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Fuck you once, shame on me; fuck you twice, shame on you [Wells]

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Fuck you once, shame on me; fuck you twice, shame on you [Wells]

Mensaje por Jean-Pierre Beaufort el Dom Mar 17, 2013 8:29 pm

La misma ruta. El mismo bosque. La misma rutina. El mismo pueblo de mierda. ¡Maldita sea!

Se preguntaba cómo era posible que, con tan sólo unas semanas desde su estadía en Harlem, comenzara a resentir la monotonía de su labor. Más que eso, la impotencia implicada en su posición le ardía en la mente y el corazón. Amenazado, sometido y, aún así, sin respuestas o pistas sobre la situación de Hayley; Jean-Pierre comenzaba a impacientarse.

Recorría el interior del bosque límite de Harlem con desgana, siguiendo un sendero específico que ya había trazado mentalmente un par de semanas atrás. En su camino, se distraía concienzudamente, detallando el mosaico resultado de la superposición de las copas de los árboles sobre el cielo grisáceo, en compañía de un ausente graznido de pájaros o la inexistente manifestación de vida. Todo silencio, el panorama le acongojaba.

Aceleró el paso, con ánimos de dejar el bosque atrás, y no tardó en señalar en el horizonte más inmediato la estrechez de la carretera. En otros tiempos, el camino asfaltado sería símbolo de esperanza flameante, de rompimiento inevitable con la agonía estática; en el caso de Harlem, no obstante, no era más que fuego fatuo. Jean-Pierre alcanzó las líneas de pintura deteriorada y, con vista al final invisible de la carretera, descubrió no muy lejos una silueta humana que avivó sus sentidos: sus pupilas se explayaron, sus labios se fruncieron y la tensión en sus músculos aumentó.

Un fugitivo, pensó antes de reconocer, no sin cierta desilusión, las curvas femeninas que sugerían la identidad de la incauta. Cuando tomó rumbo en su dirección y devoró largo trecho, en línea paralela a través del bosque, oculto, pero con vista fija sobre su objetivo, confirmó sus sospechas.

Tú.

Una vez estuvo lo suficientemente cerca, abandonó el sendero a través del bosque, asimismo sus esfuerzos por ser silencioso, y sorprendió a la chica con rapidez, tomándola entre sus brazos y alzándola hasta suspenderla en el aire, asegurándola entonces en uno de sus hombros. Su brazo envolvió las piernas de la fugitiva, sujetándolas con fuerza.

No medió palabra alguna, antes o después. La había encontrado más allá de los límites permitidos, no por vez primera, y ahora la llevaría devuelta al sitio donde pertenecía, una vez le enseñara la esencia básica de las consecuencias que esperan a quienes desobedecen.
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Jean-Pierre Beaufort


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Re: Fuck you once, shame on me; fuck you twice, shame on you [Wells]

Mensaje por Invitado el Mar Mar 19, 2013 4:33 pm

Frío, demasiado frío es lo único que sintió al salir a la calle sin un rumbo predestinado, sintiendo que no soportaba más el sonido del silencio rodeándolo todo a su alrededor, cayendo sobre ella como una losa que la aplastaba hasta matarla. Subió la cremallera de su cazadora y ajustó las hebillas de sus botas altas, sintiendo un escalofrío por la espalda cuando el viento comenzó a levantarse. Apenas había gente por las calles de Harlem mientras ella avanzaba lentamente, aun sin destino alguno, abstrayéndose de sus pensamientos que siempre desembocaban en la misma persona, procurando alejarse de los sitios que él frecuentaba. No quería verle.

Veinte minutos a pie desde la puerta de su casa eran suficientes para encontrarse en la linde del bosque, caminando por la abandonada carretera que, años atrás, quizá lucía sus líneas pintadas correctamente. De nuevo su mente, sus ganas de saber más, le habían traicionado; sabía que no debía estar allí, que estaba prohibido seguir avanzando. Su padre se lo recordaba cada día, le recordaba hasta donde debía llegar y cómo, pero jamás un porqué, simplemente no podía salir de Harlem y conocía las consecuencias que su presencia allí podía traerle. Dudó por un segundo en seguir avanzando, echando una rápida mirada a su alrededor; nadie había allí para poder frenar su curiosidad, no había nada que la detuviese. Los pasos en un principio dubitativos se volvieron más seguros a medida que avanzaba por el camino, escuchando sólo sus pasos y el crujir de las finas y pequeñas ramas caídas bajo sus pies.

¿Qué había más allá? ¿Una gran ciudad llena de luces y sonido? ¿Una multitud de gente impía y sucia que se dedicaba a vivir en eterno pecado? ¿Tan sólo un abismo infinito invisible a sus ojos? La mirada clavada en el horizonte mientras avanzaba poco a poco, evitando los árboles que se cruzaban en su camino. Detuvo sus pasos, tratando de ver más allá de lo que sus ojos y los árboles le permitían, más allá de un horizonte que no dejaba ver el final de la línea grisácea en la que se convertía esa carretera. ¿Y si salía corriendo y llegaba a otra parte? ¿Y si rompía la verja de la que había escuchado hablar y llegaba a un lugar diferente a Harlem? No, aquello no era posible, tan sólo el pecado y el infierno le esperarían fuera de su pueblo natal. Frunció el ceño y apartó los mechones de pelo que el viento gélido llevaba a su cara algo colorada ya; no se atrevía a avanzar más, algo en su interior no se lo permitía, pero ¿el qué? Quizá era saber que defraudaría de por vida a su padre, quizá el acongojo que sentía al saber que si salía jamás podría volver, quizá la mirada penetrante del párroco cuando la miraba en sus confesiones... No sabía lo que era, pero tan sólo el hecho de pensar eso le hizo ver su realidad: no saldría de Harlem, no tenía el valor suficiente ara seguir avanzando, lo mejor sería volver a casa, esperar la noche y dormir hasta el día siguiente, esperar hasta que se repitiese el mismo día una y otra vez.

Dos minutos de ensimismamiento, contemplando sin interés alguno los árboles que había a su alrededor mientras el olor a pino llenaba sus fosas nasales haciéndola sentir casi en libertad, marcaron la diferencia entre regresar o quedarse. Había decidido marcharse pero unos fuertes brazos rodeándola y alzándola se lo impidieron. ¿Qué demonios sucedía? Un grito de sorpresa y terror salió por sus labios al verse boca abajo, cargada a un hombro, viendo solamente una espalda ancha y viendo el terreno avanzar ante sus ojos, viéndose alejada del punto en el que estaba. Sus pensamientos se aceleraron al mismo tiempo que su respiración, aunque podía sentir que su corazón se había detenido por un segundo ante tremendo susto. "He sobrepasado el límite, he avanzado más de lo que debía y ahora pagaré las consecuencias de mi acto". Empezó a patalear, golpeando con la punta de sus botas el abdomen del hombre que la transportaba, cerró sus puños y golpeó la espalda con menos fuerza de lo que lo hubiera hecho si a su cuerpo no le traicionasen los nervios, en un absurdo intento por verse en el suelo, libre del, seguramente, vigilante que la apresaba- ¿Qué haces? ¡Suéltame! ¡Suéltame ahora mismo!

Hubiese gritado de nuevo, pero eso sólo llamaría la atención de cualquiera que estuviese en dos kilómetros a la redonda, así que se conformaba con seguir pataleando y golpeando mientras su pelo se agitaba a ambos lados de su cara, cayendo como paja seca hacia abajo. ¿Dónde demonios se había metido? Tan sólo esperaba que ese vigilante la dejase volver a casa. No iba a ninguna parte... no era tan difícil de comprender.
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