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No hay estrellas en este cielo [ Lodewijk ]

Mensaje por Cecily Jenkins el Vie Mayo 03, 2013 9:46 pm

Había un lugar en el que todavía parecía que todo tenía sentido, que por más terrible que fuera la situación, todo tenía una solución, que tal vez el hecho de estar encerrada en ese pueblo era una pesadilla, que en cualquier momento abriría los ojos sobresaltada, saltaría de la cama y vería a mi hermana durmiendo tranquila en la cama contigua. Había un lugar, en medio de todo ese mundo gris, que todavía me daba la sensación de libertad. Corriendo por las azoteas de la ciudad, como si un día, saltando del borde de una de ellas me crecieran alas de pronto y pudiera escapar volando. Sentía el viento golpearme la cara, el viento frío que cortaba como trozos de cristal volando, queriendo destrozarme. Pero no tenían que esforzarse tanto, yo ya estaba destrozada. Tan sólo era un cuerpo sin propósito, una coraza a un interior tan hecho pedazos que era imposible reconstruir.

Cada mañana abría los ojos sintiéndome traicionada por la realidad, engañada por un sueño en el que nada de esto había pasado, decepcionada por haber sobrevivido otro día más. Y haciendo un esfuerzo sobrehumano me vestía, me arreglaba y trepaba por la pared exterior del ático donde dormía hasta la azotea. Ahí el aire estaba limpio, era como si estando físicamente por encima de todos, también lo estuviera espiritualmente. Mentiras, un montón de mentiras. Pero eran mentiras que me servían para no tirarme en el suelo y dejar que hicieran con mi cuerpo lo que quisieran.

Miraba hasta donde llegaban mis ojos, hacia un mundo exterior en donde no estaba permitido ir y luego miraba hacia el lugar donde tenía que ir. El edificio gris que se levantaba a lo lejos y en donde encerraban a todo aquel que se volvía medianamente loco. ¿Y cómo no volverse loco?, ¿Cómo no perder la certeza de lo que sucedía en realidad y lo que no sucedía?, ¿Cómo no aferrarse a la única idea que te hacía seguir poniendo un pie delante del otro?: La idea de que todo esto era una pesadilla. Comenzaba a correr, sintiendo el viento golpearma aún más violentamente que antes, poniendo un pie delante del otro, saltando cajas vacías, esquivando charcos, manteniendo la vista al frente sin molestarme en mirar por dónde iba. Al fin y al cabo, ¿Qué era lo peor que podía pasar?, ¿Caerme y morir? Bienvenida sea la muerte si sólo eso me saca de aquí.

El tiempo se hacía corto mientras corría por las azoteas, en un abrir y cerrar de ojos ya estaba yo en el último edificio antes de tener que bajar de las alturas y enfrentarme a lo gris de mi situación. Una mano aquí, un pie allá, un salto y estaba frente a la puerta de la que era mi prisión dentro de la prisión. Donde todos los días intentaba a punta de restregar, barrer, fregar, limpiar, quitarle la capa de gris que lo cubría todo, tal vez en algún punto podría ver algún otro color.

Siempre la misma rutina, pasar por las puertas, por la rutina de revisión, llegar al armario de los suplementos y comenzar a hacer mi trabajo, limpiando el polvo por aquí, fregando algo por allá, restregando los pisos para quitar el olor a encerrado, a muerte, a locura que se impregnaba por todos lados como un virus que te hacía enfermar. Y caminaba hacia el pasillo donde estaban las oficinas, donde los doctores hablaban de cosas importantes como qué nueva estrategia podían implementar para hacernos sufrir más de lo que ya sufríamos. Y no les importaba que entrara, para ellos era una sombra que no hablaba, que no miraba, que sólo pasaba un rato para hacer algún trabajo pero aun así tenía que hacer como si me importara haberlos interrumpido. Susurrar un "lo siento, regreso después" antes de que con una seña me dejaran entrar a limpiar, antes de que mi espina dorsal sufriera un escalofrío y se me tensaran los músculos queriendo echar a correr y no detenerme hasta acabarme las fuerzas.

Pero esa oficina estaba vacía. Y la chimenea estaba prendida. Sólo un par de segundos para calentarme y ya. ¿Quién podía enterarse?
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Re: No hay estrellas en este cielo [ Lodewijk ]

Mensaje por Lodewijk T. van Otterloo el Dom Mayo 12, 2013 10:14 pm

Los inviernos en Harlem era especialmente crudos, hace un par de días se había jactado ante el padre Iván que estaba acostumbrado al frío, en Ámsterdam no era raro que nevara incluso entrada la primavera, pero comenzaba a creer que había cantado victoria muy pronto, que ahí, en ese pueblo todo se recrudecía como si algo sobrenatural lo envolviera. Pensaba en eso mientras observaba las llamas de la chimenea en su oficina y escuchaba el crepitar del fuego, embebido en un pretérito distinto, aunque no mejor. Ahí en ese lugar se sentía completamente él y eso era tan raro que parecía no importarle tener que aguantar las heladas mañanas, como esa, golpearle la espalda; ya no era un joven y lo sabía muy bien, ya no tenía la resistencia que alguna vez tuvo, pero prefería las bajas temperaturas a un calor insoportable, quizá por ello jamás dejaría esa zona de Europa, e incluso podría considerar ir más al norte, al nevado norte vikingo, algún día, cuando su misión ahí terminara, cualquiera que ésta fuera.

Entonces se puso de pie, decidió que era hora de dar el primer recorrido matutino, ver que todo estuviera bien. Tenía otros colegas pero su manía por tener todo bajo control lo obligaba a verificar con propios ojos que todo fuese viento en popa, aunque en este caso, eso significara que los enfermos estuvieran recluidos y los enfermeros sometiéndolos. Así pues, con paso lento y austero salió de la oficina, dejando el fuego encendido y aunque jaló la puerta a su paso, la puerta no se alcanzó a cerrar bien y a los pocos minutos se abrió.

Los pasillos, para cualquier otra persona, lucían como un verdadero pasaje al inframundo, sumado a eso estaba la sinfonía de llantos y quejidos de los enfermos, como almas en pena quemándose por los fuegos de infierno. Sin embargo, Lodewijk evidentemente no era cualquiera, no cuando al hospital psiquiátrico se refería. Ahí era un pez en su océano, y no sólo un pez, un tiburón, reinando sobre todo aquello, probablemente era el único sitio donde se sentía cómodo, ahí, con la posibilidad de destruir una vida y no sufrir consecuencias.

Todo parecía estar bien, las cosas estaba funcionando como a él le gustaban, como un reloj bien engrasado, odiaba el desorden y era capaz de encontrar orden incluso en aquel caos de enfermedades mentales y el orden, eso era lo más preciado para un tipo tan obsesivo como él. Tras recorrer pasillos y salas, regresó sobre sus pasos hasta su oficina. Vio la puerta abierta pero no creyó que aquello fuese indicio de algo, estaba equivocado, antes de ingresar vio una pequeña figura pelirroja frente a su chimenea, arqueó una ceja, a primera vista lucía como un jovencito, entornó la mirada, no, ya lo había visto antes, ya había visto a esa persona antes, era una chica y se encargaba de algunas labores dentro del hospital. Entró y carraspeó para hacerse notar.

-¿Puedo servirle en algo? –siempre con aquella educación bien medida, controlada y que sonaba tan sincera que no imaginabas que tan solo se trataba de una magistral actuación.


I was in the darkness, so darkness I became
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