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✗ we can make you understand; Maya

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✗ we can make you understand; Maya

Mensaje por Irene Brauner el Dom Mar 31, 2013 7:38 pm

Luego vuelvo a casa, iré a caminar.

En el gran tumulto de gente que salía después de la misa dominical, Irene hace una promesa. Su madre apenas le hace caso, ya que se encuentra ocupada en controlar en que sus dos retoños no escapen de su vista. Obviamente que Irene se fuera o no, no era precisamente relevante. La despidió apenas, atrapada entre las conversaciones que fluían entre sus conocidas que venían a rodearle. Irene le vio ahogarse, la vio hasta antes de doblar por una calle, alejándose entonces de la plaza y del bullicio que empezaba a armarse.

Todos los domingos eran lo mismo.

Apretó el rosario que llevaba en el bolsillo del abrigo, esta vez no había sentido esa sensación de que lo que estaba haciendo. Era bastante difícil de señalar, pero en ocasiones, cuando se arrodillaba y bajaba la mirada ante el señor, su mente divagaba. Era estar ahí, pero a la vez no. Sus labios podían susurrar rezos intensos y plegarias desde el fondo de su corazón, pero Irene sentía las palabras escaparsele. Se daba cuenta que estaba ahí, entre todos los pueblerinos. Todos en unísono ante el padre y ante el altísimo. Seguía con la mirada clavada en el suelo, pero no creía que fuera suficiente. Entonces comprendía que ya no lograba concentrarse en su mensaje hacia el señor, no le molestaba ni le causaba pena. Insatisfacción era la palabra correcta. Recordaba cuando de pequeña era un momento en el cual se olvidaba de todo lo que le rodeaba. Ahora estaba en una posición en la cual se ponía a discutir con ella misma sobre el sentido de sus rezos. También sentía vergüenza, ¿acaso no era pecado, lo que pensaba y lo hacía? ¿O lo que no? Jamás se le hubiera ocurrido comentárselo con su madre, probablemente le mataría con la mirada por dejar la posibilidad que se estaba perdiendo entre lo que consideraba realmente cierto en su fe. La fe no se cuestiona, la fe es.

A ella no le bastaba. Al menos ahora no.

En un lugar como Harlem, aquello se consideraba blasfemia. Irene pensaba que tal vez era peligrosa pensando de esa forma, no podía controlarlo. ¿Le estaba tentando alguna clase de fuerza oscura? La verdad incomodaba, porque el silencio llegaba a callar cualquier sentimiento de duda. Dios entraba en ti, te cuidaba y te protegía. Su madre repitiendo los rezos, mientras su hermano ardía en fiebre, fue la primera imagen que vino a su mente. Su madre estaba completamente convincente que la única salvación posible era el camino de la fe y de la tenacidad de luchar con tus demonios internos. No era una mala mujer; sin embargo, sus palabras a veces le daban miedo. Entre ellos, su madre adoraba a su padre. A solas parecía completamente ungida en la palabra del señor.

Si bien sabía que no podía alejarse por mucho tiempo (debía volver para la hora del almuerzo), Irene quería respirar un poco de aire. Algunas de las calles todavía se encontraban vacías, puesto que todos seguían reunidos en la plaza. Comentando pasajes de la biblia y regocijándose ante un día más de existencia (lo cual era bastante falso, por el reflejo de sus ánimos). Los únicos que parecían encontrarse en las calles eran los otros, como ella solía referirse a los exiliados. Aunque solo eran sombras que no se cruzaban en su camino, con los pasos perdidos y el andar casi fugaz, podía notarlos. No es como si la mayoría fuera a la misa como todos los demás. No eran tan bienvenidos. De pronto se detuvo sin decidir de caminar e internarse entre las angostas calles o volver de vuelta, no había nadie conocido. Al menos ahora. Se ajustó el abrigo y volvió a acariciar el rosario. Escuchó un andar conocido tras suyo, pero no sabía si era su imaginación jugándole una mala pasada.


I NEVER PROMISED YOU AN OPEN HEART
You fool me again to quiet my pride... but I'm a human





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Irene Brauner


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