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Juice and sour fantasies... just fantasies {Emil}

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Juice and sour fantasies... just fantasies {Emil}

Mensaje por Invitado el Sáb Mar 16, 2013 4:36 pm

Demasiado pronto aun para que las campanas repicasen el medio día del lluvioso sábado, hora en la que tendría que volver a casa para empezar a hacer la comida si no quería ir con prisas y tarde. Las bolsas de la compra marcaban sus dedos a la altura de la segunda falange, cortando casi la circulación sanguínea en sus manos y ya era demasiado tiempo soportando la presión. Miró el enorme reloj del campanario, visible casi desde cualquier punto de Harlem, tenía tiempo suficiente.

La campanilla sobre la puerta anunció su entrada en la cafetería y sonrió a la mujer que estaba detrás de la barra. La misma mujer de pelo blanco de cada día, desde que Harlem era Harlem. Se acercó a la barra, dejando las bolsas en el suelo apoyadas contra un taburete mientras saludaba a la susodicha y le pedía un zumo de melocotón. No bebía café, era demasiado fuerte para ella y le quietaba el sueño con demasiada facilidad; tampoco tomaba dulces, pues estropeaban, a la larga, la figura más hermosa y no quería estropear su cuerpo que, aunque estuviese mal decirlo, era bonito. De nuevo pecando de soberbia... esa misma tarde cumpliría penitencia por sus pensamientos. Sentada en el taburete con el zumo de melocotón ante sus ojos, empezó a pensar en lo que el día le deparaba, un día igual que el anterior y exactamente igual al que precedía, pero esa era su vida y no le disgustaba, y en caso de que lo hiciese no se quejaba. Nunca se quejaba.

Bebía despacio, con la espalda recta, mientras jugueteaba con el borde de su rayada camiseta, viendo las últimas gotas caer por el empeine de sus botas de agua, cuando la campanilla de la puerta volvió a sonar. Automáticamente giró la cabeza con su sonrisa en ella, esa sonrisa cordial que siempre llevaba al cruzarse con alguien, dispuesta a saludar a quien hubiese entrado. Trata al prójimo como desearías que te tratase. Más no entró cualquiera a la cafetería, si no que era él, era Emil. Si hubiese sido otro cualquiera, simplemente hubiese mostrado su sonrisa y se hubiese girado de nuevo para seguir prestando atención a su zumo, pero el corazón le dio un vuelco al verle traspasar el umbral de la puerta, agitando su paraguas- Emil -. Elevó su mano derecha, llamando la atención al joven con su voz a modo de saludo, deseando que se acercase, que le dirigiese nuevamente la palabra para escuchar su voz, pudiendo sentir cómo se le erizaba el vello de su cuerpo con sólo verle... era simplemente perfecto, ta bueno y correcto, el hombre que llenaría de luz un hogar.

¿Cuántos años hacía ya que se conocían? Casi había perdido la cuenta, aunque podría haberlos contado uno a uno, con calma y desesperación bajo la coraza de la cordialidad y la amistad. Quizá aquél encuentro era fruto de sus plegarias y ofrendas, quizá Dios hubiese escuchado sus súplicas y, por fin, hubiese decidido que un nuevo encuentro por casualidad le diese la oportunidad de lograr hacer algo para llamar su atención... quizá ese era su día. Quizá las ilusiones y la forzada sonrisa nerviosa se terminaban ese día para dar paso a algo verídico y que eliminaba las fantasías de su cabeza.
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Re: Juice and sour fantasies... just fantasies {Emil}

Mensaje por Emil Wolff el Miér Mar 20, 2013 1:10 pm

- ¡Hablo en serio, Liam, o te los comes o esta noche no habrá cuento!- amenacé lo más imperiosamente posible dentro de mis posibilidades, utilizando la puerta como escudo anti proyectiles. Esta vez fue el mismo bol de cereales que intentaba que mi hermano desayunase, el que impactó contra la puerta, a tiempo de esconderme detrás para que no me diese en la cabeza. El estruendo que ocasionó la arcilla haciéndose añicos en el suelo me convenció para darme por rendido antes de que todo el vecindario se percatase de que tenía a una persona encerrada en el sótano de casa.- ¡Está bien! Iré a comprar algo a la cafetería... ¡Pero eso lo limpiarás tú!- dictaminé manteniendo lo poco que me quedaba de autoridad en aquella casa. No me lo creía ni yo. Las cadenas le impedían incluso llegar a la puerta, así que la tarea caería sobre mí si o si. Claro que podía intentar soltarle por unos minutos, pero me daba que volvería a salir corriendo pasando por encima de mí como la última vez. No, no iba a arriesgar la vida de nadie de nuevo, me sacrificaría antes limpiando unos minutos el suelo. Subí las escaleras después de cerrar con llave el sótano y llegué a la cocina esperando encontrar a mi madre. Pero no fue así como era propio el cincuenta por ciento de las veces. El otro cincuenta por ciento consistía en encontrarla metida en la cama hasta las tantas de la mañana, deprimida. Con un suspiro resignado, me preparé otro bol de cereales para mí y en cuanto los probé, lo escupí inmediatamente en el recipiente.- Dios... Mamá, ¿compraste leche al señor Husband? Te dije que la vende caducada.- le reñí en voz lo suficiente alta para que me escuchase desde la habitación, pero no hubo contestación. Después de meditarlo unos instantes, pasé de asomarme para ver el panorama de cada día, solo servía para deprimirme a mí también. Así que cogí la chaqueta y salí de casa en busca de un desayuno decente.

Dos segundos después tuve que volver a por un paraguas.

Solo había una cafetería en todo Harlem, y por lo tanto, era centro de reunión todas las mañanas. No era ni mejor ni peor a falta de competencia, pero si podía presumir de algo, era del mejor café que pudiese prepararse uno. Nada más entrar, agradecí poder refugiarme bajo un techo de la tormenta que caía de buena mañana y agité el paraguas, dejándolo junto a la papelera. Luego saludé a su propietaria con un "Buenos días", dedicándome ella una sonrisa rodeada de entrañables canas, que si no recordaba mal, llevaban ahí desde antes de que yo naciese. Sin haber alcanzado siquiera la barra, reconocí otro rostro más agradable aún, el de Emily. Con total sinceridad, le dediqué otra sonrisa, alegrándome de encontrarla allí y considerando que la mañana aún no estaba del todo perdida. Puede que lloviese a cántaros y que mi familia se hubiese levantado con el pie izquierdo, pero no había nada como una buena compañía mientras se toma uno el café.

- Emily, ¡qué guapa estás hoy!- le saludé una vez junto a ella, sentándome en el taburete de al lado, fijándome en su graciosa camiseta a rayas.- ¿Cómo está tu padre? ¿Todo bien?- me volví hacia la camarera ahora que me prestaba atención, pidiendo un café, dos batidos para llevar y un par de pastas para lo mismo. Mientras lo esperaba, volví a mirar a mi compañera, sintiendo la necesidad de darle una explicación.- Un batido es para mi madre, hoy no se encuentra muy bien, así que me tomaré el otro con ella, a ver si se anima.- No era cierto, pero prefería mentir antes que Emily pudiese desarrollar la misma capacidad paranoica conspiratoria que yo y adivinar que tenía a mi hermano encerrado en el sótano con un bol de cereales y leche en mal estado manchando el suelo. Me hacía sentir muy mal hermano. Sobre todo lo del bol.
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Re: Juice and sour fantasies... just fantasies {Emil}

Mensaje por Invitado el Jue Mar 21, 2013 3:24 pm

Sintió que el mundo se detenía de repente, exactamente igual que las otras tantas veces que él le había dedicado una de sus sonrisas, esas gloriosas sonrisas que iluminaban la estancia. Escuchar de sus labios su saludo y su halago fue como entrar en el mismo Paraíso del Señor, un glorioso canto celestial que hacía que todo se ralentizase mientras sus ojos sólo le veían a él, olvidando contemplar el resto del mundo- Muchas gracias, Emil, eres muy considerado. Mi padre sigue igual de bien, gracias a Dios, no le falta salud ni trabajo, así que todo va bien en casa-. Escuchar que su madre no se encontraba del todo bien hizo que el gesto de preocupación apareciese en su casa, casi dibujada como el horror, mientras la mujer de la barra se alejaba a preparar el pedido de Emil. Sabía lo que se sentía al ver a una madre enferma, era de las cosas más dolorosas que pudiese haber en el mundo y, por supuesto, no lo quería para Emil- Oh, vaya. Dale muchos ánimos y recuerdos de mi parte y de la de mi padre... espero que se recupere pronto. La tendré presente en mis oraciones.

Recuperó su postura inicial, volviendo a beber del zumo de melocotón. Alguien observador se hubiese dado cuenta que apretaba el vaso hasta que las yemas de sus dedos quedaban blancas, que las piernas cruzabas le temblaban ligeramente y que no apartaba a vista de su acompañante. Esos eran los efectos que él provocaba en ella. Nadie había logrado eso, nadie más que él desde el momento que le habló hace ya años. En un intento de alejar esos pensamientos, tratando de parecer una muchacha más con un amigo, meneó la cabeza y volvió a sonreírle, mirando a sus ojos- ¿Qué tal te encuentras? Hace días que no te veo... apenas coincidimos en la Iglesia y últimamente no he salido mucho, pero me alegro de verte de nuevo. No sabes cuánto-. ¿Le estaba dando explicaciones? Quizá sí, o quizá no; simplemente le recordaba que ella seguía existiendo, que seguía viviendo en la casa del final de la calle principal, ¿por qué no se daba cuenta de que estaba siempre ahí? Nunca lo había entendido, o más bien no había querido entenderlo, pero no importaba, porque algún día (y con suerte más cercano que lejano) todo cambiaría y, al igual que él para ella, sería Emily el centro de su existencia.
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Re: Juice and sour fantasies... just fantasies {Emil}

Mensaje por Emil Wolff el Vie Mar 29, 2013 11:23 am

"Que considerado por tu parte" salió de mis labios casi en un susurro distraido al recibir el café y la demás comanda. Dejando a un lado la bolsa del desayuno para llevar, coloqué milimétricamente el café frente a mí y busqué la cucharilla para remover. Un momento... ¡No estaba! No es que fuese ningún maniático ni nada parecido pero... ¿y mi cucharilla?? Busqué con la mirada a la camarera pero ésta justamente desapareció por la cocina, dejándome desamparado. Con un rápido vistazo a mi alrededor, descubrí el arsenal de pajitas a mi alcance, así que con un suspiro de alivio al ver que la mañana no iba tan a peor, cogí una y removí mi bebida. Entonces recordé que la voz de fondo de Emily seguía dirigiéndose a mí.

- ¿Eh? ¿Qué?- volví mi mirada hacia ella y rememoré sus últimas palabras.- Perdona, ando un poco despistado últimamente. Tengo más trabajo que nunca. ¿Sabías que se ha multiplicado por dos en el último año el número de extranjeros que se quedan a residir? Estamos pensando seriamente aumentar el hotel, quizás con un par de alas a cada lado. Tenemos todas las habitación reservadas a largo plazo ya, así que como venga otra tanda más...- iba comentado antes de que mi mirada vagase por la cristalera que daba a la calle y olvidase lo que estaba diciendo, viendo por casualidad pasar a alguien muy referente al tema: Bambi. Oh Dios mío... El tiempo se ralentizó cuando capté como la blusa que llevaba se ceñía sutil y sugerente a sus delicadas curvas gracias a la brisa del tiempo, como su preciosa melena acariciaba su rostro como si fuese la protagonista de un anuncio de champú anti caspa... Hasta que desapareció calle abajo y yo me encontré con la pajita en la boca succionando tontamente el café. Paré al instante y tomé una rápida decisión. Me tomé el café de un solo sorbo y volví mi atención una última vez más hacia Emily.- Ha sido un placer verte, espero que se repita más a menudo. ¡Cuídate, nos vemos!- Cuando terminé la frase, ya salía por la puerta como si me siguiese el mismo demonio. Y del mismo modo, me apresuré calle abajo cual acosador de turno dispuesto a abordar a su víctima. Pero misteriosamente, giró la esquina y no la volví a ver. Para entonces, ya había olvidado por completo de la bolsa con el desayudo para mi familia, así que desmotivado, volví a casa incluso sin paraguas. Aunque ya no llovía y eso le quitó puntos al dramatismo de la escena.
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