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Jaque mate al bolo (Lodewijk)

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Jaque mate al bolo (Lodewijk)

Mensaje por Bastian Drechsler el Mar Mar 19, 2013 2:27 am

Montones de fichas se apilaban en distintas torres dispuestas a su alrededor. Unas con fotos, otras escritas incluso en los márgenes; papeles viejos, cartulinas desgastadas, un sinfín de información que no podía asimilar tan rápidamente, pero que se esforzaba en releer millones de veces hasta que su intelecto extrayera algo. Desde la pila de Mengele a la de Milgram, pasando por Stanford; Bastian había recopilado diversos experimentos y estudios sobre la conducta que le eran de especial interés. Esos datos eran oro puro. No tanto como las fichas de los habitantes del pueblo, tan conocidos por los vigilantes; personas que poco le importaban, pero que debía analizar. Mantener bajo control, cortar de raíz cualquier intento de revuelta o atisbo de rebeldía manifiesta. ¿Eran vigilantes o policías?

Se levantó de la silla, suspirando, y tomó la enorme taza de café humeante que había sobre la mesa. Bebió a sorbos, apartando la gastada cortina de la ventana para mirar a través. Pocos se acercaban a ese lugar, principalmente por esa creencia popular de que estaba lleno de locos, y eso les proporcionaba un lugar seguro. Uno no puede plantarse en la cafetería y hablar de según qué cosas, aunque para él sería mucho más cómodo que tener que acudir allí; ante todo, porque estaba en terreno ajeno. Nunca le habían gustado los centros psiquiátricos, eran demasiado deprimentes, cosa mala para la mayoría de pacientes. Lodewijk le tenía donde quería, con toda probabilidad; entendía la necesidad del lugar, pero encontrarse en su zona no era muy de su agrado. Casi mejor la morgue del hospital incluso.

Hojeó las fichas de Harlem. Había investigado a todos a los habitantes, aunque no tanto los que no tenía asignados, principalmente por respeto a las cobayas ajenas –y por no provocar sesgos. Acarició la foto de Irene, preguntándose cómo estaría desde la última vez que le coló una mentira. Y la dejó al fondo, tomando el registro de otros que no le gustaban en absoluto; gente enfadada, frustrada, excesivamente calmada, o astuta. Peligros para el proyecto que se estaba llevando a cabo allí.

Volvió a sentarse y tomó una hoja, apuntando un par de palabras en una esquina. Las miró durante un largo minuto, jugando con el bolígrafo que sostenía entre sus dedos. Lodewijk no debía tarde demasiado, aunque sospechaba que se estaría ensañando con algún pobre paciente. ¿Le tendría vigilado a él? Sí, sin duda, era fácil llegar a esa conclusión. La cuestión era mantener las conclusiones a las que ambos llegaban sobre el otro a buen recaudo, en silencio, por el bien de ambos. En ocasiones era un riesgo que no quería correr; poco después, él le contaba alguna de sus pesquisas o le daba algún dato, le retaba de alguna manera, y acababa pensando que sí valía la pena estar cerca. Y qué más excitante que un pupilo al que guiar. Cuanto más rebelde, más interesante el manipularlo.

Rió por lo bajo. Se tenían bien atados el uno al otro.

Dibujó una flecha en la palabra psicópatas y apuntó un 1 a continuación. Se preguntaba si así se sintió su abuelo en tiempos de la guerra, si así era el saber que tenía vidas en sus manos, y que podía hacer con ellas casi cualquier cosa. Le hacía sentirse un tanto extraño, pero poderoso. Planear estrategias, conocer al enemigo, establecer objetivos… no estaban en la misma situación, pero en esencia era lo mismo.
-Otterloo, te estoy esperando.- Habló a las paredes, como si pudiera invocarle.
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Re: Jaque mate al bolo (Lodewijk)

Mensaje por Lodewijk T. van Otterloo el Mar Mar 19, 2013 10:00 pm

El sonido del látex estirándose y contrayéndose no puede describirse con palabras, el asperjar de pequeñitas gotas de sangre ante la distención del material de aquellos guantes terminó por cerrar la silenciosa y macabra sinfonía. Los ojos azules, como azul es el último círculo del infierno de Dante, echaron un último vistazo al moribundo paciente, una mirada tan indolente que parecía estar contemplando las hojas naranjas de un otoño ventoso y no un sanguinolento cuerpo batallando por respirar. En esa mirada podía leerse todo menos compasión. Desechó los guantes manchados en un cesto metálico y ordenó a un enfermero suturar, su labor había terminado. Salió de la habitación sin siquiera mirar una sola vez hacía atrás, lo sabía muy bien, sabía muy bien de esas cosas; ese paciente no iba a sobrevivir la noche y no podía importarle menos. Todo ese tiempo había anotado con lujo de detalle en uno de sus cuadernos negros, mismos que lo acompañaron a Harlem, cada mínimo avance en sus investigaciones era escrito, este individuo en particular, con un cuadro de neurosis severa y después del estrés al que lo había sometido, de todos modos no tenía un gran futuro por delante, sólo peldaños más en esa escalera que solo y sin ayuda se fabricaba hacia lo que él consideraba el progreso, quizá sólo un chivo expiatorio para que sus atrocidades fuesen aceptadas en sociedad aún en pleno siglo XXI. ¡Ah! Harlem, qué providencial había resultado el pueblecito olvidado de la mano de Dios, y donde no hay deidad, existe un Caronte rapaz pescando almas en su barca cruzando el río maldito Aqueronte, ese era Lodewijk, un señor del inframundo para los más asustadizos, en su propia visión, sólo un hombre buscando el avance de la ciencia.

Pero por ahora, tenía otros asuntos que atender, miró el reloj de pared de la habitación contigua al quirófano donde había estado llevando a cabo sus experimentos, se lavó las manos con minucia y parsimonia, se plantó frente a un espejo mientras se secaba con un paño blanco y luego se acomodaba las mangas y el cuello de la camisa, nada debía estar fuera de su lugar, una vez que acomodó los últimos cabellos blondos que apenas se atrevían a rebelarse salió al pasillo. Si de verdad no estuviera trabajando ahí, pasaría por un sitio abandonado; los cuidados eran apenas los esenciales para mantener el sitio en pie y había algo triste y perturbador permanentemente en el ambiente, algo que Lodewijk parecía disfrutar con enfermizo afán. Anduvo esos corredores que, a pesar de llevar poco tiempo ahí, parecía conocer muy bien, escuchaba el ruido ambiental que eran quejidos, gruñidos, llantos desesperados de enfermos mentales que, para la desgracia de sus dueños, estaban a merced de Lodewijk; los más funcionales, claro, resultaban siempre los más interesantes. Entonces se plantó frente a la puerta de la cita acordada y antes de tomar la perilla, escuchó su nombre como si fuese invocado al sordo viento. Rio quedo y bajo, un ruido gutural más bien burlón y finalmente abrió la puerta.

-¿Cuál es la prisa, señor Drechsler? –fue su presentación mientras cruzaba el umbral-, estoy a tiempo –dijo, aunque fue más al tanteo, si iba retrasado, sería por tan sólo algunos minutos –usted sabe –su tono siempre era condescendiente y amable hasta parecer exagerado –el deber llama, estaba trabajando, pero ya he terminado por hoy –para las pobres almas encerradas en esa prisión eso significaba una condena, una horrenda predicción del futuro, pues la labor del neerlandés no parecía tener fin en ese lugar, las torturas se iban a prolongar tanto como él quisiera. Con largas y firmes zancadas acortó la distancia y estiró su mano para finalmente saludarlo-, ¿y a qué debo la solicitud de mi presencia? –preguntó aunque era más un mero trámite. Así como el pueblo le había resultado una grata sorpresa, algunos de los habitantes también lo habían sido, Bastian Drechsler era uno; joven y eso era conveniente, astuto y eso era difícil de encontrar, dispuesto y eso era algo que Lodewijk siempre agradecería, interesante y movido por temas similares, pero con sus claras diferencias, siendo éstas las que interesaban más al mayor.


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Re: Jaque mate al bolo (Lodewijk)

Mensaje por Bastian Drechsler el Jue Mar 21, 2013 4:03 pm

Concentró la mirada en el café que quedaba en la taza, mirando sin verlo siquiera. Debería traer tapones cada vez que viniera al psiquiátrico; lo que se oía ahí era escalofriante, por innecesario y por molesto, pero probablemente sería tachado de debilucho por parte de Lodewijk. Las unidades de salud mental en el hospital eran bastante distintas. Los centros como ese no eran más que sitios donde estigmatizar y apartar a los enfermos, y donde fomentar prácticas crueles -como las que se estaban dando en ese momento, por seguro. Sonrió y negó con la cabeza, era un auténtico quebradero de cabeza y le parecía totalmente innecesario, casi una muestra de arrogancia que, desde luego, le caía mal. Lodewijk, a su modo de ver, no era más que otro de tantos hombres que podrían ser grandes, sin necesidad de mancharse las manos. Quizás era su problema por encontrar asqueroso todo lo que envuelva heridas y sangre. Demasiado psicólogo para meterse a médico.

Escuchó la voz del psiquiatra y echó el cuerpo hacia atrás, dirigiendo la mirada hacia él. Le siguió a medida que entraba en la habitación, con ese aspecto tan pulcro que incluso le parecía sospechoso. -No hay prisa alguna, aunque resulta un tanto molesta la sinfonía de quejidos de sus pacientes. Hubiera sido útil insonorizar las estancias al construir esta enorme jaula.- Esbozó una mueca de desaprobación que cambió por una sonrisa al momento. -Pero sí, está a tiempo.- Alargó el brazo para coger varias carpetas y se acomodó en la silla, tranquilo, hojeando las fichas como había hecho minutos atrás.

-Cometeré la insolencia de tratarte de tú.- Comentó con una expresión irónica. Las formalidades no eran de su agrado, y de todas formas iba a cambiar de trato sin darse cuenta siquiera. Dejó caer las carpetas en la mesa, justo enfrente del hueco donde se encontraba - Supongo que te has fijado ya en el tipo de gente que hay en Harlem. Idiotas, idiotas fanáticos, desesperados y psicópatas.- Se encogió de hombros y dirigió su mirada hacia la ventana, tapada con la cortina. Le gustaba clasificar a las personas en grupos cuanto menos numerosos posible; aunque no olvidara la singularidad de cada individuo, esquematizarlos era útil, y etiquetarlos en su fuero interno le era incluso un pasatiempo. -Creo que tendríamos que ir a por estos últimos. Son los más peligrosos.- Por razones obvias que esperaba no tener que especificarle a Otterloo, confiaba en su capacidad intelectual para coger su idea al vuelo sin necesidad de grandes rodeos. -Amantes de la manipulación, expertos en destruir a los demás, impecables y de grandes habilidades sociales... Y ni siquiera saben reconocer que la gente a su alrededor sufre. Sería más fácil eliminarlos, pero serían sujetos dignos de estudio, ¿no crees?- El cazador cazado, el engaño sobre el engaño. Le gustaban las dobles raciones de lo mismo, la confrontación de dos mismas estrategias usadas en escalones distintos.

Enarcó una ceja y llevó el dedo índice a su mejilla, apoyando la barbilla en el pulgar.
-A todo esto, ¿cuál es la idea del psiquiátrico? ¿Estrés para curar el estrés?-
Eliminar el garaje, pero construir la planta baja. Dudaba de su eficacia, pero era entretenido.


Última edición por Bastian Drechsler el Miér Mar 27, 2013 9:26 am, editado 1 vez
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Re: Jaque mate al bolo (Lodewijk)

Mensaje por Lodewijk T. van Otterloo el Lun Mar 25, 2013 11:34 pm

Un gesto burlón se dibujó momentáneamente en el rostro marcado por los años de Lodewijk, escuchar las quejas de Bastian le resultó… divertido; estaba consciente que entrar a ese sitio era casi como adentrarse al Hades, la peor de las decadencias, la de la locura beligerante se oía, veía, olía y palpaba ahí, quizá el resto fuese incapaz de comprenderlo, de comprender lo mucho que él siempre había deseado un sitio así allá en el exterior civilizado, un lugar en donde sus atrocidades no sólo fueran permitidas, sino aplaudidas, a veces de verdad parecía que ejecutaba toda su vileza por pura diversión y no para que la ciencia avanzara como tanto pregonaba, pero comprendía hasta cierto punto a su acompañante, se necesitaba estómago y agallas para entrar ahí, para salir cuerdo de ahí. Soltó una risa, una risa tan breve y tan queda que no lograba ser burlona, como si en ese sonido gutural le diera la razón, aunque sólo fue la contención de una verdadera sorna mayor. No respondió, en cambio se acercó hasta el escritorio y observó con escrutinio al joven psicólogo. Simplemente asintió escuchando con atención lo que el otro decía, le daba igual cómo le hablara,el respeto no estaba en las palabras, yacía en el temor depositado en las miradas, eso lo sabía muy bien, lo había aprendido como credo.

-Ah, Bastian –él mismo arrancó de tajo la formalidad, miró los documentos frente a él con una mano en el mentón -¿pero qué pretendes? –Lodewijk no era idiota, tan no lo era, que no iba a delatar el hecho de que se había sentido aludido; en esa conversación se decía tanto en lo no era pronunciado como en lo que sí salía de sus bocas, podía leerse tanto entre líneas que no hacía falta seguir hablando-. Por supuesto que son grandes objetos de estudio, el problema es lo que tú ya has puntualizado –alzó la mirada, ese par de ojos como cuchillos de hielo se clavaron en el más joven –son expertos en desenvolverse en sociedad, eso es lo que los hace tan interesantes –sus ojos brillaron como los de una urraca al tomar un anillo de oro, era evidente y esta vez no intentó ocultarlo, que el tema le fascinaba, que esas mentes especialmente retorcidas eran sus favoritas-, agradeceré si alguno cae por aquí y me deja… hacer un par de exámenes con él –todo era un eufemismo para decir que si uno de esos, un psicópata caía por casualidad en sus garras, lo obligaría a someterse a sus terribles torturas. Lodewijk, de ningún modo, se creía un vengador divino, le importaba poco si una persona en su locura había matado a una decena o adoptado gatos sin hogar.

-Aunque lo digas así –torció las cejas alzando una y bajando la otra –es correcto –asintió y miró a su alrededor como el cacique mira sus latifundios, con ese mismo sentido de pertenencia –quizá haya sacrificios, quizá algunas vidas se pierdan, pero si eso ayuda a descubrir una cura, ¿es tan grave? –y lo decía con tanta naturalidad, con tanta normalidad que no parecía que de su boca brotaban esas palabras. Caminó un par de pasos hasta una ventana resguardada por barrotes otrora negros y hoy descarapelados, se alcanzaba a ver el jardín frontal del hospital, su pasto era de un verde brillante (alimentado tal vez por más de una víctima de Lodewijk), pero siempre estaba húmedo por la neblina, el panorama era desalentador por decir lo menos, el psiquiatra entrelazó las manos por la espalda y sacó el pecho.

-Bastian, ¿a dónde quieres llegar? –preguntó sin mirarlo, sin apartar la vista del césped y la neblina, entonces giró el rostro y lo miró por sobre su hombro –eres psicólogo, ¿desde cuándo los psicópatas te interesan tanto? –no es que se conocieran de años, pero le intrigaba este nuevo interés del alemán por un mal tan específico de la mente humana.


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Re: Jaque mate al bolo (Lodewijk)

Mensaje por Bastian Drechsler el Miér Mar 27, 2013 12:57 pm

Tratar con gente formada en temas similares a los suyos eliminaba una ventaja que consideraba esencial. Podía escudriñar a Lodewijk si quería, analizando cada aspecto de su conducta y sopesando cada movimiento, pero debía ser consciente de que él haría lo mismo. Mentir en su presencia no era algo tan fácil y que pudiera hacer con tanto descuido como con otras personas, y siempre se arriesgaba a algo que con toda probabilidad acababa de ocurrir -a dar en el clavo sin pretenderlo siquiera. Entrelazó los dedos de las manos y con actitud serena le sonrió, esperando con infinita paciencia a que acabara de observarle como si pudiera leer lo que pasaba en ese momento por su mente. Él hizo lo mismo, pese a que ya traía una idea sobre él, y era pronto para empezar a hacer suposiciones. Le importaba más bien poco el hecho de que se estuviera riendo de él en su fuero interno, más bien le llenaba de satisfacción. Una frase, una mueca y podría cambiar la opinión de otra persona en algún aspecto. Desenlazó las manos y dio unos cuantos golpes rítmicos con los dedos en la mesa, acentuando su sonrisa, como si le pareciera suficiente la escena que acababan de protagonizar y empezara a aburrirse. En cierto sentido, sí; podía sentirse como en las películas, siendo escrutado, se suponía que debía ponerse nervioso o delatarse mediante algún gesto. No se movió ni pronunció palabra alguna en respuesta.

Tendría que echar un farol mediante la verdad. Cruzó la pierna izquierda sobre la derecha, dejando reposar sus manos sobre el tobillo. -Bueno, Lodewijk, trabajo en el hospital.- Se encogió de hombros. -Estoy harto de verlos: con el médico, para que los mande al especialista que quieren; con las enfermeras, para hacerlas ver negligentes; con otros compañeros, para llevarlos a su terreno... Seguro que tú también tratas con ellos a diario. No es como si la idea me naciera de una iluminación divina.- Rió ante su última palabra, puesto que se suponía que estaba en uno de los pueblos más religiosos que había. Y, sin embargo, estaba convencido de que Otterloo era tan creyente como él. Cambió nuevamente de posición, llevando ambos pies al suelo y avanzando el torso hacia él. Los brazos sobre la mesa, el tono de voz tendría que determinar si se trataba de una pose agresiva o de interés. Sería lo último. -Sólo estoy conjeturando.- Mentira. Pero tampoco tenía una intención clara ni una ruta a seguir. ¿Que estaba seguro de que les acabarían fastidiando? Sí, sobre todo partiendo del hecho de que buena parte de los vigilantes encajaban en ese grupo. Esos humanos fríos y solemnes que aburrían a cualquiera, sí, ellos eran el peligro. Aún estaba por determinar si incluía a Lodewijk en ello.

Observó con la paciencia digna de un alumno interesado cómo hablaba del psiquiátrico. Parecía muy orgulloso de él, del trabajo que estaba haciendo. Ni que él lo hubiera hecho construir, pensó para sus adentros. Asintió levemente mientras hablaba, dándole la razón. -No es muy grave, así ha sido la ciencia siempre. Alguien tiene que ser el sujeto del experimento- Admitió tranquilo, enfrentando las yemas de los dedos de ambas manos. Todo medicamento, tratamiento, cosmético, pasaba por una serie de tests que debían seguir unas reglas éticas ineludibles. Al menos así era ahora, puesto que en el pasado el tema había sido radicalmente distinto. Se empezaría probando en animales pequeños, preferiblemente ratas, y se iría acercando las pruebas hasta llegar al último y más importante paso: el humano. Incluso los fármacos aprobados sin un debido estudio previo habían servido para hacer uno, a costa de la salud de mucha gente. Y aun así, siempre se escapaba alguien, como el colectivo de embarazadas. Siempre acababa ocurriendo una desgracia a gran escala, la diferencia era que a Lodewijk parecía no importarle lo más mínimo; y él aún consideraba que si se podía evitar, por qué no hacerlo. -¿Pero qué eficacia tiene? Eliminas fobias, obtienes trastornos por estrés postraumático.- Se encogió de hombros. -No veo el punto. Después de todo, sigues teniendo enfermos. ¿Y después qué?- Rió ligeramente. -No intento cuestionar el método, más bien entenderlo. Me gustaría conocerlo, es interesante. Desde luego no es algo que haya contemplado nunca.- Y de nuevo apelaba al tema del pupilo.

Siguió con la mirada los pasos de Lodewijk y la mantuvo sobre él cuando miraba por la ventana. Se suponía que estaban en poses distintas, él sentado a merced del poderoso, de pie y erguido. Pero el relajado era Bastian, y no Otterloo. Todo era demasiado obvio, demasiado tenso. Un intercambio de indirectas, lo que decían con sus palabras no era más que tonterías con un trasfondo que era el verdadero objeto de interés. Y allí llegaba la pregunta del millón; casi la esperaba, pero le decepcionó. Consultar directamente sobre sus intenciones le era un tanto aburrido, aunque siempre cabía la posibilidad de que fuese una distracción. -Los psicólogos también se ocupan de estas cosas, Lodewijk.- Le devolvió la mirada firme.- No sólo escuchamos los problemas de los demás. Además, soy psicólogo clínico. Me interesa más la psicopatología y la investigación que la terapia rutinaria de las consultas privadas.- Se levantó y fue a su encuentro, quedándose a medio metro de él. Se apoyó en la pared y sonrió. Ignoró el hecho de que había también cierta parte de motivación que procedía de su abuelo, del legado que había dejado y de la información que contenían sus cartas.

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Re: Jaque mate al bolo (Lodewijk)

Mensaje por Lodewijk T. van Otterloo el Lun Abr 01, 2013 12:43 am

Se giró y lo observó lacónicamente para luego dirigir la mirada a un sitio no concreto entre ellos y la nada, rio, una risa breve, sólo un gruñido que hizo que sus hombros subieran y bajaran, se llevó una mano al mentó acariciando su barbilla, cubierta por una barba blonda rala. No dijo nada de inmediato, lucía como si en verdad estuviera pensando algo a consciencia, fueron unos segundos de silencio relativo, allá afuera, del otro lado de la puerta, se seguían escuchando quejidos de dolores físicos y del alma, gritos y llantos, uñas arañando las paredes, sonidos sin los que Lodewijk no podía concebir su día a día aunque para la mayoría resultaran horrorosos.

-Normalmente cuando nos empezamos a interesar en algo así es porque hemos conocido a alguien con esas características –su tono fue condescendiente, pero maestro del engaño como era, también tuvo la capacidad para hacerlo sonar afable-, sólo estoy conjeturando –deliberadamente utilizó las mismas palabras que Bastian y sus ojos cerúleos se clavaron como dagas certeras en el otro. Se encogió de hombros-, verás –comenzó como quien va a dar un discurso trascendental para el destino de los presentes y los occisos –la experiencia me ha enseñado que siempre habrá enfermos, y es nuestro deber encontrar una cura–«deber» había dicho, aunque torcía el significado a su antojo; no estaba utilizando ninguna palabra al azar, si Lodewijk era cuidadoso al hablar, de no dejar entrever en su retórica sus intenciones, sentimientos, mensajes ulteriores, ni nada que pudiera delatarlo, cuando se enfrentaba a alguien como Drechsler era el doble de precavido, para él, la vida misma era un tablero y su forma de llevarla era una estrategia; ganar era indispensable y no cabía otra posibilidad, ganar incluso cuando no se tratara de una competencia, su ego era demasiado grande como para no alimentarlo diario de ese modo. Cerró los ojos y negó con la cabeza con un gesto tranquilo en el rostro –los métodos pueden variar, lo importante son los resultados –seguía hablando como quien da una cátedra, esa era una de sus máximas como profesional: obtener resultados sin importar cómo. No subestimaba a Bastian, al contrario, sabía que estaba frente a un joven más que despabilado, lo que le intrigaba y movía en ese instante era más la necesidad (sí, necesidad) de saber qué lo motivaba, o qué quería obtener de él.

Volvió a caminar por el lugar, estaban en su terreno y eso jugaba a su favor, se sentía seguro en ese ambiente tan sórdido, rodeado de locura, porque toda su vida así había estado, no conocía otra circunstancia, y no le interesaba hacerlo. Sus pasos fueron firmes pero pocos para acortar más la distancia entre ambos, podía lucir amenazante, pero por su semblante lucía más como su fuese a develar un secreto, aunque creer eso de Lodewijk sería pecar demasiado de ingenuidad; esbozó una media sonrisa y se cruzó de brazos.

-¿Quieres ayuda? ¿A eso viniste? –alzó ambas cejas, y aunque nunca dejó que atisbo alguno de exasperación saliera a relucir en su voz, algo había de eso –mis preguntas son legítimas, como las tuyas, Bastian –descruzó los brazos y los dejó lánguidos a sus costados para luego dirigirse a la silla detrás del escritorio donde se sentó, primero en la orilla y tras un momento, se acomodó como un rey en su trono de plata, alzó el mentón desde su lugar –no puedes culparme por sentir curiosidad por tu nuevo interés, bueno… -hizo un ademán con la mano –no sé qué tan nuevo sea, de cualquier modo, tú fuiste el que solicitó mi presencia y aquí estoy, es verdad que yo he tenido experiencias cercanas con este tipo de pacientes –no mentía, no tenía por qué hacerlo –no siempre han salido bien, eso es verdad –y sonrió, porque recordó la carne estrangulada en sus manos de las pobres víctimas de sus experimentos, sonrió de la forma más sincera que conocía, que era de un modo siniestro, quiso reír también, pero al final controló el impulso (era un buen domador de éstos) y cruzó la pierna echando el respaldo de la silla hacia atrás-. Atribúyeselo a nuestra profesión, qué sería de nosotros sin curiosidad –y aguardó por una respuesta.

A Lodewijk no le gustaba caminar a obscuras cuando se trataba de las personas, después de todo, eran las personas su objeto de estudio, la esencia de la gente, su mente. Resolver los misterios del comportamiento humano era su lance. Y si para no caminar a obscuras debía encender una antorcha o prenderle fuego al bosque entero, que así fuera. Porque en palabras de Maquiavelo: «el fin justifica los medios» y el neerlandés sí que sabía de eso, ya en el pasado había aplastado a quien tenía que aplastar con tal de seguir avanzando, y aunque Harlem pareciera un microcosmos con su propio sentido del tiempo y el espacio, no iba a cambiar nada de lo que ya lo había hecho grande.


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Re: Jaque mate al bolo (Lodewijk)

Mensaje por Bastian Drechsler el Sáb Abr 06, 2013 8:25 am

Resultaba un tanto entretenido observar a Otterloo mientras pensaba. Podía mirarle fijamente, sin muchos gestos que analizar -por no decir ninguno-, preguntándose que pasaba por ese cerebro que había sido capaz de idear ‘tratamientos’ y ‘terapias’ tales como las que le habían hecho famoso. Bastian podía sentir cómo se encontraba frente a una gran figura, sí, uno de los grandes; y aun así no había ni pizca de sumisión o servilismo alguno que le moviera a seguir su línea.

Incluso le hizo gracia que estuviera riéndose de él. Un comentario amable no podía quedarse en ello cuando pronunciaba las palabras que en esos momentos salían de su boca. Ese afán por llegar a sus motivaciones y sacarle información. No estaba en una consulta con el psiquiatra, no iba a hablar por los codos. -No estoy de acuerdo, el noventa y nueve por ciento de la población conoce a psicópatas alguna vez en su vida y ni siquiera sabe que lo son.- Respondió tranquilo, devolviéndole la mirada. ¿En qué momento se había vuelto todo en una lucha? No venía a eso, aunque a medida que se adentraban en su conversa estaba más convencido de que sus objetivos se establecerían sobre la marcha. -Conjeturando, claro.- Esbozó su más que característica sonrisa de nuevo. Negó con la cabeza, escuchando las vagas explicaciones que Lodewijk le daba. Nada, no le servía de absolutamente nada; por un momento le pareció un niño que ignora la pregunta y responde eludiéndola a consciencia, sin darse cuenta de que la madre va a saber de sobras el truco. Justo después recordó que ese hombre tenía veinte años más que él, si no más. -No me estoy refiriendo a eso, Lodewijk. Efectivamente, se obtienen resultados.- Quizás había evadido darle una respuesta a su pregunta porque no le interesaba, o porque sabía que no había nada válido que decir al respecto.

Pero él deseaba obtener algo mejor que una frase sacada de libro, tan acartonada y prefabricada en clase de ética que destilaba mentira por todos lados. -Pongamos por caso que tenemos un paciente con X patología mental.- Acompañó sus palabras de gestos con las manos. -A nuestro paciente le sometemos a una serie de intervenciones estresantes que eliminan su patología X.- Cosa que dudaba totalmente, pero ya que Otterloo insistía en ello, no iba a entrar a decirle que no con tanta facilidad. -Pero como consecuencia de las intervenciones, desarrolla una patología Y. Hemos curado X, pero hemos obtenido Y. ¿Qué hacemos luego? ¿Buscamos curar Y? Ahí es donde no veo el punto. - Volvió la mirada a él y esperó en silencio. Debía haber un por qué, por supuesto que lo había, otra cosa es que no quisiera descubrírselo; pero ahí estaba, en la mente de Lodewijk, y Bastian quería saberla, adentrarse en las motivaciones y objetivos de ese hombre, que no alcanzaba a comprender bien.

Estaba bien seguro de que se sentía el dueño del lugar, y por ende dueño de la situación, pero no estaba dispuesto a dejar que extendiera su poder hasta sus pensamientos y sus preguntas. Un psiquiatra es especialmente hábil moldeando la actitud de los demás, mediante sus propias palabras, el paralenguaje, el lenguaje corporal. Era un maestro, pero él ya se sabía los trucos. La cuestión no era desenmascarar la falsedad de ambos, que ya estaba más que supuesta, sino llegar a algo de verdad sobre el otro. Lodewijk jugaba bien, de ser un alumno de cuarto año no habría durado ni dos minutos. El clima de confidencia que creaba le hizo sonreír, casi fascinado. Algún día reconocería su habilidad, pero no era el momento de confirmar la batalla que no tenía interés en librar. Le observó volver a la mesa y sentarse, y le siguió, dispuesto a no perder el contacto visual que pudieran establecer. -Son totalmente legítimas, las estoy respondiendo.- Asintió con tranquilidad.- ¿Ayuda? Si quieres tomarlo como eso, adelante. Más bien me gustaría que me dejaras aprender de ti.- Algún punto de sinceridad debía tener si deseaba obtener algo. -Imagino que hasta que llegaste a Harlem no tuviste muchas oportunidades de ser tan contundente como quisiste con tus pacientes.- Inició el parlamento. -Los comités bioéticos y otros profesionales se escandalizan muy pronto. ¿Sabes por qué estoy en el pueblo- Le sonrió, recordando sus tardes en casa, los cientos de experimentos que diseñó esperando encontrar algo que satisfaciera sus expectativas de investigación. Tiempo en el que era un estudiante, ya había pasado algo más de un año desde eso.

-Me estaba doctorando. Aún lo estoy, de hecho.- Rió por lo bajo, irónicamente.
-Mientras bucaba referencias, te encontré. Me resultaste interesante. Pero la universidad no me permitió acceder a información, supuse que no les convenía. - Quizás así Lodewijk lograría saciar un poco su curiosidad. Bastian acababa de darle acceso a algo de él, que tampoco tenía mucho interés en dejar oculto, por supuesto.

Alguien que hablaba, que dejaba ir información -aunque fuera controlada- resultaba alguien más confiable que una persona que, por mantenerse en una situación de poder y control, no soltaba palabra alguna. Habían formas mucho más eficaces de manipular que esa. -No, está bien, el interés es mutuo. La curiosidad es indispensable para el avance- Le dio la razón con un gesto. Por un momento le pareció que empezaba a estar impaciente por respuestas, por esa sensación que sus palabras le dieron; que él estaba allí porque Bastian lo había pedido, y lo de menos era empezar a ser claro. Parecía tan sereno mientras hablaba de sus pacientes, incluso si las cosas no habían ido bien.

ooc Dios mío, no me mates, he escrito una biblia o_o
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Re: Jaque mate al bolo (Lodewijk)

Mensaje por Lodewijk T. van Otterloo el Dom Abr 14, 2013 11:00 pm

Sin duda le resultaba interesante escuchar a Bastian, pese a su propia tiranía, Lodewijk no era un sujeto tan obtuso como para descartar opiniones ajenas por el simple hecho de que éstas no coincidieran con su retorcida visión de la realidad, es más, apreciaba cuando venía gente con los pies bien plantados sobre la tierra a hablarle de cualquier cosa; era como un agorafóbico encerrado en sus propios pensamientos y esa gente venía con noticias del exterior, le recordaban cómo era allá afuera. «Un agorafóbico», vaya metáfora, pues había sido un chiquillo con ese mal el que había marcado una serie de sucesos que finalmente desembocaron en su “retiro” a Harlem. Entrelazó los dedos y colocó los codos sobre el escritorio, con los dos dedos índices levantados, recargó el rostro sin dejar de observar al más joven, en su rostro no podía leerse expresión alguna, por lo que resultaba realmente complicado adivinar qué cruzaba por su cabeza… como la mayoría del tiempo, era una habilidad que había desarrollado con los años, el desapego emocional como arma y no como debilidad.

-Pero tú no eres parte de ese noventa y nueve por ciento –finalmente habló y aunque su semblante no cambió demasiado, en su voz denotó cierta molestia, era como si le estuviera diciendo “por favor, no me decepciones”, quizá por la constante desesperación de toparse con un idiota tras otro, y que por una vez no fuese de ese modo representaba la orilla de la playa tras el naufragio, mismo que él había maquinado años atrás, autor de su propia desgracia, y peor, consciente de ello. Pero antes de poder continuar, Drechsler lo volvía a poner en una situación difícil, lejos de enojarse, todo aquello parecía divertirle de sobremanera, no cambió su posición original, con aquella mirada de ojos azules que parece querer escrutarlo todo sin despegarse de la figura frente a él. Responder a cuestiones como las que le acababa de ser formuladas era un arma de doble filo, porque Lodewijk nunca había buscado curar a nadie, haberlo conseguido en el pasado representaba sólo un daño colateral a su labor. Su cruzada era descifrar la mente humana sin importarle si tenía que abrir un cráneo para verla con sus propios ojos, sin importar nada, sólo eso, entender qué motivaba a las personas (a veces incluso se podía decir que de ese modo, tenía el poder de destruirlas). La vida humana le parecía más bien un desperdicio, pero quería entender por qué. El porqué de todo, era un tipo que se hacía preguntas y no descansaba hasta obtener respuestas. ¿Pero qué iba a responderle? ¿Eso? En primer lugar nunca hablaba tan claro sobre qué lo movía, y en segundo lugar, no le parecía relevante bajo esa situación. Y aunque pensó y sopesó todo aquello, su faz se mostró tan impasible como hasta entonces.

Finalmente decidió no responder, no de inmediato al menos, pues luego vendría de manera natural una forma de decirle veladamente en realidad qué pensaba sobre “curar a las personas” y sus métodos. Se puso de pie con parsimonia y rodeó el escritorio de nuevo, deslizando la yema de los dedos por la superficie barnizada del mueble y se detuvo abruptamente para mirar a Bastian con una ceja levantada.

-Ah –finalmente dijo como un rezago de una risa jamás ejecutada y asintió –ya veo, y dime, ¿tú qué crees? No pido tu opinión profesional, sino la personal, ¿por qué crees que no les convenía? –entonces su voz cambió radicalmente, así como su semblante, lució en un santiamén más relajado y más suave incluso. Complacido podría decirse, complacido por el hecho de que su fama lo precediera, cualquier otro podría estar asustado de que sus crímenes (porque eso eran en esencia) fuesen descubiertos, pero no Lodewijk, quien parecía bastante orgulloso de todo lo cometido.


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Re: Jaque mate al bolo (Lodewijk)

Mensaje por Bastian Drechsler el Miér Abr 24, 2013 11:01 am

Estiró los brazos encima de la mesa e hizo una bola con una hoja cualquiera que encontró en la superficie, girándola en la mano derecha con tranquilidad. Miró a Lodewijk, sonriente; su sonrisa era de entretenimiento, no le preocupaba evidenciar que la impasibilidad del psiquiatra era cuanto menos algo entretenido. Incluso si no le permitía saber nada acerca de sus pensamientos y sentimientos, sí podía saber que los estaba ocultando a propósito, y eso le resultaba incluso más interesante que lo primero. Tanto secretismo inútil. ¿No era más creíble, y pasaba menos desapercibido, el no mostrar el verdadero yo aun hacer muestras de sentimientos, como un humano normal y corriente? No, al parecer, para Lodewijk. Bastian encontraba en eso una gran prueba de lo distintos que eran; y al menos en ese pequeño punto, prefería no asemejarse a él con el tiempo.

-Claro que no.- Ensanchó su sonrisa.- Sólo estaba apuntando a esa posibilidad. Podría estar interesado en la psicopatía no porque la haya visto, sino porque simplemente me interesa.- Se encogió de hombros.- Como el cualquiera que estudia el holocausto por gusto, pese a no haber estado nunca en un campo de concentración.- Asintió ante sus propias palabras, casi complacido por ese leve y fugaz gesto de Lodewijk. Esperó pacientemente, sabiendo que pocas respuestas obtendría, porque en realidad no existía explicación alguna al modelo que ese psiquiatra planteaba. Ninguno de los dos era estúpido, ni él para justificar lo injustificable, ni Bastian como para no saberlo de antemano. Y siguió esperando, sintiéndose soberbiamente decepcionado, devolviéndole la mirada como si quisiera decirle que no pasaba nada, que le comprendía, que pese a su silencio había captado la respuesta. Era curioso, y fascinante, cómo la omisión de una respuesta constituía la más clara de ellas. Rió ligeramente, apenas un segundo, más como resoplido de aquel que se divierte que una risa sincera. -Bonitos ojos.- Comentó, aguantando a la perfección las ganas de carcajearse. Iris azules, por Alemania se veían bastante, y por alguna razón los asociaba a la mentira. Era un rasgo que no había heredado de su padre, ni de su abuelo; y que lo dejaba un paso aparte de ese aspecto ario que tenían y habían venerado sus antepasados. Resultaba casi un orgullo para él el tener unos ojos comunes, que se camuflaban en el gentío y le permitían destacar sólo cuando él mismo lo decidía. ¿Cuánta gente se habría perdido en la mirada de Lodewijk? ¿Cuántas mujeres lo habrían hecho, no sólo ahora, sino cuando era un joven -suponía- apuesto? A cuántos se habría llevado a su terreno sólo con ella. Otterloo era un misterio incluso en aspectos tan aparentemente banales como ese. Y Bastian estaba decidido a averiguar cosas de él, aunque fuera sólo por su entretenimiento.

Giró la silla, acompañando el movimiento de Lodewijk alrededor de la mesa hasta que volvieron a encontrarse. Le sonrió, sintiéndose triunfal por esa expresión que le ofrecía en la cara. Rió internamente, ahora se suponía que debía ser personal. Su pequeña victoria comportaba un precio, que por el momento no era en absoluto alto. Había ganado algo de terreno, y no deseaba perderlo con un parafraseo estúpido. Le veía contento, satisfecho con el conocimiento de Bastian acerca de él. Desde luego, haberle encontrado había sido una suerte, y mencionarlo como interés en su formación una buena idea. -Tú podrías explicarme por qué mucho mejor que yo, Lodewijk.- Empezó, con semblante franco, interesado.-Yo pensé que temían que alguno de sus alumnos quisiera tomar tu camino como una enseñanza.- Elevó las cejas un segundo y se encogió de hombros, apoyando la mejilla en su mano, con el índice extendido acariciando su piel.
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Re: Jaque mate al bolo (Lodewijk)

Mensaje por Lodewijk T. van Otterloo el Miér Mayo 01, 2013 7:50 pm

Aunque eso podía ser catalogado de una batalla, y de algún modo lo era, una pelea de voluntades y, por qué no, de egos, Lodewijk, lejos de considerar un enemigo a Bastian, lo veía más como un aliado, no un aliado que le ayudará a sortear más campañas, porque era un guerrero solitario, pero sí un aliado que te facilita ciertas cosas en terrenos desconocidos, un intérprete, un mercenario, un constructor. Rio solamente ante el comentario de sus ojos, no sabía a dónde quería llegar el otro, la mayoría del tiempo, le disgustaba no saber qué iba a suceder en un encuentro, le molestaba no tener el control de la situación y sobre todo, no subyugar al adversario, pero lo dicho, Bastian no era un adversario, luchaban desde el mismo frente cuando así les convenía a ambos, o así lo veía e neerlandés por ahora. Si bien era el más joven el que tenía más que aprender del otro, Lodewijk no se cerraba a la posibilidad de adquirir ciertos conocimientos de su interlocutor. Era un hombre que exprimía a las personas, les sacaba el provecho que pudiera encontrarles, para mal o para bien, ¿para bien? Eso no existía.

Si era sincero, se estaba divirtiendo bastante, y Bastian, en su modo de ser más… expresivo, denotaba lo mismo, así que por ahora era un gana-gana para los dos, aunque si se distraía ante el entretenimiento, podía tropezar; Lodewijk era cuidadoso de esas cosas como era cuidadoso de todo aspecto de su vida (podía notarse desde su forma de moverse, su forma impoluta de vestir, hasta su forma medida de hablar, casi como si las palabras fuesen costosas y por eso las utilizara con cierta economía), así que debía andar con cuidado ahí, esa tarde, con tan prominente joven.

-La vieja carta de responder una pregunta con otra no funciona conmigo –sentenció finalmente y alzó el mentón sin moverse de la posición que había adoptado desde que se había puesto de pie –pero, esto realmente me parece interesante –si mentía en ese punto o no, era un misterio, porque Lodewijk decía tantas mentiras con tal aplomo que era complicado identificarlas, si no es que imposible –así que responderé lo que creo –y miró una esquina que los muros del lugar formaban con el techo –mis métodos siempre fueron tachados de demasiado extremos, lo cierto es que, daba resultados, a diferencia de mis colegas –y esa última palabra la dijo tan despectivamente que sonó al más horrible de los insultos –así como me criticaron, me alabaron, porque la doble moral parece demasiado común hoy en día, me aplaudían cuando se lograba un avance gracias a mí, y detrás se horrorizaban por lo que hacía –negó con la cabeza –nunca lo entendí –y era obvio que nunca le interesó entenderlo; de no ser porque en el pasado ya había demostrado ser capaz de querer (a su abuela solamente) y por el hecho de que le gustaran los animales, sobre todo los perros, como Rivier su husky, uno de verdad pensaría que el hombre era un psicópata, tenía rasgos, eso no se podía negar, pero no lo era y no sabía si sentirse tranquilo o incómodo con ese hecho-. Lo has puesto en las palabras correctas, al parecer, y esto es nuevo para mí, debo confesar, temen que alguien siga mis pasos –terminó mirándolo con ambas cejas levantadas –te he dicho lo que yo creo, ¿pero qué crees tú? ¿Puedo saber de qué trata tu tesis como para que hubieses llegado a mi trabajo? –eso sí era relevante –porque aunque no esté de acuerdo con satanizar mi trabajo, también sé que… no es precisamente sencillo de entender –quería decir, que comprendía que podía resultar realmente perturbador leer que un tipo como él, en pleno siglo XXI, llevara a cabo experimentos como los que llegó a hacer, y sobre todo, en seres humanos, privilegiando la vida animal; prácticas dignas de Mengele, quizá una de las poquísimas personas a las que Lodewijk admiraba.


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