrededor de su cuello hasta casi ahogarlo.
Giró rápido sobre sus talones, obviando la presencia de la chica de nuevo, y salió por la puerta dejándola abierta. Se olvidó de la falta de oxígeno, de lo entrecortado de su respiración y la aceleración física de su órgano madre. En su rostro la oscuridad del mismísimo demonio se alojaba, la misma que lo llevó a fijarse en un hacha oxidada y enbarrada que estaba tirada a un costado de la choza. Al cogerla entre sus manos sintió el poder renovador del mal, ese mismo que debía sentir Dios al jugar con el destino; el mismo que llevaba a Satanás a cometer el más inhumano de los actos. Con fuerza la sujetó entre sus manos, absorbiendo cada instante con ella.

En un momento miró hacia atrás y clavó su mirada aguada en Ruth, no iba a llorar. Sin mediar palabra con la mujer y diciéndolo todo con la mirada, emprendió un viaje hacia su perdición y la de otros. Un viaje que encontraba su fin con la sangre de sus progenitores recorreriendo sus manos, en el regocijo de saber que podría ser libre.
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Re: When you hold me, I’m dead - Privado -

Mensaje por R. Héddavē Crohënberg el Lun Abr 01, 2013 5:39 pm


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Ninguno de los dos. Nadie tenía el derecho de ser el padre o a la madre de esa criatura que les fue arrebatada. ¿Pero cómo lo sabría Zack?. Si él estaba destrozado, aún faltaba más ¿Acaso él superaría la idea de que su hijo fue separado de su madre por su propia progenitora?. ¿Acaso lo soportaría?. Ruth no lo hizo, y por ello es que ella mantuvo su boca cerrada, intentó tragarse lágrimas y maldiciones cada vez que la veía y sobre todo, cada susurro de amenaza con no abrir la boca. Una madre con el corazón podrido. No quedaban fuerzas en el frágil ser de la rubia, ni siquiera el más ínfimo ápice de ganas de vivir. Ella había vivido tanto en tan poca edad y aún así pareciese que nada volvería a ser lo mismo. Su obsesión terminó por destruirla, y ella, vengativa como un demonio no se iría sola. Oh, ángel de luz ¿Cuántos más piensas incendiar a las pobres almas?.

Los labios de Héd intentaron profesar algo, cualquier cosa, una maldición, una palabra de amor. Un llanto. Nada, nada salía de esa garganta enmudecida que sólo podía lanzar gemidos ahogados de la pena que oprimía su pecho como un infarto. Ese dolor de madre que le engullía y la perdición de mujer que la destrozaba. No le quedaba nada, absolutamente ¿Qué hacía viva entonces?. Maldecía su nacimiento, maldecía mentalmente cada minuto de su vida, y bendecía con fervor cuando pudo ver a su hijo y a su vez, cuando pudo estar en brazos de su hermano nuevamente. Pecado, inmoral, ella no lo entendía del todo y solo podía callar mientras el ruido de su mayor hacía que ella girase taciturna y lo mirase salir de la cabaña, solo para encontrarse con un rostro enloquecido y frívolo que le heló hasta los huesos. Ruth lloró cuando él la miró, lloró como si el alma se le fuese en ello y el pánico provocó que ella se abrazara como una niña asustadiza.
- Zack... - Chilló mordiéndose el labio inferior, suave, delicado, su voz a penas audible para ella que se perdía en la amplitud de la vieja cabaña y que no llegaba a los oídos de Bertram. El resplandor del filo del arma le encogió el cuerpo y sus ojos se le abrieron como platos del asombro. ¿Qué haría con eso?. Por un momento todo se detuvo y ella maquinó tantas posibilidades que le provocaron arcadas. Ella lo había vuelto loco. Ella, ella debía morir bajo su mano, no... no... ¿Quién?. - Betram... ¡Bertram! - Gritó agobiada con su garganta doliente.

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Mensaje por Z. Bertram Crohënberg el Dom Abr 28, 2013 2:50 pm


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Ya no era Zack, no era nadie. Si antes estaba extraviado, ya había perdido cualquier ápice de cordura. El grito de la rubia entre su locura exponenciada no significó nada, ni si quiera pudo regocijarse en el llanto de la misma ni el miedo en su hablar. Todo había caído en la oscuridad. El diácono detuvo su paso cuando trató de comprender la realidad. Él era un esclavo de la vida, de su padre, de sus sentimientos, de ella... Era el sobrante. Retorcía su mano en el hacha a medida que los pensamientos le abordaban, embrabecido como el mar, furioso como la más grande de las fieras. Comprendió que no tenía por quién vivir y nadie que viviera por su existencia. Sin quererlo, sin tan si quiera desearlo, una única lágrima se derramó por sus entonces rosadas mejillas. Los ojos le quemaba, le dolían al igual que el pecho.

Podía cometer una locura y no le importaría. Pero Bertram estaba más decidido que nunca a ampliar sus propios horizontes. Ahora sufrirían más de los que tenía pensado. Apretando los dientes y encogiendo las facciones corrió encolerizado hacia uno de los árboles que encontró a su paso. Hizo alarde de fuerza contra él, asestando golpes sin pensar en el tronco del mismo, mientras por su mente fluían las imáganes de su vida pasad y presente. Veía el rostro de cuantos rodeaban su vida en cada hachazo y en cada astilla que saltaba por lo mismo. Se sentía especialmente cansado por la taquicardia anterior, pero se sentía incapaz de parar su ataque de ira. Sus gritos asustaron a los pájaros, que dejaron de cantar con cada uno de ellos. Era rabia contenida que salía, el lamento de no poder hacer lo mismo con todos aquellos que habían ocasionado mal en su vida.

Tras varios minutos y un tronco desgastado, decidió abortar la misión lanzando el hacha hacia un lado y cayendo de rodillas frente al vegetal durante unos instantes. Sus manos cubrieron su rostro y cuando creyó que era el momento, lanzó una mirada a la cabaña y se puso en marcha con prisas en su andar. Sólo quería poder desaparecer.
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Última edición por Z. Bertram Crohënberg el Lun Abr 29, 2013 1:02 pm, editado 1 vez
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Re: When you hold me, I’m dead - Privado -

Mensaje por R. Héddavē Crohënberg el Lun Abr 29, 2013 11:21 am


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El cuerpo le temblaba y por más que ella quisiese no podía dejar de imaginar atrocidades en su mente. Era como una mala escena de película que se trasquilaba corte por corte, como si estuviese descompuesto el proyector. Ruth intentaba calmar sus ansias, pero no podía, no cuando deseaba salir de allí corriendo rauda hacia Bertram y negar todo lo que ella había dicho, lo que había revelado con tanto veneno que ella misma convulsionaba por lo letal que era. Comenzaba a hiperventilar y sus piernas flaquearon justo bajo el umbral de la puerta. El frío helaba los huesos, pero más doloroso era esa opresión en su pecho, esas lágrimas que ya no salían pese a todo el esfuerzo que ella hacía por botarlas, por librarse de ese mar amargo de infelicidad y desdicha. ¿Dios la había abandonado? Así era, desde que había nacido, hasta sus primero años, pareciera que era invisible ante la benevolencia del gran Dios, porque, entonces ¿Cómo explicar que una pobre mujer sufra tanto en una vida?.

- Zack... - Masculló, más bien, entre dientes, su cuerpo se apoyó en el marco de la puerta y esta chirrió cuando topó la pared. Sube, y baja, su pecho parecía mecánico, monótono. Respiraba por necesidad, por inercia, por la desesperación de su cuerpo por mantenerse a flote en una vida de miseria y llanto. Sus mechones estaban caídos por todo su rostro y la angelical faz era tan solo ahora una viva imagen de la rosa marchita en pleno invierno, pisoteada y magullada. Ruth cerró sus ojos a todo, a todos. Imaginó un mundo ficticio en su mente en el cual su hijo era hermoso y se abrazaba a la pierna de su padre, Zack, y este le robaba un beso juguetón en un campo de camelias. Sonrió, tensa, pero feliz. Se dejó llevar por la epifanía de su deseo egoísta y frunció el ceño cuando la realidad le escupió en la cara.

Ruth, con dificultad, se puso de pie, apoyándose en la fría madera, su cuerpo no tenía pudor y la sábana a penas y podía envolverle por completo el cuerpo. Y poco le importó. Arrastró sus pies hacia el interior y entonces se predispuso a embutirse en las prendas que su hermano le había quitado con tanta pasión y rabia. Meter la mano, meter el pie, sacar la cabeza. Acciones que ni siquiera necesitaba analizar para realizarlas. Arregló cuanto su humor y su mente podían procesar y entonces salió de la cabaña, mirando entre los matorrales y arbustos algún indicio de su hermano, algo. Nada. Cerró la puerta y entonces caminó con lentitud, como si quisiera perderse en el tiempo y la fantasía. Llegaría a casa y se aseguraría de que sus padres estén en una pieza, y si no, se aseguraría de cavar un gran hoyo en su jardín, para enterrarlos pieza por pieza. Y la segunda idea le dio una paz en su camino.

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