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Hell bound | Lod

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Hell bound | Lod

Mensaje por Invitado el Jue Mar 21, 2013 4:56 pm

El sonido de sus pisadas resonó majestuoso en aquel silencio. Con un eco ínfimo que apenas era audible. Las manos escondidas dentro de los bolsillos, el cabello que se agitaba por una suave brisa fría, y la resolución de mil demonios envueltos en una sola mirada: la de ella. Ilse era portadora de una cualidad algo extraña. La de poder hacer que la gente la observase tanto con curiosidad como con temor. Las preguntas se formulaban en las cabezas ajenas, pero jamás eran despedidas de los labios por miedo a que pudieran sentarle mal a la mujer. Por miedo a despertar el monstruo que habitaba rozando la superficie, y que en esos momentos, dormía plácidamente. El camino hacia la cantina estaba desolado, posiblemente por tratarse de horas en la noche en que los demás se dejaban llevar por las manos de Morfeo. Ilse nunca pudo conciliar bien el sueño, y prefiriendo escapar de las pesadillas que usualmente su subconsciente preparaba para ella, se dejó llevar por impulso hasta ese lugar.

Abrió la puerta con sutileza, haciéndose paso en la cantina. Caras que le resultaron conocidas elevaron la mirada al verla entrar. Borrachos de siempre, y algún otro desvelado que usaba la noche como refugio. Apenas si les prestó atención, sentándose con gloriosa elegancia en una de las mesas. El muchacho que atendía conocía su pedido de siempre, y no necesitó ni una sola señal para que, en menos de dos minutos, una gran jarra de cerveza tomara lugar sobre la madera. Demostrando una sonrisa torcida, de un oscuro agradecimiento, la mujer bebió el alcohol con cuidado, con la misma metodología que usaría una persona que solía beber demasiado, y decidió serenarse un poco. Con cierto respeto hacia los efectos de la bebida, pero siempre disfrutando ese gustillo amargo en la boca. Sacó un cuadernillo de su morral, y comenzó a garabatearlo, entre aburrida y somnolienta. Pronto las hojas se rellenaron de dibujitos sin sentido, y palabras que completaban oraciones de su mente. El tiempo parecía tanto volar, como detenerse cuando comenzaba a hacer esas cosas, y no supo exactamente cuanto tiempo pasó hasta que elevó la vista para encontrarse con un hombre que entraba al lugar. Oh, los demonios bailotearon con entusiasmo en su interior al ver a Lodewijk con ese porte tan particular, y de alguna manera escalofriante. ¿Había notado acaso la presencia de la femenina? Esperó que si, pues eso haría que su aburrimiento se esfumase con rapidez.
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Re: Hell bound | Lod

Mensaje por Lodewijk T. van Otterloo el Lun Mar 25, 2013 10:52 pm

La consciencia de Lodewijk estaba tranquila, lo había estado por años, pero no se podía decir que no tuviera mácula alguna, al contrario, era un lienzo empapado de sangre ajena, derramada por gusto y por vicio a manos del verdugo rubio platinado, eso, desde luego, no le arrebataba el sueño, pero había noches, noches sin luna incluso fuera de Harlem, que Morfeo parecía negarle por diversión el placer de dormir. Así era, o quizá se trataba de la náusea amarga que trepaba por su garganta amenazando su brillante mente, la enfermedad que acabó con su abuela y con su madre, latente en él siempre, sobrevolándolo como buitre a la carroña. Lo que hubiese sido, esa noche le impidió conciliar el sueño, el neerlandés era consciente de su edad y limitantes, procuraba ir a la cama a una hora decente todos los días, pero ese día se quedó más tarde leyendo y luego, cuando quiso ir a dormir, prefirió salir, no era un hombre impulsivo, así que aquello había sido una rareza en la uniformidad de su existencia.

El alcohol nunca había sido una de sus aficiones, pero esto no significaba que no lo tomara en medida, sus pasos lo condujeron a la cantina de Harlem, un sitio feucho pero con cierto encanto decadente, o al menos así lo veía él, que en su retorcida visión del mundo, lograba dotar de atributos más que extraños. Ahí estaba él, con ese andar y esos modales que lo hacían lucir proveniente de otra época, siempre contenido, siempre elegante incluso rodeado de un deterioro como aquel. Era raro verlo por ahí, así que más de una mirada se dirigió a su inmaculada figura, era tarde, pero él seguía tan impoluto como en la mañana en la que había asistido a laborar en el Psiquiátrico. Él mismo dedicó una mirada plagada de desdén al lugar, una parte de él se comenzaba a arrepentir de haber ido, dio un paso hacia atrás para marcharse pero antes de poderse girar, entre los parroquianos ebrios, vio una figura conocida, pero siempre misteriosa; sonrió de lado y avanzó con largas zancadas. Ilse, en el jodido nombre llevaba la condena, maldita bruja.

Antes de llegar, hizo una leve reverencia con la cabeza a modo de saludo, se habían visto antes, pero no se podía decir que se conocían; ambos fungían como vigilantes en el pueblo, así que sería raro que sus caminos no se hubiesen cruzado antes, pero lo curioso aquí era que, como el oriundo de Ámsterdam, esa mujer hacía su labor con una saña particular, una saña, que, no iba mentirse Lodewijk, le agradaba, ambos lo disfrutaban, aunque el psiquiatra estuvo seguro, los motivos eran distintos.

-Señorita Zimmerman –su voz parecía siempre adornada, siempre cargada de una amabilidad que llegaba a rozar el absurdo-, ¿pero qué hace usted a esta hora en un sitio como este? –preguntó tomando asiento a su lado, su pregunta había sido formulada como si en verdad diera un carajo por ella, una magnífica actuación cortesía de un histrión consumado, la más vil de las hipocresías, porque Lodewijk era el más vil de los hipócritas.


Última edición por Lodewijk T. van Otterloo el Miér Abr 03, 2013 10:22 pm, editado 1 vez


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Re: Hell bound | Lod

Mensaje por Invitado el Jue Mar 28, 2013 7:46 pm

Respondiendo con el mismo gesto de saludo cortes, la mujer le hizo una seña con el brazo para que tomase asiento frente a ella. Aquel caballero le resultaba siempre curioso y agradable. Había algo en él que llamaba su atención, una oscuridad latente que otros confundían con misterio. Si, lo tenía, pero había algo más. Quizás un monstruo que se removía en su interior de la misma forma que lo hacía dentro de Ilse. Cerró su cuadernillo repleto de figuritas sin sentido, y dejó descansar sus brazos sobre la mesa. –Los sitios como este me ayudan cuando no puedo conciliar el sueño – Contestó, encogiéndose de hombros. Sus ojos rápidos y letales, se posaron en él de manera curiosa, y al mismo tiempo, cauta. Examinando cada pequeño movimiento, cada detalle, por más nimio que pudiera ser. Una pequeña manía suya, que a pesar del paso del tiempo, aún no había logrado erradicar.

Volvió sobre su jarra de cerveza, dejando que el líquido corriese por su garganta, refrenando una sed que venía más de la necesidad de beber por deporte que por algo físico, y entonando en una voz que algunos podía sonarle a condena, más parecía una canción extraña y nueva recitó - ¿Qué me dice de usted? Sinceramente no me lo imaginaba rondando estos lares – Su figura impoluta distaba mucho de la de una cantina de mala muerte. Mientras que ella se fundía entre la decadencia de aquel lugar, él resaltaba por su porte elegante. Recordó uno de los motivos por los cuales el hombre le llamaba tanto la atención. Los rumores de su temperamento y sus maneras de llevar a cabo su función de vigilante eran cosas que uno siempre escuchaba, y ¿Cómo hacer oídos sordos de tan intrigantes formas de obrar?

Se acomodó mejor sobre su asiento, descubriendo como algunas personas les dedicaban miradas chismosas. Que temieran, pues se habían juntado dos seres con los que uno no debía jugar, dos seres que tenían en su haber más de un estrago realizado. ¿Y sus mentes? Tranquilas. Al menos la de la mujer permanecía estoica e impenetrable, pues sobre remordimientos sabía poco. ¿Cómo diferenciar el mal del bien cuando no se conocían esos límites? Alguien cuerdo habría catalogado su pasado y sus formas como aberrantes, mientras que Ilse lo sentía tan natural como respirar. –He escuchado muchas cosas de usted, ¿Sabe? Las malas lenguas no se cansan de hablar de sus métodos. Cuénteme, si es que no me estoy sobrepasando ¿Qué tanto de lo que dicen es verdad?
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Re: Hell bound | Lod

Mensaje por Lodewijk T. van Otterloo el Miér Abr 03, 2013 11:24 pm

Había algo en ella que le gritaba que se anduviera con cuidado, pero algo más poderoso aún que le impedía alejarse, apartar su mirada si quiera, como el curioso no puede hacerlo ante el morbo de una escena de asesinato. La como la locura que viene danzando, girando y trata de llevárselo, pero Lodewijk, conocedor de la demencia como era, no se dejaba y sólo acompañaba a esa parca en su macabro vals. Y como una pieza, había mucho de precisión en cada movimiento, no podía fiarse de alguien que, como él, estaba ahí por voluntad propia.

-Lo mismo –respondió y su posición fue más relajada, no es que estuvieran en una competición, pero para el psiquiatra todo el un maldito juego de estrategia, por eso cuidaba sus movimientos y sus palabras –el insomnio se ha posado en la cabecera de mi cama, decidí dar un paseo y… heme aquí, mis pasos me trajeron a este sitio –la llana erdad, porque esta verdad carecía de importancia y qué más daba decirla o no; hizo un ademán con la mano, suave y elegante, como una voluta de humo que asciende para enfatizar lo intrascendente de sus motivaciones-. Sin embargo tiene razón –sonrió, sonrió con una falsedad tan creíble que nadie imaginaba que cada sonrisa que Lodewijk había esbozado alguna vez durante su vida adulta, todas eran una farsa –no es un lugar que frecuente, pero evidentemente lo desconocido no es algo que me aterre –estaba en Harlem, ¿no? Se necesitaban agallas para eso, o ser muy idiota, pero él caía en la primera categoría.

Luego echó un vistazo, sí, uno más al sitio, puros ebrios, ella también tenía valor para estar ahí, sola rodeada de tal escoria humana, pero ese no era su asunto, una simple observación y volvió a clavar sus orbes cerúleas en ella cuando habló y simplemente rio, una risa discreta y breve, medida y casi mecánica, aunque su raíz fue un sitio raro, ahí donde yacía la poca sinceridad que quedaba en él para demostrar al mundo y simplemente negó con la cabeza.

-Créame, no sé qué se dice de mí –ya se le hacía raro que su fama no empezara a invadir el pueblo como tinta negra en un vaso de agua –pero estoy seguro que se quedan cortos –y su gesto afable desapareció, cambió a uno más serio, más sombrío, la miro de frente con la boca cerrada, era una delgada línea cruzando su rostro nada más, esperando por una reacción. No esperaba que ella, con la fama que también tenía, saliera huyendo y quizá era por eso que lo había dicho tan claro, porque le interesaba ver cómo alguien tan… peculiar –a falta de otra palabra- como Ilse reaccionaba. Alzó ligeramente el mentón pero no presionó, si ella pedía detalles, detalles le daría.

Tenía la sensación de que estaba con un semejante al menos en esencia, y esa era una sensación que no muy a menudo experimentaba.


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